sábado, 18 de octubre de 2008

Islas buscando un continente

Cristina Villanueva (desde Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Ausencia

TV en blanco crece el pensamiento.

La escritura es una forma de bordar ausencias.

El vacío (esa nada) crece.

La muerte (una nada) que sin embargo está en todo.

El desierto pulposo de médanos tiene un mar que sólo se intuye.

Marrakesh, ciudad rosa, amante de botánicos en exilio de hojas.

Siempre me dijeron que el monoteísmo significaba un progreso para la humanidad, me resultó muy difícil entenderlo.

Pienso (como un pequeño consuelo) que si hubieran existido muchos dioses, alguno hubiera posado su divina mirada sobre la Esma o sobre los muertos en Irak, el Holocausto, o los muertos armenios. No quiero cansarlos, soy consciente de que cuanto más genocidios nombro decae el efecto literario.

Si dios fuera una diosa

Los hombres deberían no mostrar sus cabellos.

Taparse, casi del todo, el cuerpo.

Para no provocar a las mujeres.

No llevar manzanas en el bolsillo.

En la inquisición la mayor parte de los muertos hubieran sido brujos (brujas muy pocas).

Se cuidarían las vidas nacidas, evitando las guerras y el hambre.
Las vidas por nacer quedarían sujetas al deseo, no a la obligación.

¿Y si dios fuera una pareja?
A lo mejor entendía y no nos expulsaba del Edén y llovían abrazos desde el cielo. Dulces pompones de nubes, caricias.
Al levantarnos nos asomábamos a una ventana sin cruces, ventana hermosa de un mundo en el que no se tortura, tierra, pasto suave y niños sin calvario.

¿Qué es peor que dios no exista o que exista y se ausente y queden las víctimas tan sin su mirada?

La palabra riega músicas en el desierto.

La palabra abre esos infinitos surtidores y el desierto se puebla de castillos, joyas, perfumes, alhambra, almohada, hada.
Memoria de lo ausente

Sueño contra la muerte

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