sábado, 6 de diciembre de 2008

Entrevista a Jorge Gómez: Bestiario. Memorias candentes del libro


Meriem Choukroun (desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando se cumplieron tres décadas del golpe cívico-militar genocida y ladrón en Argentina (1976-2006), dos acontecimientos ponían en el otro plato de la balanza, un canto a la vida. El “Concurso Latinoamericano Fernando Báez: Los robos, la represión y sus resistencias en bibliotecas, archivos y museos”, en el Palais de Glace, y la obra de teatro “Biblioclastas” en el Centro Cultural Recoleta, ambos de Buenos Aires. La intención fue clara. Denunciar la naturaleza bestial de los delitos culturales desde sus víctimas con alma de papel, y también la continuidad por otros medios de la biblioclastía, una palabra que la Real Academia se resiste a estampar en el diccionario pero se sabe que es la destrucción deliberada de libros.

Como los antiguos bestiarios, esta nota pretende ser un sencillo tratado sobre animales y monstruos reales. Los mismos que a través del pánico llevaron a gran parte de la población a la destrucción de sus ‘sagradas’ escrituras. Y a tantas ceremonias de pánico y autocensura, a pala limpia, enterrando identidades, libertad, recuerdos, placeres, información, sabidurías y aprendizaje en cada página.

Según pasan los años y las realidades, las bibliotecas reciben diversas definiciones. Son emboscadas contra la impunidad, el dogmatismo, la manipulación y la desinformación. Trincheras de la memoria. O centros de formación popular.

A los dictadores no les importó. Mejor dicho, les importó tanto que destruyeron cientos de miles de libros, de distintas maneras. Los hubo desaparecidos, quemados o robados para vender. También persiguieron a sus autores, cumpliendo a rajatabla un proceso nacional y planificado de control cultural y de olvido para desestabilizar la conciencia.

Saber que la Dirección General de Publicaciones ocupaba siete pisos, da un miedo tardío y escalofriante. El hecho de que se filtrara alguna desprolijidad, como el secuestro de un libro titulado “La cuba electrolítica”, en la creencia de que lo fuera el país caribeño, no los definía como brutos e ignorantes. El exitoso resultado del barrido intelectual es la prueba contundente de que nada quedó librado al azar o a manos de inexpertos. Siempre fue así.

La remota historia cuenta que hasta Platón destruyó libros y que en 1933, según relata Fernando Báez (director de la Biblioteca Nacional de Venezuela), la quema de libros en Alemania fue apoyada hasta por Martín Heidegger.

En Argentina algunos intelectuales consagrados no abrieron la boca ni escribieron sobre las profusas quemas. Y no fue por ignorancia ya que sabían como ‘fabricantes’ que el libro tiene un valor agregado a su contenido, inapreciable. Un mismo ejemplar aportaba nuevas ideas en cada relectura. La vuelta a la democracia no dio respiro a una problemática que aún persiste por falta de políticas culturales que apuesten al interés y la necesidad popular. La relación entre el lector y el autor perdió fluidez y aún no recupera sus tradicionales índices. Hoy, a pesar de tantos editores rebeldes, las reglas del juego las definen empresas europeas. Biblioclastía pura.

Jorge Gómez es un joven periodista, historiador, dramaturgo y actor en orden cronológico. Como autor de “Biblioclastas” junto a María Victoria Ramos, tiene mucho para contar y lo interesante es que nadie se lo contó. ARGENPRESS CULTURAL lo entrevistó por medio de su colaboradora en Buenos Aires Meriem Choukroun.
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Argenpress: Dice Osvaldo Bayer en el prólogo sobre tu obra “Biblioclastas” llevada a libro: “Es más que un tratado sociológico de Argentina”. Por no quedarse corto agrega: “Los autores llevarán de por vida el mérito de transmitir todo eso y servirse del teatro, ese arte inigualable de dar testimonio de las fantasías de la realidad”.

Jorge Gómez: Me parece demasiado generoso de su parte y lo digo con honestidad. Creo que la obra tomó dimensiones que no esperábamos. Fernando Báez también dijo que se equiparaba con una obra literaria que él recordaba como una de las mejores. Supimos, tal vez, condensar lo que estaba como naturalizado: la discriminación, el terror y todas las aberraciones de la dictadura. También la continuidad, por otros medios, de esta problemática.

Argenpress: La dictadura llegó con los tapones de punta y el impulso nada despreciable de la Triple A. Pero no cabía en la cabeza de casi nadie lo que nos depararía. Menos aún en la de ustedes que recién asomaban al mundo. ¿Qué musas los inspiraron?

