viernes, 29 de mayo de 2009

El cáncer de las piedras


Gustavo E. Etkin (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Sé que escribir esto es peligroso. Y también leerlo.

Aparentemente podría haber sido algo de aquella freudiana sexualidad infantil. Y querer saber cómo se hacen los chicos. De donde vienen. Quien los hace. Curiosidad. Siempre le dijeron que los traía la cigüeña. Cuando tenía once años su madre quedó embarazada de su hermano. Ahí volvió a preguntar: -¿Entonces vino la cigüeña? ¿Y cómo entró en la barriga? Los padres se miraron en silencio y después le explicaron cómo era. Científicamente. Los espermatozoides, los óvulos. Fue una cierta decepción.

También siempre quiso saber que era, cómo era la muerte. Que es morirse. Cuando chiquito quería saber qué era ser un muerto. Una vez, en el dibujo de una historieta vio alguien que parecía dormido sobre un piso de piedras. Otros dos a su lado decían: - “Está muerto”. Entonces un muerto era eso. Alguien que se quedaba quieto acostado en el suelo, como durmiendo, boca arriba, los ojos cerrados. Pero después, cuando iba a la peluquería, mientras esperaba leía esa revista donde siempre mostraba crímenes, asesinatos. Accidentes. Y muertos despatarrados, en cualquier posición, con sangre en la nariz y en la boca. ¿Entonces un muerto también podía ser eso? Y otra vez: ¿Qué era la muerte?. La vida, ya sabía que aparecía porque los padres cogían. Padres que también podían ser cualquier mamífero.

Perros, gatos, jirafas, leones. O bichos. Las plantas no necesitaban coger. Se reproducían solas. Pero la muerte, ¿qué era la muerte? Dejar de vivir, claro. Hasta que se enteró que después el cuerpo se podría. Por eso enterraban a los muertos. Olor a podrido. Gusanos, y al final, el esqueleto.

Tal vez por todo eso entró en la facultad, pero no para recibirse de biólogo. Entró sobre todo para estudiar biología. Para saber, científicamente, que es la vida. Y ahí estudió biología animal, vegetal. Marina. Ambiental. Celular. Genética. También Teoría del Conocimiento y Filosofía de la Ciencia. Para saber que era todo eso. Sin embargo todo era solo estudio, identificación, clasificación.

Se recibió de biólogo. Pero seguía queriendo saber que es la vida. Cuando empieza. Ya no en las barrigas, claro. En la tierra y en el mar. Como pasa lo inanimado a lo animado. Anima. No alma. Como algo empieza a vivir. Como aparece la vida sin que un dios lo quiera. Fue por esa época que empezó a adorar a Dionisios. Y se hizo holístico. Amaba la vida. Y se especializó en biofísica.. El estudio, el pasaje de lo inanimado a lo animado, de la materia a la vida.

Todo eso me lo fue contando poco a poco, entré café y café o algún vermouth, en algunas noches cuando, a veces, lo encontraba en aquel café, después de trabajar.

Mujeres, muchas. Buscaba en ellas la vida. No su espíritu. No su alma. Solamente su belleza. Las formas de sus cuerpos. La suavidad y el color de sus pieles. Culos. Tetas. Pero no solo eso.

–Mira esa mina, me decía a veces. Y trataba de imaginar como serían los olores de su cuerpo. Sus sobacos. Su concha. Su culo. – Porque cada una por ahí tiene olores distintos, me decía sonriendo con los ojos brillantes. Algunos más dulzones, o algo ácidos, o casi nada, solo un poquito....

-¿Por qué te gustan tanto sus olores?

Como la forma de sus cuerpos, la suavidad de sus pieles.....son resultados, efectos, productos de procesos, de cosas que pasan dentro de ellas...Intercambios. Metabolismos. Líquidos que corren, que entran y salen...Hormonas. Millones de catálisis microscópicas, vidas celulares, que tienen átomos que giran, se mueven....Misterios de vida en cada cuerpo, ¿entendés?, me decía entusiasmado, sonriendo.

Como en las conchas, concordé.

Se iluminó su cara.

