viernes, 6 de febrero de 2009

El arte de barro


Jorge Zavaleta (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las ciudades peruanas de Chulucanas, Huamanga, Cusco, entre otras, lideran en este siglo la extraordinaria transformación del barro hasta convertirlo en un arte que más nos acerca y revela la trascendencia de otras actividades como la planificación y el diseño urbano, la arquitectura y la construcción de edificaciones de amplios sectores populares.

En efecto, la obra promotora de la artesanía del arquitecto Guillermo Benvenuto Raffo, a lo largo de casi medio siglo, es un homenaje a los alfareros, en especial a las mujeres, madres, campesinas que alternando con otros oficios, trasmiten los sueños y sentimientos a las nuevas generaciones.

Benvenuto, peruano de nacimiento, en su reciente libro “El barro transformado en arte” busca “motivar a más personas en el conocimiento y admiración por la cerámica”, porque considera que es una de las actividades que más ha contribuido y facilitado el trabajo de arqueólogos, historiadores y de la propia arquitectura.

Para enriquecer su espíritu, Benvenuto, “vive y respira el arte en barro tanto en su hogar como en su centro de trabajo”. Recordando a Arnold Hauser, el gran estudioso alemán de la historia social de la literatura y el arte, explica que la veneración por el pasado es posible que tenga sus raíces en la solidaridad familiar y tribal, o en el afán de las clases privilegiadas de basar sus prerrogativas en la herencia. En el hombre persiste aún la fuerte convicción que lo mejor tiene que ser también lo más antiguo.

En la cerámica entendida como el medio más versátil para expresar la magia de los sueños y sentimientos de los pueblos, Benvenuto señala que el paso sustantivo en la evolución de la alfarería se da cuando los objetos pueden perpetuarse mediante la aplicación del fuego.

Una breve cronología. A través de una exposición fotográfica de ceramios o huacos, el autor informa que las primeras evidencias del uso de la arcilla en el Perú se encuentran en la fase Mito de Kotosh, en el recinto Templo Blanco, Huánuco, hace más de 4000 años. Luego recorremos los diferentes valles de influencia de la cultura Wari, Paracas, Vicus, Mochica, Nazca, Huaylas, Tiahuanaco, Huari, Chimú, Lambayeque, Chancay. A lo largo de los siglos XIII y XIV florecen las culturas regionales con grandes ciudades como Chan Chan, Paramonga y Ancón.

Alrededor del siglo XV llegan los Incas, estableciendo el Tahuantinsuyo, por un breve período de siglo y medio, con su capital el Cusco y ciudades monumentales como Ollantaytambo, Machu Picchu, Sacsayhuaman, conocidas aún parcialmente.

La cerámica está ligada también al arte textil, cuyas asombrosas técnicas aventajan en calidad las producciones actuales. El descubrimiento de las tumbas de Sipán, demuestran los secretos de las aleaciones de oro y plata, oro y cobre y cobre y plata.

Llegamos al siglo XX. Los movimientos culturales y costumbristas de los años 40 ponen de relieve la artesanía popular. Es el caso de Pukará, en Puno, con el “Torito de Pukará”, una expresión de sincretismo peruano-hispano. Igual tendencia se observa con las Iglesias de Huamanga y los Retablos de Ayacucho. De otros lugares destacan las mantas bordadas, los tejidos de alpaca, los tallados de madera y una diversidad de manifestaciones de artesanía, con la eventual participación del gobierno local y nacional.

La temática de la cerámica peruana es variadísima. Los músicos juegan un rol especial en las actividades culturales y agrarias, porque promueven danzas, cantos y escenificaciones, en fiestas multicolores. En el tema religioso están los nacimientos con imágenes de la virgen María y de Cristo, motivos de adoración de los pobladores “que invocan pequeñas soluciones a sus grandes problemas, como alternativa a lo que el Estado y la sociedad no pueden aún hacer por ellas”.

La cerámica en la Arquitectura. “La expresión plástica conseguida en los centros poblados andinos ha contribuido a que esa arquitectura sea motivo de inspiración popular en general y para los ceramistas en particular”.

En los últimos años, se aprecia que la temática de la arquitectura es trabajada por los ceramistas de Huancayo y Cusco, inclusive con talleres en Lima, más allá de las representaciones de iglesias y edificaciones. De la Región Ayacucho, Benvenuto recuerda su paso por la localidad de Quinua, donde conoció de cerca el trabajo de los ceramistas, en particular del Taller Inka Chaka, que cuenta con una sucursal en Puente Piedra, de la familia Huamán – Gutiérrez.

Como corolario, es muy importante destacar al artesano, como persona. Y la lista definitivamente es larga. Con esa atingencia, el autor revela fundamentalmente los aportes de Edilberto Mérida, del Cusco, de Leoncio Tineo, de Huanta, y sobre todo de Gerónimo Sosa y Max Inga, de Chulucanas, ciudad de Piura, cercana a la frontera con el Ecuador.

La cerámica de Chulucanas es de excelente manufactura, bello colorido y carácter propios, que, sin duda, seguirá conquistando mercados locales e internacionales, porque esta escuela pone en evidencia su excelente potencial cultural y económico para el desarrollo de esa región. Además, y es ejemplo para proyectos de re asentamiento como el de la ciudad minera de Cerro de Pasco, cuya supervivencia estaría asegurada con la diversificación de sus actividades.

Volviendo a Hauser, las premisas para mitigar el monopolio cultural, son ante todo, económicas y sociales. Por ello, Benvenuto invita a convivir con la alfarería nacional, y plasmar la concurrencia de esas dos premisas de la que nos habla Hauser.

El libro de Benvenuto, nos indica, en síntesis, que el pasado y el presente, es decir los sueños y los pensamientos de los pueblos, se dan de la mano a través de las mutuas relaciones.

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