Jorge Gómez: Con María Victoria teníamos la preocupación de abordar la falta de pensamiento crítico. Veníamos observándolo en el ámbito docente, en la cotidianidad... También reparamos en el ámbito de la lectura y supimos que los docentes no leen o leen muy poco…. Ese fue el primer disparador. Por otro lado, me interesa el teatro desde la historia porque vengo de esa disciplina. Y como Victoria es egresada de Letras hicimos una buena asociación.

Nos basamos en “Un golpe a los libros” de Judith Gociol y Hernán Invernizzi, editado por Eudeba en 2003. Por primera vez se analizaba la represión cultural de la dictadura, desde un fuerte texto de ensayo que para nosotros devino estructura esencial de la obra. Judith se asombró de que a partir de una suerte de bodoque, según ella, se pudo haber hecho una obra de teatro. El otro disparador fue un libro del prestigioso intelectual venezolano, Fernando Báez, “Historia universal de la destrucción de libros”. Él investigaba la destrucción de libros desde la antigüedad hasta el ataque de Estados Unidos, con la invasión a Irak en 2003, destruyendo su cultura. Fue muy importante porque nos amplió un panorama que ya era fascinante. Ese trabajo le valió la distinción de “persona no grata” en el Imperio. Fue un honor para él y para nosotros también. (risas)

Argenpress: ¡Qué bueno! ¡¡El premio mayor de su vida!! Y volviendo a la obra, es notoria la ironía, el chiste, el absurdo. No debe ser fácil emparejar la tragedia con la risa aunque parece un recurso que abre la cabeza.

Jorge Gómez: Es lo que deseamos. Me interesa el teatro como algo lúdico pero en base a conocimiento y reflexión. La ironía, la gracia. Si bien me atraen los temas duros, pesados, conflictivos como es la historia, me gusta tamizarlos con lo que provoca risa sin caer en el humor facilista. Que la gente se ría pero que al salir del teatro se pregunte ¿de qué carajo me reí?

Argenpress: La obra marca un paralelo entre libro y persona y Bayer lo captó al vuelo en su prólogo: “Se queman libros y ya está. Se prohíbe y ya está. Se lo tira desde aviones al río, y ya está. Videla, sonriente: ‘No están ni vivos ni muertos, están desaparecidos’. Los dos personajes de Biblioclastas son así. Pero también son dulces y aman a un pajarito, hasta las lágrimas. A los libros hay que darles picana, como a sus autores.”

Jorge Gómez: Tal cual. En la obra marcamos en todo momento una identidad libro-persona. El libro es lo más parecido al ser humano, lo representa por antonomasia ya que está plasmado su pensamiento, que lo diferencia de otras especies. Los libros con vida, la tortura al libro. Un depósito municipal donde los libros llegan para ser quemados como el último eslabón. Sin embargo los personajes de la obra (dos empleados municipales) encierran en sí también a un torturador, pero como persona normal con todo su entendimiento y que además tortura.

Te cuento que lo bautizamos Fénix Gorosito, no como el ave en representación del bien, sino porque el mal también revive. Él muere en la obra pero puede renacer.

Argenpress: Algunas personas opinan que la historia no se repite sino que es la misma. Que te parece si repasamos algunos hitos de la destrucción en aras de cambiar la historia.

Jorge Gómez: En el mismo camino de repasar, pudimos observar la literatura de aquel entonces y lo que vino después. A partir del ‘83 se puede observar diferentes intereses. Son pocos los casos de reedición de aquellos libros censurados o los que corrieron la suerte de Eudeba y el Centro Editor de América Latina.

Eudeba es un caso paradigmático ya que se trata de la editorial de la Universidad de Buenos Aires que fue tomada por el Ejército y rápidamente orientada a publicaciones no críticas del régimen de facto y al gran negocio que hicieron a raíz del prestigio que tenía la editorial. Desaparecieron de Eudeba 90 mil ejemplares en 1977.

La dictadura tenía un plan. En el 10º piso del Centro Cultural San Martín funcionaba una oficina de censuras y se investigaba muy bien a qué intelectuales apuntar. Participaban académicos, editores y profesionales de diversas disciplinas.

Argenpress: Otro caso escalofriante fue la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil de Rosario, donde ustedes presentaron la obra. Es sorprendente el robo cuantioso de cosas y seres ya que en ningún país del mundo se dio esta característica con sus militares. La Vigil sufrió hasta el robo de la lente de su telescopio astronómico y ejemplares de su museo de ciencias naturales utilizados por las bestias para sus ejercicios de tiro al blanco.

Jorge Gómez: Totalmente, la desmantelaron. Se quemaron más de 60 mil libros de su vasta producción editorial. La Vigil fue un centro educativo y cultural sin par.