¡Eso, eso...! Y allí más todavía, porque ¡¡¡cuando se calientan se les moja...!!!. ¿Entendés? Es un juguito, una agüita que viene de hormonas, de glándulas. Y eso solo porque se calientan....

Pidió un vermouth y empezó a recordar.

- .....a los quince años tenía una noviecita, también de quince.....lo único que quería con ella era tocarle la conchita. Meterle la mano bajo la pollera, llegar a la concha, y ahí escarbarla, recorrerla, cada vez más mojadita....Y el clítoris durito y todo mojado....Ni siquiera me importaba tocarle las tetas. Solo el agüita de la concha. Para mí era un misterio, algo lindo esa agüita.....

Y sonrió con cierta nostalgia.

Hasta que un día lo encontré en aquel café, La Paz, sentado solo en una mesa, con un café. Estaba diferente. Muy serio. Triste. No miraba las mujeres, todo a su alrededor, como siempre. Me acerqué.

¿Estás bien?, le pregunté preocupado.

Siempre estoy bien, me respondió con una triste sonrisa irónica.

¿Querés hablar?, le pregunté.

¡Federico!, llamó a aquel mozo de La Paz. Le pidió un vermouth. Lo tomó despacio, poco a poco, callado.

Hay palabras peligrosas. Peligrosas para decir. Y para pensar. Las ideas de esas palabras.
Por ejemplo vida y cáncer....por lo menos, para mí.

Cáncer, puede ser. Pero vida....No entiendo. ¿Cuál es el peligro? ¿Por qué vida podría ser una palabra peligrosa? Claro que sos biofísico....Para mi vida es vida. Y cáncer quiere decir muerte. O posibilidad de muerte....

Es que el cáncer también es vida. Mucho más intensa. El cáncer es vida desordenada. Una vida dentro de la vida. La única diferencia es que esa vida, ese exceso de vida que aparece en la vida dentro de la vida, no como los microbios que vienen de afuera, ese exceso de vida se reproduce demasiado, en todos lados, sin orden. Una vida loca y desparramada....

Tenía razón. Le pregunté despacio, mientras tomaba el café:

¿Tenés cáncer?

No. Pero me animé a pensar una cosa. Ese exceso desordenado, de vida obviamente aparece en otro orden que también es de vida...

¿Pero sabés como se origina la vida, de donde viene?

Para las religiones, con una historia u otra, de la palabra de dios. De su intención. Su designio. Su querer. Hay vida porque dios quiere.....

Claro, ¿pero quien quiso que exista dios?

Pregunta irrespondible, me respondió sonriendo. La vida, siguió diciendo, viene de los minerales. De la arcilla. De los cristales. Los cristales crecen, se reproducen, pero sin sexo. Solo como los mismos cristales. No mueren ni se alimentan de nada. Pero de pronto hay un defecto, una imperfección en su crecimiento, y ahí aparece la vida. Y deja de haber cristales. Empieza a crecer algo de otra forma. Aparecen las células. La división celular. La vida vegetal. Animal. La diferencia de sexos. Y nosotros hablando en éste café, terminó de decir sonriendo.

¿Y cuál es el peligro de pensar eso?, le pregunté extrañado.

....Bueno....no exactamente eso....eso ya se sabe....fue así, es así, sigue siendo así. La cuestión no es esa.....

Tomó un trago. Toda la copa.

Estuve investigando. Buscando. ¿Pensaste alguna vez que la vida podría ser otra forma de cáncer?, me preguntó.

¿Cáncer en donde? Porque por lo que dijiste, el cáncer es vida desordenada, excesiva, dentro de la vida ordenada, orden genéticamente transmitido....
¿Y si fuera un cáncer dentro de otro cáncer?, me dijo.

¿Y quién sufriría ese cáncer, donde sería?

En las piedras. En los cristales.....La vida es una enfermedad de las piedras, ¿entendés? ¿¡Entendés...!?, repetía desesperado. Una imperfección....un trastorno....antes era la paz de los minerales....

Claro, intenté bromear....por eso estamos en La Paz....

Pero después me callé. Quedamos los dos en silencio.

