viernes, 6 de febrero de 2009

Durante el día todo parece normal, con la noche llega el miedo

Raúl Centurión

Madre dónde andarás. Pasaron tantos años y aún recuerdo el escalofrío que me producía el ensordecedor silencio, me hacía temblar, ¿o era la cama la que se movía?

Con la luz del sol, llegaba el coraje y miraba debajo de la cama de hierro, una vetusta armazón antigua como la casona, imposible de mover para un niño, abajo un piso de madera lustrado y algunas marcas parecían hechas por garras afiladas.

Recuerdo una noche, no podía conciliar el sueño, mi vista se había acostumbrado a la oscuridad del cuarto, quería mirar hacia el suelo pero el miedo me lo impedía. Cuando junté suficiente valor giré la cabeza hacia la derecha y me pareció ver una fugaz imagen que se escondía debajo del lecho. Mi corazón quería escapar de mi pecho, apreté fuerte los ojos luego me levanté y salí corriendo del cuarto en busca de mi madre.

Los esfuerzos que ella hacía para consolarme eran en vano, de día corría la vieja cama para demostrarme que todo era producto de mi mente. Yo me consolaba pero al caer la noche mi mente me traicionaba.

Esa noche mis ojos estaban muy abiertos mirando el techo cuando una apenas visible sombra se movió y se deslizó por la pared para ir bajando y bajando hasta llegar al piso, mis ojos la siguieron hasta que llegó mis pies, cuando me acerqué la misteriosa sombra desapareció bajo la cama. Fue así como otra vez salí corriendo en busca de protección. Mi madre cansada, se recostó junto a mí, se cepilló el cabello, luego colocó su vincha, y nos dormimos. Al cabo de algunas horas creí escuchar algo me desperté y comprobé que mi madre ya no estaba, la busqué en su cuarto y nada, por toda la casa sin obtener éxito. Volví llorisqueando a mi cuarto con cierto temor miré debajo de la cama y hallé la vincha de mi madre.

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