sábado, 13 de septiembre de 2008

¿Dónde están los intelectuales incómodos?

Edgar Borges

Desde España, el escritor venezolano Edgar Borges, destaca el silencio que sacude al sector intelectual tanto de Europa como de América ante la canallesca forma de ejercer la política contra los inmigrantes y los colectivos gitanos. Para el narrador venezolano son muchas las preguntas pendientes. Sin embargo, ante el esperado silencio de los creadores consagrados, Borges le lanza la pregunta a los artistas ajenos a los intereses del sistema, a ellos, dirige sus interrogantes y el urgente compromiso de responder con acciones concretas.

Según Voltaire, ni los filósofos ni los pobres tienen Patria. Con el permiso de los filósofos, y sobre todo de los pobres, tengo demasiadas interrogantes sobre el enorme silencio que sacude al mundo, tanto europeo como americano, ante la creciente tendencia antihumana que en Europa están imponiendo políticos de la talla de Berlusconi. ¿Qué dice el sector intelectual de la indiferencia que mostraron muchos italianos ante los cadáveres de las dos niñas gitanas que yacían en una playa mientras ellos se divertían de lo lindo, bañándose o conversando por el móvil? ¿Qué dicen los creadores del mundo ante la forma cómo la directiva europea pretende criminalizar a los inmigrantes y sembrar odio entre la población? Mucho me gustaría saber qué piensan hombres como Gabriel García Márquez, Rubén Blades, o quizá Joan Manuel Serrat. ¿Qué ocurre? ¿Ya no hay más nada que cuestionar en el mundo? ¿Es que después de tanta crítica siempre viene el silencio? ¿Más pudo el egoísmo de unos pocos que la urgente necesidad de transformar el planeta? ¿Les agotó la lucha de los años 60? Pero, voy más allá, por encima de las opiniones de los consagrados, desearía saber ¿qué piensan los creadores que no tienen intereses que defender sobre esta nueva forma de concebir a Europa y al planeta? ¿Qué posición pudieran tomar? ¿Es la creación definitivamente un asunto abstracto, desvinculado del mundo, o seguiremos asumiendo la necesidad de posibilitar nuevas realidades? ¿Es que ya no existen creadores incómodos? ¿Es que el sistema nos compró las ganas de ser incómodos?

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