sábado, 27 de septiembre de 2008

Introducción a la Cultura de Alienación Universal (CAU)


Jon Juanma Illescas Martínez

Por todos es sabido que el capitalismo no sólo es un determinado sistema económico, sino el conjunto de esa misma estructura económica más la superestructura que de la misma se deriva. Esto es, no es solamente un sistema que se caracteriza por el dominio de los individuos con más capital y por la propiedad privada de los medios de producción, distribución y acumulación, sino el conjunto de todo el enjambre judicial, social y cultural que subyace y garantiza su reproducción.

La clase obrera y el género humano se hallan no sólo esclavos de este sistema genocida de acumulación y destrucción, sino también presos de su dictadura jurídica, moral, social y cultural. En este artículo, esbozaré la situación cultural de ultracapitalismo, globocolonización e imperialismo cultural que padecemos y explicaré los medios por los que esta cultura que llamo la CAU (Cultura de Alienación Universal) se introduce en las mentes de las clases populares, paralizándolas y dominándolas para que se comporten parecido (que no igual) a como la oligarquía mundial del capital desea que se comporte. Advertiré al amigo lector que el análisis que efectúo de la CAU puede pecar de un cierto eurocentrismo, no porque yo sea un partidario de esta doctrina chovinista sino porque es la realidad que mejor conozco. Aun así mucho de lo que aquí se dice es en más de un 90% válido para Latinoamérica, América del Norte y Australia debido a que en verdad siguen los mismos patrones genocidas de “desarrollo” capitalista. En menor pero importante medida, la CAU es válida para las naciones árabes, asiáticas (en especial desde que China se apuntó al capitalismo y no hablemos de la India con su Bollywood) Al mismo tiempo, propugnaré construir entre todos una nueva cultura que nos permita cimentar sobre sólidas bases, ese nuevo sistema más avanzado, democrático, igualitario y humano que se llama socialismo.

Situación actual

La concentración inaudita en toda la historia de capital (y por tanto de poder) en muy pocas manos que padecemos actualmente, hace que, a causa del vaciado de contenido que han sufrido conceptos progresistas y humanistas como democracia, libertad, paz, etc., en manos de los títeres de la burguesía (los políticos liberales) éstos estén adulterados cuando no absolutamente invertidos respecto a su significación genuina. Es una tarea de los socialistas revolucionarios renovar el uso de estas palabras para devolverles su significado radicalmente revolucionario. Así mismo, la citada concentración de capital hace que no sean más de 500 familias de ultracapitalistas aproximadamente las que controlen el devenir de nuestro mundo y por tanto también y en última instancia, de nuestras vidas. Respecto al control cultural al que intentan que nos sometamos, no sólo hay que contar la censura informativa que nos inyectan mediante su control de los canales de televisión, las agencias de noticias y las frecuencias de radiodifusión, sino su avanzadilla en la construcción de la Cultura de la Alienación Universal (CAU). La vanguardia de esta cultura de alienación y disociación está actualmente representada por los medios productores culturales que son consumidos por un mayor número de personas como: la televisión, la publicidad, los videojuegos, los videoclips, las revistas, la música, el cine y los libros “best-sellers”, entre otros por citar sólo algunos de los más importantes. Aquí radica su auténtica dominación cultural, en el arte más popular consumido por el grueso de las masas. Puesto que un análisis detallado de cada una de estos medios propagadores de cultura CAU me llevaría a escribir un libro, esbozaré sólo algunos ejemplos de cada medio para ilustrar someramente el proceder de la CAU en las clases trabajadoras.

