sábado, 8 de noviembre de 2008

Relatos breves

Marcos Winocur (especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Polvo del exilio soy

Polvo del exilio soy... una historia que comienza ¿cuándo? Cuando los vientos me llevaron lejos. Aunque no, antes, mucho antes: nací en la continuidad anhelando la ruptura. La continuidad: de niño no hacer travesuras, de joven ser responsable, de grande un hombre de bien. La ruptura: renuncio a la aldea, me elijo latinoamericano y ciudadano del mundo. Fue decir no a los padres, culpables de haber dicho sí a sus padres, y éstos a los suyos. Nos hicimos a la mar, unos tras la aventura, otros lanzados al exilio. Pero las cosas salieron mal. Hoy, la continuidad se cobra viejas deudas y me dice: ¿buscabas la ruptura? está aquí: otras tierras, otras gentes, otros sabores buscan vanamente reprogramarte ¿Pérdida de identidad, a la búsqueda de una nueva, mestizaje, soy un argenmex? Más bien polvo soy y los vientos me llevaron lejos.

Para mí, existen cuatro clases de personas

A quiénes me preguntan: ¿es tu hija? Les corto el saludo.

A quienes me preguntan: ¿es tu nieta? Los asesino en el acto.

A quienes me preguntan: ¿es tu mujer? Los declaro mis amigos a perpetuidad.

A quienes me preguntan: ¿es tu novia? Que me pidan lo que quieran.

Pañales y tesis doctoral en la Sorbona de París

Ya lo sabemos, la Sorbona es de París... ni tanto: unos cuates míos han puesto un kinder, y lo bautizaron “La Sorbona de Los Sapos”, que es un lugar de Puebla, en México, no en París. Pero vamos al asunto, a mi tesis doctoral, que lleva por título: “Fundamentos, realismo y magnificencia del uno y del dos”. Claro, no hace falta explicar que mi “sorboniana” no versa sobre matemáticas sino sobre ciertas funciones fisiológicas que urgen se nos informe: primera puerta a la derecha.

Y voy al caso. La niñita A, de contados meses de edad, era usualmente cambiada por su mamá B, en tiempos en que los pañales no eran desechables y laboriosamente debían ser lavados uno por uno y luego puestos a tender en la soga a secar. El vecindario se enteraba así de que la Fulana había parido. Pues bien, hay que decirlo con todas las letras, no es lo mismo lavar un pañal meado que cagado, y mamá B cuando cambiaba a niñita A suspiraba de alivio y decía: “qué buena niñita, sólo meado” y si, por el contrario, se trataba del dos, B largo rato se acordaba de la madre de niñita A, que era ella misma.

Este trámite, repetido varias veces al día, acabó por crear un inmenso sentimiento de culpa en la niñita A, el cual desde entonces arrastra: tiene cuarenta años y cada vez que caga se siente culpable, como si nuevamente ensuciara los pañales. ¿Y saben qué? Sufre de estreñimiento: es la manera que ella encuentra como autopunición por abandonarse al pecado de cagar en lugar de mantenerse en el virtuoso mear.

“Así pasa, qué poca madre con esas madres proclives al desmadre y que valen madre, mereciendo sus buenos madrazos... ¿las vamos a perdonar? ¡Ni madres!” Tales, las palabras finales y conclusivas de mi tesis doctoral en la Sorbona de París, la cual motivó más de un comentario. Uno de los jurados se acercó y, después de felicitarme efusivamente, me dijo: “Mire, distinguido colega y flamante doctor, qué quiere que le diga, es un problema de mierda.” Y otro de los jurados: “En confianza, mon cher, a mí me pasa lo mismo. Dígale a A que tome ‘La fibra mágica’ una cucharada copetona y ‘Révolution au cul, 5mg’ tres veces al día. C’est fantastique.” Como lo dijo todo en francés, no entendí ni jota, por suerte un cuate escuchó el diálogo, me lo tradujo y ¡me ha propuesto para un programa televisivo sobre la salud! ¿Cómo ve? ¿Yo, cómo lo veo? Pues... ¡cagadísimo!

Vocabulario de mexicanismos

Hacer del uno: mear
Hacer del dos: cagar
Cagadísimo: requetebién
Qué poca madre: qué poca vergüenza
Madre: poca cosa
Desmadre: relajo.
Valer madre: no valer nada
Madrazo: golpe
Ni madres: ni mierda

No soporto que las cosas me salgan bien

Él. Hace una hora que te estoy llamando ¿dónde te habías metido? Tú siempre tienes tiempo para los otros, nunca para mí. Te encargué la revista y te olvidaste de comprarla, y ya salió el número 20 ¿cómo haré para conseguir el 19? ¿Y la leche de soya y el jugo de arándano?

Ella. Muy bien, soy culpable de todo eso pero ahora ¿para qué me llamabas?

Él. Para darte un beso.

(Se dan el beso.)

Ella. Ay, qué loco. Ay, qué lindo. Pero si todo era una broma. Te traje el número 20 de la revista recién aparecido y también pude conseguir el 19. Te traje la leche de soya y el jugo de arándano…

Él (revisando las bolsas del super) Está todo. ¿Por qué me trajiste todo? ¿Por qué? Si sabes que no soporto que las cosas me salgan bien. Que estoy hecho para sufrir…

Ella. Basta, basta, eres un pendejo que dice pendejadas. Así que cállate. Voy a cambiar el foquito de la cocina, se quemó y, si no lo arreglo, te quedarás sin cena.

Un par de minutos después, mientras Él duda si comenzar la lectura de la revista por el número 19 o el 20, un grito, más bien un alarido, cruza el aire. Él comprende de inmediato: ella se ha electrocutado al cambiar el foquito de la cocina. Y corre. Pero no hacia el interruptor sino hacia Ella y la abraza.

Ambos mueren carbonizados, qué bueno, las cosas no pudieron haber salido peor, Él la amaba hasta la locura.

Marcos Winocur es argentino residente en Puebla, México.


Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.