
Rodolfo Bassarsky (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)
Hace 10 años que no nos vemos. ¿Cómo estás, Alicia?
Soy un espantapájaros. Estoy ajada, arrugada, tiesa. La artritis y el sufrimiento continuo y prolongado me arruinaron. Es un canalla vil, se ensañó conmigo y no se detuvo hasta verme desahuciada. Goza con el espectáculo patético de mi aspecto ruin. Sádico maquiavélico que hiere con una endiablada habilidad para que parezca que no lastima. Que daña en profundidad aparentando auxilio. Que roe por dentro como un golpe de microonda que afecta el centro sin modificar la superficie. Es una bestia, ansiosa de una lucha desigual. Con la fuerza de sus músculos y el poder de su dinero logró reducirme a la lamentable condición que exhibo. Mi alma destrozada deambula por mundos sombríos: paisajes infernales que logran hacerme olvidar la vida y me aproximan a la muerte. Él es un Lucifer cuyos extendidos miembros se enroscan en mí, me atrapan y aprisionan como lazos de infinitas cadenas opresoras que hacen imposible la liberación.
Soy una esclava sufriente, enferma, terminal. Obviamente inútil. Un desperdicio despreciable. Soy la viva representación de la muerte. Tengo frías hasta las palmas de mis manos. Mi mirada ojerosa, mis pelos grises, mis pómulos huesudos y mis labios inexpresivos, delatan la crueldad del castigo del que fui y soy víctima inocente. Tiemblo sin temblar, un estremecimiento fino que apenas se percibe, me invade de manera continua, perturba mi sueño y limita mi vigilia.
Siempre caigo y caigo en mis pesadillas. En la oscuridad o en el fuego abrasador. En ocasiones atravieso extensísimas llanuras yermas en el preciso momento en que refulgen relámpagos, caen rayos por doquier y la tormenta cerrada me ciega y me empapa. Un refugio lúgubre me salva parcialmente. Despierto sudada, asustada y palpitando.
Estoy sola, desamparada y sin amor. Con un odio que todo lo abarca, indiscriminado. No contengo la pulsión por odiar. Hasta odio el mundo inanimado. No soporto a las personas y las odio como a las cosas. Quiero destrozar, incendiar, matar. Pero me inmoviliza el horror y la depresión. Vivo – si esto es vida - en el horror y el miedo. Me convertí en una maníaca perseguida que quiere huir y no puede.
Canto a veces viejas canciones tristes de mi infancia, un esparcimiento mínimo. Canciones que aluden a desgracias. Que evocan sufrimientos de seres sin fortuna ni destino. Antaño arrancaba vivas y estimulantes melodías de mi flauta dulce. Hoy fluyen lamentos, reclamos desesperados de un poco de luz, que nadie atiende.
Me arrastro dentro de una cueva baja e interminable. No puedo regresar. No puedo incorporarme. Repto con el vientre rasguñado y sangrante. Otras veces soy un pájaro herido que no puede volar. O una perra pulguienta y famélica.
Estoy impaciente por el final pues ni un débil destello ilumina mi camino.
II
Alicia puso fin a su silencio de 2 minutos durante el cual miró fijamente a los ojos de su amigo de la adolescencia que no veía hace 10 años y le contestó:
Yo estoy bien. ¿Y vos cómo estás?
El Cadillac me está rateando en baja y el tonto del chofer es incapaz de cambiarle las bujías. El capitán acaba de informarme que se quebró la pata de una de las 8 literas del yate. Y el jardinero me cuenta que este año nos quedamos sin tulipanes negros.
Mi hijo me muestra las calificaciones del Bertrand Russell High School con un mediocre 7 en Corrientes filosóficas del Medioevo eslavo. Ayer un imbécil arrojó una colilla encendida en la moqueta de la Gerencia y me la quemó justo sobre la imagen de San Jorge y el dragón.
Hubo un descenso de 0,03% de las ventas de pólizas en octubre aunque parcialmente compensado por un discreto aumento de las primas y el repunte del valor de las acciones en la Bolsa.
El Partido Conservador Liberal sigue firme en las encuestas y mantiene la mayoría absoluta en el Parlamento pero ayer perdió el Ayuntamiento de Ojos de Ternero, una localidad ganadera de 1350 habitantes. Ganaron los zurdos del Partido Socialista Moderado de Ojos de Ternero.
No puedo creer que la fatalidad se haya ensañado conmigo y todas las desgracias del mundo hagan tambalear mi estabilidad.
Me saco de encima este adefesio que tengo enfrente y me voy corriendo al Ancient Irish Coffee Bar and Pub al encuentro de mi fiel amante Deborah.
III
Jorge rompió el silencio de 2 minutos y dijo:
Mirá Alicia, estoy pasando por un mal momento. Todas las desventuras del mundo caen sobre mi cabeza y me atormentan. Una maliciosa confabulación de hechos desgraciados. Nunca en mi vida tuve que enfrentar simultáneamente tanta dificultad.
No estoy bien, Alicia. Pero sabré salir ileso de este lodazal en el que aún no me hundí del todo. Los hombres emprendedores no nos damos por vencidos fácilmente. Deseame suerte, querida amiga. Me alegro de verte bien y tan hermosa como siempre.
Jorge le dio un beso y un abrazo a Alicia y se alejó attaché en mano, a paso firme con la intención de superar su infortunio.
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