Si en la Edad Media, la Iglesia y la Aristocracia potenciaban, por ejemplo, la idea de un Dios castigador y riguroso por medio de la figura pictórico-icónica del Pantocrator dentro de las rigurosas iglesias románicas para mantener su poder feudal, ahora son los ultracapitalistas (clase superior de la burguesía), los que mediante un servicio de técnicos mercenarios influyen a la ciudadanía con sus productos culturales de control. Mediante ellos y al igual que en otros períodos históricos, las clases dominantes intentan controlar lo que las clases dominadas piensan y más importante aún, desean. A través de entretenimientos aparentemente ajenos a cualquier ideología, machacan y deforman profundos sentimientos progresistas, humanistas y altruistas inherentes al género humano. Utilizan la televisión como medio para hipnotizar, adulterar y embrutecer a los trabajadores y hacerles creer que la única sociedad posible es la que tienen, y que en todo caso, la única manera de mejorar sus difíciles vidas es por medio de la autopromoción individual (subir en la empresa, ser mi “propio jefe” y montar un pequeño negocio) cuando no la “suerte” (la lotería, los tele-concursos, etc.) La oligarquía capitalista también intenta destruir los lazos de cooperación entre las personas que conforman la clase trabajadora y sustituir sentimientos tales como justicia social, igualdad, fraternidad, amor, compañerismo, empatía, internacionalismo y sustituirlos a su vez por los impulsos que le son convenientes fomentar entre la clase obrera para la actual fase neoliberal de su sistema capitalista: competitividad, egoísmo, envidia, miedo, desconfianza respecto a los de su propia clase, etc.

Sus principales adaptaciones

La dominación cultural debe adaptarse al nivel de sofisticación que “el producto CAU” debe contener para influir/domesticar a los principales grupos a los que va dirigidos dentro de la clase trabajadora. Los principales grupos son los tres siguientes: 

• Clase trabajadora menos cualificada. 

• Clase trabajadora con mayor nivel formativo-cultural y económico. 

• Los jóvenes estudiantes y/o trabajadores dependientes de sus padres. 

Grupos marginales por su poder de actuación a nivel estructural, son los pequeños y medianos empresarios (ya que la mayoría comulgan con facilidad con la cultura CAU) y la población no activa, ya sea por edad (pensionistas) o por enfermedad (discapacitados de mayor o menos grado). Entendiendo que cualquier esquema es reduccionista y tiene un valor orientativo ya que como es evidente, pueden y de hecho existen (afortunadamente) individuos que transcienden por convicciones sus estrechos intereses de clase, ¡y si no que se lo pregunten a Friedrich Engels, empresario y posteriormente co-redactor del Manifiesto Comunista junto con su amigo Karl Marx! Pasaré a analizar los tres grupos principales anteriormente citados:

Clase trabajadora menos cualificada

Con menos estudios y menos herramientas de defensa intelectual, este grupo se compone de obreros poco o medianamente cualificados pero bajo nivel cultural, y de trabajadores autónomos.

En la televisión los agentes CAU fomentarán: programas de “prensa rosa”, reality shows, concursos para enriquecerse, la hipertrofia de la programación deportiva (dividida en transmisiones de los deportes en sí y “prensa rosa de deportes” adscrita a los informativos generales) y sobre todo mucha programación de sucesos en donde se resalte: el asesinato, el robo, las drogas y en definitiva la llamada “inseguridad ciudadana” . La cobertura de estos sucesos siempre será recalcando la maldad de los individuos y nunca, ni por asomo, indagando las causas estructurales de estás desgracias (¿hay acaso mayor “inseguridad ciudadana” que la inseguridad provocada por el Capitalismo con su paro estructural, la precariedad laboral, el cambio climático, la contaminación del aire, los mares y la Tierra y las bolsas de marginación crónica que provoca, por poner sólo un par de ejemplos?). Además, se enfatizarán todas las noticias en que un delincuente salga de la cárcel por reducción de condena y vuelva a delinquir para fomentar una postura reaccionaria entre la población a favor de futuras legislaciones reaccionarias que endurezcan el Código Civil y la reinserción del preso. También se recalcará pertinazmente todas las desgracias naturales habidas y por haber a lo largo y ancho de nuestro planeta. Todo ello, en definitiva para asustar al ciudadano y potenciar en él una actitud favorable a los recortes de libertades por parte del Estado para defenderle de futuribles peligros mayores tales como terrorismo “masivo”, delincuentes “sedientos de sangre”, violadores “de sus hijas”, etc. 

