sábado, 8 de noviembre de 2008

Realidad, ficción, farsa: quien murió no fue la historia sino la Ética

Evaristo Pérez Suárez (desde Maracaibo, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“No importa si es mentira o ficción: si viene en un chip”

En 1998 presenté la investigación cultural, plástica y expositiva "Lago de Óleo 1990-1998" en la desaparecida Galería de la Sociedad Dramática de Maracaibo, animado con el gran actor del teatro zuliano Homero Montes, siempre transdisciplinario. Permítanme extraer de allí consideraciones hechas sobre ese obtuso borde entre realidad y ficción en el marco del arte: que no es sino un proceso comunicacional fundamentalmente simbólico. Sobre esa relación y su entramado de dominación subyacente en la ideologización cultural massmediática tenemos ya varias décadas urdiendo tramas. Este ejercicio, nos servirá para luego desentrañar la farsa terrible que se está gestando hace años en el poder hegemónico de la dominación imperialista actual y sus hienas lacayas circunstanciales. Decíamos hace una década:

"Porque en la actual cultura de la falsedad hay que reivindicar el arte como ficción, que por supuesto no es su sinónimo sino su antídoto. La ficción como percepción de lo vital y forma artística manifiesta para la aceleración inasible del alma. En la contextura del arte, realidad y ficción no se disocian pues como pensaba Wolfang Iser "la ficción nos comunica algo de la realidad..., liga la realidad a un sujeto, que se pone en relación (a ella) precisamente por mediación de la ficción". El arte se concreta como voluntad liberadora frente a las relaciones de dominación material y de la conciencia. Es construcción-eslabonamiento de ideas cargadas de intencionalidad, formas y representaciones simbólicas, es esencia desinteresada opuesta a ese establishment corrosivo emitido sin pausa en los medios de masas y presentado falsamente como arte." (Catálogo Evaristo Pérez Suárez: Lago de Oleo1990-98, Sociedad Dramática de Maracaibo,27 de febrero al 13 de marzo de 1998)

Estas consideraciones devienen porque la ficción en las artes siempre tuvo un enorme poder impugnador ante la farsa del poder y se constituía en desagravio para concientizar-dije concientizar, así esté mal y lo asumo, siguiendo a Cardenal o Freire, no ese estúpido concienciar de los posmojoniados, religiosos de la regla lingüística pero no de la ética social-, desideologizar de cepos dominadores los cerebros. De allí el teatro del absurdo, etc.

En ese borde de la palabra que nombra y bautiza lo real, está la ficción; en esa orilla se mueve la interpretación que de ella y sus articulaciones se hace, lo que corresponde a la retórica, a los giros trópicos, metafóricos, que trasladan nuevas significaciones y abren nuevas asociaciones de ideas. Pero estos recursos también se manifiestan en la imagen visual, en todo lo sensorial y pueden dirigirse a desentrañar la realidad, a profundizar las capacidades humanas sintéticamente en lo cognitivo, lo afectivo y lo espiritual, a acercarnos a la densidad de la personalidad, a la liberación. Pero en dirección opuesta, por supuesto, los magos de la oratoria griega sabían también que podían usar estos recursos para la persuasión, el sofisma, la simulación, el falseamiento y la articulación de invenciones, fingimientos, fantasías y fábulas. El engaño es su propósito último y cuando sus recursos son fallidos se apela a la mentira. Cuando este falseamiento se coloca en lo público, el rumor es su columna vertebral, la artificialidad para revestir de apariencia cierta y verdadera una mentira. Pero a estas alturas tecnológicas, la murmuración y las argucias presenciales han dado paso a los recursos mediados que potencian la farsa hasta el punto actual en que el capitalismo cultural electrónico, pretende autovalidar sus sentencias en el “reality show” de su mortuorio tecnoespectáculo. Por la obsesión y neurosis de celeridad, de prisa, de sintetización del caudal de información producido en la irracional racionalidad actual, y por la inoperancia, burocratismo, ostracismo, lentitud, pereza y corruptela de las sentencias judiciales, el habitante “facha” o fascista, alienado del todo y actuando por el condicionamiento operante de la urbe-neurosis y el automatismo inconsciente de la mecánica conductual neobehaviorista ,que bien saben conducir los imperialistas a través de su aparataje “lavacerebro”, “desea” respuesta YA!, comida rápida YA!. Entonces la sentencia moral validadora, el ciberjuez “de facto” es la condena mediática.

La dama ciega de la justicia se metamorfiza hoy en la “factoelectrónica” puta ciega cuyo neosacerdote es la “missperiodista” o el “posmoperiodista”, quienes, cual shamanes del siglo XXI sentencian con su farsa “global” bien ensayada en el espejo, categóricamente anclado en su atuendo y sus lisonjas sexuales insinuadas, dada su falta de argumentos intelectuales y probatorios. SENTENCIAN, lanzan sus aforismos mercenarios. Mucho antes que los arterioescleróticos y mayoritarios fiscales o jueces sentencien ya sus cien años de silencio, la condena está establecida incluso con sátiras e ironías, pedanterías y despotismos anexos. Para esto, la dominación ha convertido a la tierra en un ESCENARIO en lugar de lo que es: un territorio. La espontaneidad es la conducta falsa que ha convertido a los habitantes en ACTORES, ataviados de gestos y estupideces que imitan, imitan, imitan a sus “neoidólatras” de TV con poses y necedades celulares. PosmoBelcebú está en cada esquina, viene con todos los megapixeles que dentro de un mes serán “protopixeles” y dentro de treinta y cinco serán Bushipixeles. Realmente la farsa es de tal imbecilidad que más imbécil sería dar a cosas tan bazóficas como esas del “computador” de Raúl Reyes, una atención analítica “respetuosa”, pues para iniciar debería ser considerado el primer héroe tecnológico del nuevo milenio, sobreviviente a semejante bombardeo, ya que debería haber estado en los enseres más cercanos a su masacrado portador en aquel episodio de Ecuador. Sería caer en su juego y en su burla. Estas protobufonadas desquiciadas de crear bordes limítrofes entre realidad y ficcción, para finalmente falsear sus relaciones la tiene el poder en sus manos, que es como decir que un mono salta entre los botones de las bombas atómicas. Y eso no es ficción.

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