sábado, 25 de abril de 2009

Salgo a caminar… Homenaje a Armando Tejada Gómez a los 80 años de su nacimiento


Miguel Longarini

Corría el año 1929 y por esos tiempos, comienza a caminar la vida Armando Tejada Gómez, uno de los tantos niños pobres de nuestra Argentina, en años de extremada escasez de igualdad y abundante falta de oportunidades.

Un día 21 de abril fue parido como sus 23 hermanos. Tal vez ese día doña Florencia Gómez, con algo más de costumbre y menos temor de madre primeriza, le ofrendaba un hijo más a la patria.

Su padre Lucas Tejada, que era tropero, quizás se encontraba arreando ganado en ese otoño del Cuyum Huarpe o País de las Arenas, tratando de hacer su oficio cuando a orillas del zanjón Guaymallén mendocino, una de sus raíces, lanzaba ya, un primer grito de libertad que quedó dando vueltas, entre la mirada sorprendida de la comadrona.

Nadie supo por qué ese niño de La Media Luna, andante de greda y horizontes desiertos pudo, armarse de viento y arremolinarse en el tiempo.

Debe ser un hijo de Hunuc Huar (Dios de la Montaña), solían decir quienes habían puesto interés en la forma de hacerse espacio que iba teniendo el chiquilín, que por pertenecer a una familia enorme, había sido ubicado con familiares en el campo, para aliviar la olla, que en la casa de los Tejada, como en la de tantos criollos, no alcanzaba pa’ tanta panza con hambre. Allí correteaba este pequeño ayudando en las tareas y aprendiendo unas poquitas letras de la mano de su tía Fidela Pavón, hasta que la vida le creció en alas y comenzó su etapa de hacer el día; de aprehender la vida.

Sus cumpas de los distintos oficios, los de la calle, los de alpargatas de uña sonriente le habían echado el ojo para la pelea tanto con los puños, como con la palabra. Vaya si supo vistear al enemigo y acertarle un verso en plena jeta, que dolía más que cien trompadas al hígado. No era casual, dado que el Armando “El Negrito de la Medialuna” lanzaba sus poemas que decía en las esquinas; en los boliches de vino obrero; en los ranchos de buena muerte…

Hasta que llegó el día en que la poesía lo vistió de “poeta de los pobres” y así, armado de palabras, lo presenta en sociedad cruzando los umbrales de la clase instruida y elegidos de la época. Ahí se le reconoce su mirada distinta en saber apreciar el poder que otorga el sentirse intelectual o saberse poseedor de un mandato de los sin voz; de los des-heredados de la tierra. En esa juventud aparecieron sus primeros libros, que luego fueron premiados por siempre. Todo de golpe se le entremezcla a este hombre hecho desde el suelo mismo que pisaba: Su trabajo de albañil, canillita, locutor y sus amores inclaudicables. Eso que había sido inalcanzable como la lectura de los grandes de la literatura; el mundo de las letras y el orgullo inalterable de su origen huarpe, además el de ser hijo de la tierra y hermano de los desposeídos del mundo.

Imparable en su mirar y ver, siendo muy joven y padre ya, entiende que la política debía agregar voces nuevas con sangre hecha desde el barro del pueblo y se integra a un espacio en la legislatura mendocina como diputado, cargo que honra a sus compañeros con su laboriosa coherencia y marcado compromiso. Luego comienza la marcha hacia la gran metrópolis, los recitales, sus canciones cantadas por la gente, su militancia gremial y social. Su irrupción en un nuevo formato innovador de la canción popular, sus ediciones de poemarios y novelas como Dios era Olvido, premiada en Bilbao - España y agotada como toda su obra. Vale recordar los años “Bajo estado de Sangre “tal como él llamaba al período de la larga dictadura genocida, que prohibió hasta su silencio.

Dueño de una personalidad arrolladora y brillante capacidad de asumir los roles que se le presentaban, entre los que se encontraba el de ser padre/hermano de tantos hijos/hermanos que la vida se encargó de poner en él, para quienes compartió con TODOS su corazón de viento y su voz de campana.

Hasta aquí, he tratado de describir resumidamente los distintos pasajes de uno de los máximos referentes que tenemos quienes así lo consideramos a nuestro Armando Tejada Gómez, poeta fundamental de la provincia de Mendoza quién, estos días anda de calendario, recordando que se cumplen 80 años de su alumbramiento.

Es de festejar con vino y canto esta fecha; también es siempre necesario su presente y de buen hijo recordarlo.

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