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Astor Piazzolla (Mar del Plata, 1921-Buenos Aires, 1992) es uno de los más grandes íconos de la música de tango. Un revolucionario del tango, sin dudas –"su música no es tango", para los tangueros clásicos – pero incuestionablemente: un talentoso como pocos de la música rioplatense.
"Si, es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores que me atacan no lo entienden ni lo van a entender jamás. Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos", declaró Piazzolla en 1954.
Bandoneonista virtuoso y compositor de alto vuelo, de joven demostró ya su talento haciendo arreglos para la orquesta típica del afamado Aníbal Troilo "Pichuco". Cuando dio rienda suelta a su creatividad sorprendió a todos con un estilo nuevo, "raro" para los parámetros clásicos de la música tanguera. De ahí las resistencias que encontró por años. A ello respondió Piazzolla diciendo que lo suyo era "música contemporánea de Buenos Aires".
Mantener la estéril y pueril discusión sobre si su música es o no tango resulta ocioso. De lo que no cabe la menor duda es que su obra es de una gran belleza, de una profunda inspiración, y hoy por hoy es una de las expresiones más representativas de la música popular porteña, devenida ya símbolo mundial de Buenos Aires.
Aquí ofrecemos una pequeña muestra de su dilatada creación: "Adiós Nonino", su obra principal; “Prepárense” y “Verano porteño”.
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