
Evaristo Pérez Suárez (Desde Venezuela, especial para ARGENPRESS CULTURAL)
El periodista Enrique Rodríguez Mota, conocido entre otras cosas en la región petrolera del Zulia y su capital, Maracaibo, por varias décadas en la radio y por ser tal vez el único conductor de Tv privada que no se plegó a los episodios del fascismo el 11 al 13 de abril de 2002 ni luego en el sabotaje petrolero en Venezuela, emocionado, me ha enviado por internet una foto donde un futbolista goleador se quita la camisa con otra abajo, luego de golear en la llamada Copa del Rey, en España, para dejar ver al mundo su apoyo a Palestina.
Y ha despertado la fe en la valentía cuando se combate desde el propio monstruo del espectáculo el silencio y la impoluta “asepsia” que el poder reclama.
Se llama Frederic Kanouté.
Una maraña de recuerdos energéticos nos levanta este símbolo de valiente para los niños:
Ante la asepsia declarativa de Pelé o Platini, por nombrar dos maravillosos regateadores y finteros del alto fútbol, años atrás un endiablado zurdito incansable nos fue seduciendo para pasar de la pura invitación a su contemplación, a la curiosidad militante de sus apariciones públicas fuera del engramado.
Entre monstruos sureños dictatoriales, cachorros frente al imperialismo y fieras asesinasadentro, ávidos de poder y vendepatrias, a uno lo que le quedaba en los ochenta era ligar a algún equipo que en fútbol “representara” a la Latinoamérica apabullada en el concierto mundial y por ello nos fue subsumiendo entre tremendismos y loas Diego Maradona, en la melaza excelsa de sus filigranas futbolísticas.
Quienes allí transitábamos de adolescentes a veinteañeros no podemos desprendernos aún de cierta admiración entreverada por el habilísimo 10 venido de las barriadas argentinas. Y aunque en Venezuela 100 años de relación petrolera sembraron el béisbol estadounidense que ya como en Cuba es pasión deportiva nacional, siempre las “colonias” comerciales colocaron el mundial de fútbol en la escena.
Si además buscábamos un concierto de Silvio Rodríguez, un momento de encanto musical con Milanés, la acidísima fuerza de Fania o Palmieri, o salpicábamos las reuniones entre Irakere, Trabuco Venezolano, Yes, Génesis, Gerry Weil o Charli García, hablábamos de las diabladas del “pibe de oro” en un coctel que no podía prescindir de escuchar la avanzada musical popular que se daba en Venezuela y el LP Cigarrón con la gallardía entre panfletaria a metafórica de Alí Primera.
Si pusimos aunque sea un bolívar en “Un Canto Para Chile” o en La canción solidaria con Nicaragua o el Salvador, o seguimos el “Canto para Mercedes” de Alí o su “Canto Oriental” a Viglietti, a Zitarrosa, contra la barbarie fascista de entonces enquistada hacia el Rio de la Plata, y fuimos a un terreno de San Jacinto o a la placita de La Victoria en Maracaibo para “Ver” cómo cantaba un valiente creador llamado Alí Primera y brincar el “Cascabel”, quedábamos extasiados cuando el niño mimado de la mass media deportiva en la irreverencia que hoy le congraciamos, exaltaba para siempre al gran maestro Ernesto Ché Guevara en su tatuada piel, no ocultaba su solidaridad con Fidel y se reunía en los barrios para compartir durante horas fútbol y juguetes con los niños desposeídos de su patria austral.
Por ello recordábamos cuando nuestro profesor y joven maestro cantautor jesuita de Catia, establecido en Barquisimeto, Miguel Matos, y hoy todavía activísimo a favor de la vigencia inclaudicable de la opción preferencial por los pobres y el proceso de cambio venezolano, por todo el país en reuniones de jóvenes hacia una transformación política valiente y la justicia histórica bolivariana y revolucionaria, nos hablaba de su mirada a un JesúsCristo amigo, no castigador, sudado entre el fragor de pescadores, que pregonaba que uno se debía“contagiar” se debía comprometer y “contaminarse”, y cantaba Miguel Matos…:
“quiero beber el agua de los charcos
Subir en bus y oler a catre viejo
Una costra de tierra en el pellejo
Y unas gotas de alcohol entre la sangre…
Voy a hacer una hoguera gigantesca
Con páginas de libros y tesis doctorales
Y me voy a encontrar en los barriales
Con los que hacen el mundo con sus brazos…”
Y entonces, a nosotros el tiempo nos habló de un Maradona quebrado ante el éxtasis, atacado por las mafias, alcanzado por las drogas…
Pero también de un Maradona que no sucumbía del todo a la cartilla del poder del mundo, un Diego Maradona también del contrapoder y presidiendo metros de espacios en los periódicos del mundo en una órbita contradictoria, delirante, paróxica, maravillosa, comprometida e impura…pues entre sus abismos nunca perdió la conexión abrazada a un sentido de justicia social y de inclinación al contrapoder…a la cultura irreverencial de la valentía…
Y hoy como habitante de un mundo irreversiblemente fustigado por la “sociedad del espectáculo” ya asomada por los pensamientos de Guy Debord en 1967…observo vivo el contrapoder cuando este jóven futbolista de francesa nacionalidad, pero que en honor a sus padres y su cultura decidió jugar para su tierra ancestral: Malí.
Este Fréderic Kanouté que también ha pecado con el “pecho de Dios”:
se niega a ponerse en la franela logos de casas de juego, creó una fundación y está proyectando la Ciudad de los Niños cerca de Bamaco, la capital de Malí, donde se dará ayuda a los niños huérfanos o desvalidos y contará con un orfanato, un centro de educación y formación, un centro de salud y un campo deportivo, llegó a invertir 700 mil dólares para comprar la mezquita de Ad Dawa, que iba a ser cerrada, lugar de reunión religiosa y social de la comunidad musulmana de Sevilla.
Mientras el imperio cultural de la comunicación falsea y miente resistiremos.
Mientras el cantar de gallos quiebre el alba, resistiremos creando.
GRACIAS KANOUTÉ, POR VOS SABEMOS QUE LOS SÍMBOLOS CULTURALES QUE HOY PRESIDEN EL MUNDO AÚN RESISTEN.
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