En el cine, por ejemplo, fomentaran la producción de filmes de terror (ya que una parte significativa de este grupo posee ciertas dosis de superstición) para atemorizarla y hacerla desconfiar de sus semejantes, de acción (para inmunizar a los trabajadores ante las imágenes de destrucción de las guerras imperialistas, fomentar la resolución de conflictos mediante la violencia intraclase en lugar del uso de la razón y el diálogo, construir una imagen heroica de la policía y en especial del brazo armado imperialista de estos países capitalistas: el ejército, etc.), de comedias romántico-fútiles (muy provechosas para los agentes de la CAU al colar con la excusa de la narración de una historia de amor una serie de lecciones ideológicas de conductas reprobables, conductas aceptables y conductas deseables para el buen ciudadano/consumidor capitalista).

Clase trabajadora con mayor nivel formativo-cultural y económico
 
Pertenecientes en gran parte a la clase media, aunque no siempre, compuesta por trabajadores cualificados y medianamente bien remunerados, el nivel de sofisticación del lenguaje y las formas aumentará. En el caso del cine, las películas fomentarán la misma ideología reaccionaria pero con unas formas más cuidadas, con un desarrollo no tan previsible del guión y del desenlace. Aquí nos podremos encontrar finales “infelices” al gusto de las paranoias esquizoides de la pequeña burguesía llamada “progresista” que le gusta rebañarse en el vómito inherente de su propia mediocridad vital y ajustar el final de las películas a la justificación de su pasividad político-social. Por ejemplo, los personajes que tienen buenas intenciones en estos largometrajes, que son buenas personas y desean ayudar a las demás, suelen acabar mal, humillados, traicionados, cuando no también muertos y/o asesinados. El mensaje implícito es el siguiente: “si es que no se puede ser bueno, no te puedes dejar llevar por los sentimientos, porque si lo haces los demás te destruirán”. De esta manera, disfrutan de cualquier guión reaccionario e inmovilista aderezado por ingeniosos fuegos de artificio y supuesta innovación que les hacen sentir superiores a la masa a la vez que encuentran la “justa” y “madura” justificación a su inmovilismo político-social crónico. Es una forma para solventar cualquier debate interno que pudieran tener un individuo de este grupo sobre su papel en un mundo que conocen mejor que el trabajador no cualificado debido a su mayor formación intelectual, pero que gracias a esta propaganda cultural le ayudará a decantarse hacia el no hacer. 

Los jóvenes

Los jóvenes estudiantes (de 16 a 25 años aproximadamente) y/o trabajadores dependientes económicamente de sus padres conforman un grupo de máxima importancia para los ultracapitalistas, para la oligarquía mundial. Ello ocurre porque son un sector de la población que muy bien podría ser uno de los motores de una revolución (como pasó en Mayo del 68), debido a que por un lado tienen la madurez intelectual para criticar la sociedad existente, y por el otro, están receptivos a imaginar y a instruirse con doctrinas que hablen de la construcción de otra bien distinta. Además tienen tiempo para hacerlo y no están atados como “los más mayores” por el sistema mediante hipotecas para pagar pisos, un trabajo del que no pueden marchar para mantener a la familia, etc. 

