sábado, 18 de octubre de 2008

Bolívar: justicia para todos


Evaristo Pérez Suárez (desde Venezuela, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las dimensiones del aporte de Bolívar, profundas, extensas, no araron en el mar y su legado no terminará de ensancharse dado el profuso contenido principista que como verdadero emancipador reunía. Estadista, estratega militar, táctico guerrero, vivaz estudiante, pasional romántico en sus amoríos, valiente inagotable, activo luchador, pensador crítico, práctico hacedor revolucionario, escritor y orador mordaz y agudo, en fin… el gran liderazgo que se necesitaba para finalmente trastocar el imperialismo de aquella vetusta monarquía colonial y que curiosamente llevó su sangre.

Esa dimensión la fue metodologizando en la composición del Estado y en los múltiples ensayos , adaptaciones, contextualizaciones que suponían las pérdidas y recuperaciones de la república, las conformaciones constitucionales, la organización de un estamento de justicia, fundada en su permanente filosofía de la justicia y la ética.

Entre esa disección de la tríada revolucionaria clásica de la Francia de 1789, libertad, igualdad, fraternidad, y en las consideraciones de sus lecturas, asimilaciones y aportes hay un mundo de complejidad y practica interactuantes. En “Bolívar y la Justicia”, uno de aquellos extraordinarios “Cuadernos Lagoven”, antigua filial de Pdvsa, Tomás Polanco Alcántara refería que “…cuando se examina cualquier aspecto del pensamiento bolivariano, es útil y además necesario investigar el origen de cada idea expresada por Bolívar. ¿Era una idea propia? ¿Era una idea de la época ajustada a sus propias circunstancias? ¿Era acaso una idea del tiempo entendida y expresada en la forma que entonces se acostumbraba?” y entonces consideraba la preocupación de Bolívar por la libertad personal, civil. Por eso cita a Manuel Pérez Vila quien advirtió los libros que Bolívar leía, comprobados en sus documentos y citas, en la biblioteca que legó, y en las “bolsas y cajones” que llevaba en campañas, viajes, travesías y que a su juicio se incrementó después de 1820, pues siempre dedicaba Bolívar algunas horas a la lectura-descanso, así que los encargaba, hecho que trascendió a los escritores mismos que le enviaban regalados ejemplares.

Por supuesto Montesquieu en “De lesprit des Loix”-El espíritu de las leyes- sentó con fortaleza el equilibrio de los poderes que de manera importante influyó en Bolívar. “…La teoría de la administración de justicia, como instrumento fundamental para la preservación de la libertad ciudadana, es una de las ideas principales…en la teoría política de Bolivar” nos aseveraba T. Polanco A. Y precisamente la sátira que nos acaba de legar Vidal Chávez López “Así habla Montes Kiú”, ironizando la enorme torpeza del dirigente político Manuel Rosales al prácticamente “confundir” éste, al insigne filósofo, el barón Montesquieu con algo así como Matusalén, dado que fue ubicado por éste como autor ante-cristiano, es brillantemente un ejercicio lúcido de denuncia de la barbaridad sub-intelectual que preside la mediocridad de la continuidad política que se pretende desde los agotados partidos que gobernaron Venezuela entre 1958 y 1998.

Existen pruebas de que Bolívar manejaba este clásico del intelectual francés en una edición Príncipe de 1749, aparte de las citas que le hizo nuestro máximo emancipador en la Carta de Jamaica, el Discurso de Angostura y en carta a Santander del 20-04-1829 y el 9-05-1820, así como a Páez el 12-04-1828 y a nuestro prócer Urdaneta el 2-10-1830. Pues bien, es cierto que para la organización de las nacientes repúblicas, la administración de justicia era un pensamiento central de Bolívar, al punto de tomar, en procura de la conformación de una Corte Suprema de Justicia –siguiendo la constitución norteamericana- o Tribunal Supremo, aportes de la Ley francesa de 1790 en lo atinente al apego al texto sin interpretación, y adaptar de las propias Reales Audiencias en lo relativo a la organización de las salas. Esto lo manifestó en el decreto del 6 de octubre de 1817, en el Proyecto de Constitución de 1819 ante el Congreso de Angostura, en 1826 en el Proyecto de Constitución para Bolivia, en 1828 como organización provisional del Estado.

