sábado, 31 de enero de 2009

El traje rebrillado de César Vallejo


Edgar Borges (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La escritora Laura Restrepo dice sobre la precaria situación económica que el poeta César Vallejo vivió en París que “pese a su nombre de emperador romano fue indio y pobre hasta la raíz del pelo, con su traje rebrillado a punta de plancha.” Y lo del traje rebrillado me ha quedado en la memoria como un dardo. Es el dardo social, ese del que todos formamos parte, aunque a veces no nos demos por enterados.

Vallejo se fue de su Perú a sufrir y morir en París; no porque no sufriera (y viviera) en su tierra, sino porque la capital francesa ayer-como hoy-ha iluminado los sueños de muchos escritores. Como también llaman Berlín, Madrid o Nueva York. Ciertas ciudades, como espejismos, convocan a dar el salto. Y los poetas, en un intento de fuga interior, aceptan la invitación y dan el paso dispuestos a descubrir los infiernos ajenos.

Vallejo vivió y murió pobre (y hambriento, falto de comida, no de poesía) en París; todavía su cuerpo permanece en el cementerio de Montparnasse con más pena que gloria. Sospecho que la grandeza de su obra aún circula por los subterráneos tanto europeos como latinoamericanos. Y eso no debe extrañarnos en estos días donde reina el menosprecio (y la frivolización) a la sensibilidad. Enrique Vila-Matas me decía que “hemos enterrado bajo capas de tierra todas las rosas del mundo. Quienes intentan rescatarlas (a las rosas) a través, por ejemplo, de la poesía, lo pasan muy mal.”

Y muy mal lo pasó César Vallejo (“Hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé.” Los heraldos negros), devorado por la miseria de la superficie. Y por los subterráneos siguen transitando muchos poetas en este siglo XXI del desarrollo tecnológico. Poco ha cambiado el trato que se le da a los artistas. La maldición sigue pesando sobre sus almas sensibles. Incluso, corren tiempos más duros para el ejercicio artístico libre. ¿Cuántos, como Vallejo, no estarán descendiendo a los infiernos de la sobrevivencia por no aceptar maquillar su talento con las tendencias editoriales de moda? Otros, como Rimbaud, tal vez opten a la fuga. Saramago asegura que “cuando se ridiculiza la bondad la única conclusión es que se justifica la delincuencia.” Y por algo, cada vez más protagonizan las noticias los monstruos sociales y no los poetas. No imagino un noticiero que entre sus titulares incluya que el 19 de enero se conmemoró el bicentenario del nacimiento de Edgar Allan Poe; o recomiende “El jardín devastado”, la nueva novela de Jorge Volpi, o destaque la utilidad de las palabras de Vila-Matas (las conversaciones privadas sólo interesan cuando pueden dañar). Qué difícil (parece ser) es informar (o educar) para la sensibilidad. Sin embargo, muy abajo, entre ratas, cucarachas y mendigos (el hombre siempre de último, como en las noticias), la belleza continúa buscando su espacio natural: la vida.

Edgar Borges es venezolano reside en España.


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