sábado, 15 de noviembre de 2008

Retrato de un presidente fracasado: “W”


Jorge Zavaleta Balarezo (desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La película comienza como suelen comenzar las películas de Oliver Stone. Aunque esto suene a tautología, no es menos cierto que “W.” -el “biopic” sobre el actual presidente de Estados Unidos, George W. Bush- se inicia con una escena grandilocuente, que convoca en una sala de la Casa Blanca a los jerarcas republicanos preparando la invasión a Iraq después de los atentados del 11 de setiembre de 2001. A su vez, la escena que muestra a Bush en un gigantesco estadio absolutamente vacío, siempre metafórica y que permite numerosas interpretaciones, se repetirá a lo largo de la proyección y nos da una idea de lo que pretende esta cinta.

Entonces, ya sabemos que, otra vez, Oliver Stone está jugando no a tener la razón sino a evaluar y poner a disposición de la crítica -esta vez no sólo la cinematográfica sino la opinión pública del país más poderoso de la tierra- una historia que recorrerá la juventud y adultez de Bush Jr., pintándolo de cuerpo entero. Y no, esto no lo decimos metafóricamente.

Como en sus filmes más políticos, aquellos que retrataban a otros presidentes (“Nixon”) o buscaban la clave de un magnicidio (“JFK”), Stone juega aquí a la tesis, a la búsqueda de pruebas, a comprobar que las carencias del actual líder republicano son de veras graves y que el hecho de ser un absoluto ignorante en el arte de gobernar sólo es, digamos, parte del asunto.

Detrás, y con el peso que la ocasión amerita, está la tradición familiar, los reclamos de Bush padre, encarnado por James Cromwell, el mejor actor en esta película, los intentos de Bush hijo por trazarse una meta y no caer demasiado rápido en las redes del alcohol, muy a pesar suyo. Y está, claro, la esposa, Laura, en un rol que la presenta más como observadora y con ciertos modales finos.

“W.” se estrenó en Estados Unidos dos semanas antes de las elecciones presidenciales que acaba de ganar Barack Obama. Stone trataba de dar un espaldarazo definitivo, con esta historia a un tiempo gris y cómica, al candidato demócrata.

Con todo, es también la respuesta a un presidente inútil y autoritario, que ha puesto otra vez en tela de juicio el papel de sheriff del mundo que se reserva para sí Estados Unidos. Quizá, cinematográficamente, esta historia de Oliver Stone nos recuerde a ratos los documentales de Michael Moore y, como aquellos, pretende dar cuenta de lo escandaloso de una administración republicana que ha ido cayendo cada vez más bajo.

Artífices de ese desliz son tanto Donald Rumsfeld como Collin Powell o Condoleezza Rice, los miembros del gabinete que sólo hacen de comparsas. Los actores que los encarnan se prestan a una caricatura exagerada, sobre todo en el caso de Rice. Los republicanos bien podrían considerar insolente a Stone, quien se sirve de un veterano actor como Richard Dreyfuss (Dick Cheney) en los recintos de la Casa Blanca, para certificar que, efectivamente, algo se pudre, y permanentemente, en Washington D.C.

La dramaturgia de la cinta apela a una atmósfera enrarecida, las tomas quieren enfatizar las deformidades de los personajes como correlato de lo corrupto y oscuro del régimen. Como otras cintas de Stone esta también está llena de diálogos, parlamentos que se exceden y superponen.

El resultado es una película que no convence, y sin embargo no cae en la diatriba ni el panfleto y que rehúye la mediocridad. Sin embargo, esa actitud no es suficiente para dar siquiera la impresión de que todo lo que ya sabemos o intuíamos acerca de un hombre como George W. Bush puede ser un objetivo cinematográfico en sí mismo. En otras palabras, quizá la cercanía a la coyuntura o la distancia histórica que se requiere, como piensan algunos, afecta el conjunto de la película.

Oliver Stone consigue un producto que tiene puntos a su favor, como aquellas escenas realistas de la “iniciación” en la universidad de Yale o la de los enfrentamientos familiares, pero los disfuerzos de Josh Brolin, quien tiene a su cargo el rol principal, o su sobreactuación, dan la exclusiva visión de lo impostado. Y no queda espacio para más. Con esta actitud la prédica política que supuestamente está detrás del filme sólo se limita a pinceladas ad hoc y queremos creer que se apoya, con confianza, en la buena memoria del pueblo estadounidense.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.