Eduardo Pérsico (desde Argentina, especial para ARGENPRESS CULTURAL)
Un hombre con un tic nervioso de guiñar un ojo atiende al público en una agencia de viajes.
-Según su Currículum, usted está bien calificado para este trabajo- dice el jefe de personal -pero nuestra empresa no acepta a un vendedor que constantemente le guiñe un ojo a los clientes.
-Por favor, escuche- dice el hombre -ni bien tomo una aspirina dejo de guiñar el ojo.
-Muéstreme- dice el jefe de personal.
Entonces el hombre saca una cantidad enorme de condones de su bolsillo y al fin encuentra un par de aspirinas. Y ni bien toma una deja de guiñar el ojo.
-Está bien que dejara de guiñar el ojo- dice el jefe- pero tampoco aceptamos vendedores tan mujeriegos.
-¿Qué quiere decir?- pregunta el hombre-. Yo estoy felizmente casado.
-¿Y como explica eso de los condones?- dice el jefe.
-Ah, muy fácil. Entre usted a una farmacia y pida una aspirina guiñando un ojo; y lo verá.
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