Otro hito muy grave fue la quema de 24 toneladas de libros pertenecientes al Centro Editor de América Latina, uno de los proyectos editoriales de distribución masiva más extraordinarios.

En algunos casos, cuando se apoderaban de los libros, la misma policía revendía lo incautado a otros libreros y los volvían a incautar para volver a vender. Y así, como la cinta sin fin.

Argenpress: ¿No apareció algún ‘subversivo’ para denunciar?

Jorge Gómez: Algo pasó. La foto de la quema del millón y medio de libros del CEAL en el baldío de Sarandí, existe porque un juez de La Plata pidió que se dejara registro de las quemas, porque los libros volvían al mercado.

Argenpress: ¿No fueron entonces como las quemas públicas de la Alemania nazi?

Jorge Gómez: No, no. Y encima en Alemania el pueblo vivaba a Hitler.

Argenpress: Te invito otra vez al teatro. ¿Tuvieron una aprobación importante previa al estreno verdad?

Jorge Gómez: Sí, totalmente. No puedo dejar de nombrar a Griselda Gambaro que fue como tocar el cielo con las manos. Ella aprobó la obra y nos acompañó muchísimo.

Junto con Pavlovsky (Eduardo “Tato”), Griselda rompió con la línea de dramaturgos clásicos argentinos y eligió la línea del absurdo, del teatro comprometido y político. Y lo hicieron cuando corrían los ‘60 por lo cual los dos tuvieron que exiliarse. Siempre contra el poder en cualquier parte del mundo.

Estrenamos la obra en marzo del 2006 y no dejamos de sorprendernos por el giro que tomó, impensado para nosotros. La prensa fue generosa con sus críticas y la difusión tan necesaria.

Esta brisa a favor nos permitió realizar una gira importante. Fuimos al encuentro de la gente, en salas populares de varias provincias, en universidades y otros espacios que no fueran el teatro clásico, compensando también su imposibilidad de trasladarse a Buenos Aires.

Argenpress: Estuvieron en Bolivia y tienen otras invitaciones, ¿verdad? Lo cual marca que este abordaje identifica a toda nuestra América Latina bajo un mismo opresor.

Jorge Gómez: Es completamente así. Estuvimos en La Paz este año, en el Festival Internacional y en la vicepresidencia de la Nación para un Congreso Bibliotecario.

En diciembre la llevaremos a Mar del Plata con Osvaldo Bayer. Para el 2009 tenemos una invitación de Fernando Báez para presentar la obra en la Biblioteca Nacional de su país.

Argenpress: Ya en la última página, contame cómo pergeñaron el libro “Bilbioclastía” editado por Eudeba. Claramente un libro que muerde.

Jorge Gómez: En el 2006 presentamos “Biblioclastas” en la Biblioteca Nacional y cerramos con el Concurso “Fernando Báez” junto con los integrantes de la Comisión por la Memoria de los Bibliotecarios Desaparecidos. Luego participaron los ganadores con sus tesis y junto con el texto de nuestra obra nació el libro.

Eudeba, la Biblioteca Nacional y CAICYT-CONICET pusieron el dinero para su publicación. Como si esto fuera poco, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares hizo un pedido de compra para que en cada biblioteca del país se pueda leer.

Argenpress: Como para seguir generando movimiento, sé que ya tenés lista una obra para estrenar el año próximo.

Jorge Gómez: Y muy similar a Biblio…. porque está centrada en la idea del contrapoder, del sistema capitalista opresor. Y la planteamos también desde un ámbito pequeño, como si pusiéramos una lupa en la cabeza de una hormiga para ver todo desde ella.

Aún está en juego su nombre: “Memorias del futuro” o “Memorias del agua”. Transcurre más o menos en el 2050 en un gabinete con una persona corriendo, conectada a una máquina purificadora que le proporciona agua contaminada. Luego por sudoración se obtiene el agua purifica, potable. Intervienen médicos, enfermeras y técnicos. El tipo, superexplotado con trasplantes renales llega a un agotamiento de su cuerpo y su tiempo de productividad también. En fin, les dejo el suspenso pero se asemeja a los lagers donde las personas preferían producir como bestias para no ir a la cámara de gas. Por otro lado, la falta de agua será una realidad trágica, porque ya empezó a serlo.

Argenpress: Decía Bayer que el teatro da testimonio de la fantasía de la realidad y me recordó al colega Roberto Santoro, también desaparecido por la dictadura, cuando decía que él era un periodista surrealista porque escribía sobre la realidad del Sur. ¿Te acordás?

Jorge Gómez: ¡Cómo no voy a recordarlo! Su segundo nombre era Jorge, y además ¡¡¡¡era hincha de Racing!!!!

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