viernes, 29 de mayo de 2009

Algo de música: desde la provincia de Corrientes, el chamamé


ARGENPRESS CULTURAL

Para una visión clasemediera y racista del ciudadano medio de la ciudad de Buenos Aires, lo que viene del interior del país tiene el sabor de “atrasado”. “Civilización y barbarie”, el falso dilema que planteara un liberal europeizante como Domingo Faustino Sarmiento a fines del siglo XIX, sigue estando presente: por supuesto, la capital representa la civilización. De más está decir lo que, para esa cosmovisión, significa el interior, con su piel morena y su elemento indígena como raíz. En esa lógica, hay una música que por antonomasia se liga con el interior criollo, “no civilizado”, representación obligada de lo popular (faltaría agregar: maloliente y de mal gusto). Nos referimos al chamamé. Al menos, así fue por años; hoy, eso ha ido cambiando algo.

El chamamé es un género bailable surgido en la región mesopotámica, especialmente en la provincia de Corrientes (la que tiene a nivel nacional el mayor porcentaje de población rural), hoy día extendido por una amplia zona que llega incluso al Paraguay y sur de Brasil, muchas veces cantado en guaraní, una de las pocas lenguas indígenas originarias que se conserva con toda su vitalidad en el territorio argentino.

Puede tener un ritmo alegre y animado o, por el contrario, ser triste y sentimental.

Su conformación musical se ubica hacia fines del siglo XIX, cuando en el acordeón de dos hileras de “cantos” y ocho bajos traído por los inmigrantes europeos, fundamentalmente colonos alemanes –conocido popularmente en territorio argentino como “verdulera”– llegó a la provincia de Corrientes. Así, y en combinación con la voz humana junto a otros instrumentos como el bandoneón, el contrabajo y las guitarras, se terminó por definir el sonido de esta peculiar música, sin dudas única en su género. Música que, si bien remeda en sus formas la polka europea, desde su nacimiento fue apropiada por los sectores populares rurales, pasando a ser su expresión más acabada, infaltable en las “bailantas”.

Como decíamos más arriba, hoy día esta visión excluyente del chamamé ha tenido algún cambio, en la medida en que nuevas corrientes musicales lo han ido incorporando y acercando a propuestas estéticas alternativas. Pero en su forma tradicional (de la que aquí presentamos algunos ejemplos) sigue siendo el estandarte de los sectores más populares del país, rurales y urbanos pobres –ya no sólo de la región litoral–, en muchos casos incluso de áreas marginales.







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