sábado, 8 de noviembre de 2008

La vida es una mierda


Mallela Vannesa Pérez Palomino (Desde España, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Una página solitaria y sin firma quedó tirada en la mesa entre los pedazos de tejido cerebral, debajo de la cabeza inerte.

A un lado de la mesa, en el suelo, la pistola. Justamente debajo del brazo extendido que ya daba muestras del rigor mortis.

Un tapiz de motas rojas de diferentes tamaños cubría parte de las paredes y el cuarto tenía evidencias de no haber sido ordenado o limpiado en semanas.

Antaño se divertía chantajeando a sus seres queridos con un potencial suicidio, causando alarma, hasta que todos se cansaron de sus arrebatos. Según él, nadie lo quería. Tuvo las mejores oportunidades y cuando debió tomarlas, no lo hizo.

Después de cada berrinche se iba a la cantina de barrio y le contaba sus penas al bueno de Arquímedes, quien le escuchaba con la misma paciencia que oía a todos los parroquianos.

“La vida es una mierda” fue su última protesta contra el mundo o la gente, o ¡qué sé yo!

Y la dejó escrita en una página antes de apretar el gatillo.

Nadie sabrá nunca qué tiempo transcurrió entre una acción y la otra. Si dudó en algún momento o si el desenlace después de escribir, fue expedito.

Sólo sabremos que sus últimas letras insultaban lo que la mayoría de los seres humanos bendicen, alaban y agradecen: la vida.

Se fue como siempre fue: insultante, irreverente y rebelde. Como diciendo: vida, no te agradezco nada porque no has valido nada, él que era hermoso, carismático e inteligente.

Le dio solución definitiva a sus problemas temporales.

Su despedida insolente, mientras recorría el pasillo hacia la muerte, confirmaba su apología a los antivalores.

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