En este sector de la población son de una importancia clave los videoclips. Su función de control de las conciencias de la juventud de la clase obrera y su mantenimiento en los parámetros de correcto “joven estudiante consumista y alienado del primer mundo” es crucial y ayuda a que miles de jóvenes permanezcan desactivados políticamente en la lucha de clases que se libra día a día en cada rincón del mundo. Por ejemplo, los videos de rap comercial, reggeton, etc., caracterizados por un fomento brutal del papel sexista de la mujer (esclava sexual del chulo de turno), el culto al poder, el dinero (salga de donde salga), los coches caros, etc., se nos dibujan como la máxima propaganda procapitalista que absorben los jóvenes de la clase obrera. Es más, estos videos, dirigidos en los países llamados “desarrollados” o del centro capitalista, hacia los hijos de la población trabajadora inmigrante y de los trabajadores autóctonos que comparten espacios y vidas con ellos, intentan incluso fomentar la imagen atractiva del traficante de drogas (cosa que como explicaré en próximos capítulos también potenciarán determinados videojuegos). Algo muy útil, que funciona muy bien como método de promoción rápida para una juventud obrera con una desesperada situación de falta de oportunidades dignas laborales, y por tanto vitales, y como método para perpetuar el negocio ilegal de la droga en los barrios populares y dividir a la clase trabajadora enfrentándola entre ella. Por otra parte, los videos para la llamada “clase media” enaltecen sentimientos (absolutamente normales pero repetidos de modo obsesivo y narcisista) de amor adolescente para los más jóvenes, o de infidelidad y promiscuidad sexual para los jóvenes más mayores.

En la actual fase capitalista neoliberal, la ofensiva cultural reaccionaria de la burguesía ultracapitalista intenta difundir, machacar y fomentar las siguientes máximas por medio de los videoclips:
 
• Una imagen cosificada tanto de la mujer como del hombre joven, como si sólo fuesen cuerpos preparados para el disfrute/servicio sexual en cualquier momento y lugar. Al sobredimensionar una dimensión natural del ser humano como la sexualidad y fetichizarla hasta la cosificación del contingente (el físico) se produce una anulación/infravaloración del contenido (el ser).

• El triunfo vital representado por la riqueza material.

• El consumo de estupefacientes legales e ilegales para desactivar el compromiso, la voluntad y la organización individual y colectiva.

• La inestabilidad de las parejas, la amistad y/o cualquier tipo de compromiso afectivo a largo plazo entre seres humanos. (“Divide y vencerás”)

• Culto al dinero y afianzamiento pregnático de la idea que éste es igual a mayor poder, libertad y triunfo social.

• Vivir al día, al momento, sin pensar en el mañana, en el futuro. Para que de este modo a nadie se le ocurra hacer planes a largo plazo, ya que actualmente los capitalistas necesitan de una predisposición para la migración de las masas trabajadoras constante (algunas agencias de la UE dentro de sus planes de movilidad laboral calculan que a lo largo de su vida un trabajador comunitario deberá cambiar una media de 7 veces de residencia por motivos laborales).

¿Cómo lo hacen?, ¿otra teoría de la conspiración más?

Ni sí, ni no, sino todo lo contrario. Me explico. No, en el sentido de las teorías de la conspiración que nos venden en los best sellers de la bibliografía liberal, que podemos encontrar en cualquier gran almacén, en donde un grupo de malos malosos intentan controlar a la gente con microchips detrás de las orejas porque simplemente son eso, malos malosos que quieren dominar el mundo. No. Pero sí en el sentido en el que evidentemente, en un mundo polarizado, en el que unos pocos individuos concentran la mayor parte de la riqueza mundial mientras que 2/3 partes del mundo lo pasa realmente mal (llegando incluso a niveles de pesadilla), esta élite oligárquica se debe esforzar por mantener este Status Quo que tanto la beneficia y por tanto “conspira” constantemente, no sea que la masa adormecida un día despierte y reclame lo que le pertenece.

¿Cómo lo hacen?, ¿cómo toman estas decisiones? Existen dos niveles por los cuales la cultura CAU se produce y se emite. Por una parte está el nivel sinérgico y por otra el nivel consciente y/o conspirativo en la medida en que no sale a la luz y sólo son ellos (los ideólogos y productores CAU) los que saben que existen tales o cuales directrices para fomentar la CAU. 