Es peligroso pensar eso, reconocí. Si esa fuese la verdad....los pajaritos, el canto de los ruiseñores y los jilgueros.... los bosques verdes, el pasto....el olor y el color de las flores....la piel suave de las mujeres lindas, sus hombros chiquitos, sus tetas, sus culos....los lindos bebitos recién nacidos....todo eso...serían formas de cáncer.

Si esa fuese la verdad....., ¿sería aguantada?

Si esa fuese la verdad, sabida, reconocida y aceptada finalmente por toda la humanidad.....habría millones de suicidios....porque todos querrían curarse, querrían la paz.... ser minerales..... Sería una especie de revolución, se me ocurrió.

¡Ah!, la revolución.....me dijo. ¿Te acordás?

Recordé. Era una religión. A uno lo miraban fijo, seriamente, y le preguntaban: -¿Vos crees en la lucha de clases? Y la certeza del triunfo: –Es inevitable, compañero, se decía seriamente. Era inevitable porque después de la burguesía, dialécticamente, estaba determinado que el proletariado tome el poder. Y después, la salvación, el Hombre Nuevo.

....recuerdo, le dije. Uno creía. Era una religión. Teníamos fe. Todo claro. El mal. El inevitable triunfo del bien. Y después, la salvación...

¿Estás viendo?, me dijo. Ahí las palabras eran muy importantes. Lo que decías....y como lo decías.

Ahí, agregué, y en los casamientos, los juramentos de amor, las declaraciones de guerra....

....en la mafia, completó. Por eso decir, o pensar diciendo que la vida, la misma vida, es una enfermedad, puede ser peligroso.....muchos....muchos....muchos se van a querer matar. Porque morir sería volver a la perfección....curarse de ese tipo, de esa forma de cáncer.....

Nos quedamos callados. Miramos alrededor. En aquel café, La Paz, como todas las noches, los encuentros, las miradas, las sonrisas, y todos conversando, hablando, discutiendo, dando carcajadas. ¿Qué pasaría ahí si supiesen la verdad?, imaginé. Estaría todo vacío y en silencio. Ni mozos habría. Ni Federico.

Sabes....de pronto siguió hablando, ¿te acordás de Empédocles, aquel filósofo griego?

En realidad no era griego....era siciliano....de Agrigento.

-Tenés razón....reconoció. Fue por el nombre....aunque Aristóteles habla de él....por lo menos es lo que dice Diógenes Laercio....que resucitó una muerta....

Y también que se suicidó, recordé yo. Se tiró a un volcán....Dicen que porque estaba borracho....en pedo...agregué tratando de hacer un chiste....

El Etna.....

Si...el Etna...en Sicilia....

Ahí hizo algo distinto. Pidió un cognac. Lo tomó despacio y siguió hablando.

¿Te acordás de lo que decía sobre la verdad de las cosas....la verdad última....? Que eran cuatro. Solo cuatro: el fuego, el agua, la tierra y el aire. ...?será que sabía sobre el origen de la vida, que era una enfermedad...?

....una enfermedad del fuego, del aire, de la tierra....del agua....completé yo.

Pero sobre su muerte hay distintas versiones.....Se dice también que murió de un accidente cuando cayó de un carro....en un camino....

Es verdad. Pero si se tiró al Etna es muy raro.... ¿por qué lo habría hecho?

Tal vez porque buscaba la perfección, me respondió sonriendo mientras terminaba el cognac. En ese caso la perfección en el fuego....aunque también en un volcán puede haber agua...vapor de agua...tierra....minerales....y aire....

Aire en todos lados, dije yo.

El Etna estaba....está en Sicilia, dijo como pensando alto. Pidió otro cognac.

Y fuimos a una fiesta donde nos levantamos dos minas, y después cada uno con su minita a su casa. Y el tiempo pasó. Desde esa noche no lo vi más. A veces lo llamaba por teléfono, pero nadie respondía. Una vez, en La Paz, alguien me dijo que había viajado. Que fue para Italia. A Sicilia.

Gustavo E. Etkin es argentino residente en Brasil.


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