sábado, 6 de diciembre de 2008

Entrevista al escritor Enrique Vila-Matas: “Hemos enterrado bajo capas de tierra todas las rosas del mundo”


Edgar Borges (LETRALIA)

Pautar un encuentro virtual con Enrique Vila-Matas podría desencadenar un juego literario difícil de concretar en un tiempo y espacio. ¿Cómo evitar distraernos (lejos del show, de cara al laberinto) con la identidad de un trastocador de realidades? ¿Será el verdadero Vila-Matas quien responde mis eternas preguntas? ¿Será el mismo viajero que ideó Historia abreviada de la literatura portátil, Extraña forma de vida, El viaje vertical, Bartleby y compañía, El mal de Montano, Doctor Posavento, Exploradores del abismo y Dietario voluble, entre otros itinerarios quebrantadores de realidades absolutas? ¡Qué pregunta más larga! Mejor será que intente descifrar el misterio.

¿La ficción es usada como arma perversa de la política? “En política”, me llega su respuesta, es filosa, es Vila-Matas, “la mentira es casi obligatoria, o de lo contrario el político es un necio. En ficción, se puede elegir a la carta. Los más interesantes han sido aquellos escritores —desde Cervantes a Kafka— que eligieron la ficción —suma paradoja— para ir en busca de la verdad”.

Tomo un poco de café; miro la biblioteca: efectivamente, puedo elegir a la carta; me levanto, me asomo a la ventana: la calle huele a política, y por estos días la política se ejecuta en clave de mentira. Mejor retomo la ruta del juego que dejé en el ordenador. Vila-Matas me dice que últimamente a algunos escritores les ha dado por convertirlo en personaje de ficción. “Paul Auster, por ejemplo, en su nuevo libro, el que publicará en 2009. Alberto Manguel en su última novela, Todos los hombres son mentirosos. Antonio Casas Ros (Teoría de Almodóvar) me ha pedido permiso para incluirme en su nueva novela. Por lo visto, tengo algo de personaje literario”. He ahí Vila-Matas, no hay dudas. Pero, ¿de cuál Vila-Matas estamos hablando? Para acercarme más (últimamente los seres humanos jugamos a conocernos a través de la web), le pregunto si está creando un universo. “He creado un universo fácilmente distinguible”, me asegura, “pero no ha sido algo que haya hecho de forma deliberada. Es decir, no me levanté un día de buena mañana y me dije: ‘voy a crearme un universo’ ”.

¡La realidad! ¡La realidad! ¿Qué cosa es la realidad? ¿Le molesta la realidad que nos enseñan? ¿Qué es lo que más le molesta? “Sí que me molesta”, responde tajante (me imagino lo tajante; pronto Google nos dirá dónde haremos click para escuchar el efecto de tajante). “¿Para qué negarlo? Me molestan la incompetencia, la ligereza moral, el desorden, la mezquindad. Hemos enterrado bajo capas de tierra todas las rosas del mundo. Quienes intentan rescatarlas a través, por ejemplo, de la poesía, lo pasan muy mal”.

Muy mal, muy mal; antes de que esa frase se salga del ordenador y me asesine, recurro al clásico juego de preguntas y respuestas.

E.B.: —¿Qué es la novela?

Vila-Matas: —En ella cabe todo. Es una de sus ventajas, permite ensayar todo tipo de formas de contar. Pero, para los ortodoxos, la novela es lo que había antes de Joyce, es decir, Tolstoi o Dickens.

E.B.: —A la hora de crear, ¿se influencia de la física como hecho científico? ¿Qué tanto intervienen los factores científicos en su juego literario donde no existen realidades absolutas?

V.M.: —Me interesan últimamente los movimientos de la ciencia. Empiezo a parecerme a Dalí que, cuando era viejo, estaba sólo interesado en lo que pudieran decir los científicos acerca de Dios o de quien juegue los dados en su lugar.

E.B.: —¿En Exploradores del abismo jugó con claves más cercanas a lo cotidiano, o simplemente le tendió una trampa a los lectores para que descifraran la complejidad que encierra el día a día?

V.M.: —Simulé que me había vuelto un ser normal, como me pedían algunos cretinos. De ese libro destacaría el ensayo final, el relato con Sophie Calle y la creación del misterioso funambulista que cruza toda la obra. El lobby del cuento en España ha opuesto una clarificadora resistencia a aceptarlo como un libro de cuentos perteneciente a un clan ortodoxo. Ha sido muy significativo. He roto con los esquemas del libro de cuentos que “se ha de hacer” en España cuando escribes un libro de cuentos y quieres que te den el aprobado los del Premio Setenil.

E.B.: —Dentro de su obra, Dietario voluble (2008), libro de citas, ensayos y viajes, ¿sería otra ficción?

V.M.: —Lo veo como ficción. Rompe, por otra parte, con todos los esquemas de lo que ha de ser un diario en España. Como se sabe, ese género dispone de una total libertad, salvo su servidumbre con el tiempo, pero esa esclavitud yo también la he roto, con lo cual el libro es de una total heterodoxia respecto al género del diario. En realidad, como ha visto muy bien Almodóvar —véase su blog en Internet—, es una novela, o en todo caso un libro “inclasificable”.

E.B.: —¿Por dónde apunta la nueva novela que sabemos está escribiendo? ¿Qué parte del juego sigue ahora? ¿Para cuándo la podremos leer?

V.M.: Acabo de regresar de Bankside, un barrio de Londres. Es la única pista que puedo darle.

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