Para Bolívar la selección de jueces probos e íntegros era la única garantía y así los seleccionó. Próceres como Francisco J. Yánes, natural de Cuba en 1777 y fallecido en Caracas en 1842, firmante del Acta de independencia de 1811 es uno de sus nombrados.

Asimismo el gran emancipador, como bien han indicado los investigadores Duque Sánchez, Polanco A., dispuso hasta las formas organizativas de aquel tribunal o Corte: el Recurso de casación, el Recurso de nulidad de Sentencias. Potestades de jurisdicción y facultades. Bolívar proyectó ampliamente: los tipos de tribunales como los de comercio, de justicia militar, los tribunales penales. Técnicas procesales como el principio de conciliación previa, dos siglos antes que la actual justicia de paz, de celeridad de procesos, sencillez de los procedimientos y revisión de sentencias. Las leyes de sentencia y la procura de continuidad jurídica a pesar de las rupturas institucionales, las condiciones necesarias para ser juez.

Su memorial está salpicado permanentemente con el tema de Justicia:

“La justicia es la reina de las virtudes republicanas, y con ella se sostienen la igualdad y la libertad” decía en enero de 1815 en Bogotá.

Afirmando estos principios en Angostura el 15 de febrero de 1819 aseveraba que “El ejercicio de la justicia es el ejercicio de la Libertad”.

Urgente y vigente es esta conmovedora frase que apunta al blanco de la descomposición judicial donde hoy se debate la erosión o afirmación del actual proyecto de país: “La impunidad de los delitos hace que éstos se cometan con más frecuencia: al fin llega el caso en que el castigo no basta para reprimirlos”, decía en Perú a Bartolomé Salóm el 15-01-1824.

Y en esa condena a la justicia fallida decía en Escuque el 21-10-1820: “El fruto de la injusticia es amargo para todos”. Ratificando su visión social, que a mi juicio supera el criterio liberal de Polanco sobre la justicia como acto incidente en la libertad “individual”.

Como proyección a la república señaló el 25-09-1825 en Oruro, Bolivia a Bartolomé Salóm: “La justicia sola es la que conserva la república”, hecho que deberían colocar en vallas públicas a los neofascistas de esa nación y a sus propios burócratas privilegiados.

Aforismos como Bases éticas de la Justicia

En el Proyecto de Constitución de Angostura del 15-02-1819 Bolívar asumía un principio hundido en las palabras de reciprocidad: “Haz a los otros el bien que quisieras para ti. No hagas a otro el mal que no quieras para ti; son los dos principios eternos de la justicia natural en que están encerrados todos los derechos respecto a los individuos”.

En el histórico Discurso de Angostura del 15 de febrero de 1819 volvía a la necesidad del marco ético-jurídico: “La naturaleza hace a los hombres desiguales, en género, temperamento, fuerzas y caracteres. Las leyes corrigen esta diferencia porque colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las artes, los servicios, las virtudes le den una igualdad ficticia, propiamente llamada política y social”.

Precisamente esa fuerza motriz de revolucionario profundo tres años antes, el 6 de julio de 1816, lo había llevado a decir en Ocumare de la Costa, seguramente rodeado de miles de negros e indios: “La naturaleza, la justicia y la política piden la emancipación de los esclavos; de aquí en adelante sólo habrá en Venezuela una clase de hombres, todos serán ciudadanos”.

Era el rayo en la conciencia de Bolívar, el mismo que no olvidó nunca su origen formativo en Simón Rodríguez, cuando en Perú (Pativilca) el 19 de enero de 1824 dijo al gran maestro:

“Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que usted me señaló”.

* Quiero recordar que Justicia Para Todos fue una excelente iniciativa comunicacional del abogado, dirigente político, miembro de la cultura y comunicación del Zulia, Leonardo Núñez, en un programa que se transmitía hace unos años en la televisión zuliana y cuyo nombre le fue arrebatado por el oportunista y difamador llamado Julio Borges y RCTV, quienes lanzaron luego un programa en ese canal con el plagio de este nombre, que probablemente fue el “brillante” atisbo para bautizar como “primero justicia” su proyecto político ávido en confundir la realidad opresora y ocultar la dominación subyacente.


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