El nivel sinérgico ocurre cuando algún productor de CAU, por ejemplo un guionista o director de cine, inconscientemente produce una película con los valores CAU porque sencillamente está en el sistema, estos valores le parecen acríticamente naturales y entonces hacen la típica película en que no salen clases desfavorecidas, los protagonistas son de clase media-alta y todos son guapos. Lamentable, sí, pero sinérgico. Se produce por la sinergia del sistema ya que ningún magnate le dijo explícitamente al guionista o al director que hiciera tal o cual producto CAU. Realmente ellos nunca tienen ni porqué saber que lo están realizando. De hecho, cuantos menos individuos que participen en el proceso productivo tengan conciencia, mejor que mejor. 

Entonces, llegados a este punto, ¿quiénes sí son conscientes de las directrices de producción de la CAU dentro de sus mismos productores? Pues realmente el nivel consciente/conspirativo lo representan los magnates y el reducido grupo de técnicos de los think-tanks (organizaciones privadas compuestas por intelectuales interdisciplinares que venden sus servicios de investigación al mejor postor, en especial a multinacionales, Estados Mayores, grupos de presión y gobiernos en la sombra) que elaboraron las políticas a seguir conjuntamente con el reducido también grupo de directivos (que no dueños) de las corporaciones que las implementan por medio de sus decisiones referidas a la distribución del presupuesto en tal o cual cadena de televisión, en tal o cual distribuidora de cine o prensa, en tal o cual empresa de videojuegos y así un largo etcétera. El capital decide. Sólo una minoría tiene el capital para formar una cadena de televisión (y los contactos políticos para que le den una frecuencia en el espectro radioeléctrico nacional) o para hacer una película o para montar una discográfica que llegue a muchas personas. ¿Dónde decide este capital las directrices CAU? En citas anuales que en su mayoría no conocemos la mayor parte de los mortales, pero sí en otras como el Club Bilderberg, el Foro Económico Mundial de Davos, el Club de Roma, lugares en que un grupo de magnates multimillonarios se juntan con directores de las corporaciones de otros magnates multimillonarios y con directivos de los “medios de CAUmunicación masivos” (o desinformación) y allí, (además de hacer negocios entre ellos) trazan las directrices de lo que van a difundir para manipular y adormecer a las masas en las próximas fechas. Allí encargan la confección de informes a técnicos expertos para la consecución de determinados objetivos que desean llevar a cabo (léase preparar una guerra mediática contra algún país rico en petróleo y no sumiso a los intereses imperiales, preparar genocidios en el Cuerno de Africa para reducir la población y mejorar las ventas de sus empresas de armas, eliminar a líderes revolucionarios como Hugo Chávez y otras “lincedes” de este tipo) para el mantenimiento o ampliación de sus intereses en el mundo. 

Resumiendo...

La Cultura de Alienación Universal (CAU) es la superestructura cultural del capitalismo en su actual fase neoliberal, fomentada por las élites del poder burgués (oligarquía de facto o ultracapitalistas) conjuntamente con técnicos mercenarios que trabajan para ellas en diversos think tanks para dominar a las clases populares y mantener así el yugo capitalista sobre la humanidad en su beneficio. La CAU adopta diversas formas para adaptarse a los diferentes grupos culturales que componen las clases populares. La CAU divide a la clase obrera y la siembra de valores anti-socialistas y anti-humanistas que la enlodan en la infravida capitalista y no le permiten ni tan siquiera soñar con un mundo mejor. Por tanto, es deber de todos los socialistas luchar contra esta cultura impuesta y dirigida a acabar con nuestras esperanzas y nuestra lucha. Boicotearla al máximo de nuestras posibilidades bajo los gobiernos burgueses y allí donde accedamos o estemos en el poder aunque sea compartiéndolo con sectores reformistas y no plenamente revolucionarios (República de Cuba, República Bolivariana de Venezuela, etc.) acabando con ella desde el Estado para substituirla por una auténtica cultura socialista, humanista e internacionalista que nos permita crecer como individuos, como sociedad y llevar a la humanidad a merecer tal nombre en un futuro de fraternidad y libertad para todos. 

Autor imagen: HSL

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