viernes, 29 de mayo de 2009

El detective de sí mismo


Marcos Winocur (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

-Te harás cargo de un asunto que ha dado de qué hablar... a ver, a ver, lo tenía en la mano, acá está: “Los crímenes de la calle Morgue”, toma el expediente. Ten.

-¿Por qué, por qué a mí?

-Porque te tocó, mi rey ¿qué tantas explicaciones te debo dar? Y no me tengas con el brazo extendido como un tarado.

El oficial Poe tomó el expediente y se retiró con los nervios de punta.

Había sido llamado urgente a la oficina del jefe. Comenzó entonces a sudar tentado de no acudir. Pero se contuvo. Y cuando el jefe le tendió el expediente de “Los crímenes de la calle Morgue”, estuvo a punto de soltarle:

-¿Así que ya lo saben?

Pero otra vez se contuvo, no hizo más comentarios y dio media vuelta. De regreso a su escritorio, bebió un vaso de agua y enfrentó la situación. Caso único, detective y asesino son uno. Porque él era el autor de “Los crímenes de la calle Morgue” que debía investigar o, mejor dicho, confesar, o no confesar declarando que no encontró al asesino.

Así, estaba asegurada la impunidad. La anónima impunidad y un tache en su hoja de servicios: no resolvió el caso.

O bien, estaba asegurada la fama y el escándalo: aunque usted no lo crea, soy el autor. Yo he denunciado a yo. Yo... pescador, lanzo mi línea y el anzuelo se engancha en la espalda del saco, recojo el hilo, me he pescado a mí mismo, hago una figura bien ridícula. Edgar Alan Poe se puso a reír, bruscamente quedó serio.

¿Qué hacer?

Volvió sobre sus pasos, se detuvo a tomar otro vaso de agua, y luego se dirigió a la oficina del jefe dispuesto a confesar, sabiendo que éste no lo tomaría en serio. Entonces ¿por qué hacerlo? No habría podido contestar. Tal vez, simplemente, para romper el círculo de tensión nerviosa que le apretaba el cuello. Y sin preámbulos, le soltó al jefe:

-Yo soy el autor de “Los crímenes de la calle Morgue”.

-Otro chiste como ése y quedas cesante.

-De veras.

-De veras que te pongo en la calle. Y ya vete a trabajar.

Poe dio media vuelta y se fue. Parece mentira, el haberme confesado inútilmente a sabiendas, me ha traído tranquilidad. “Los crímenes de la calle Morgue”... Él era el autor y no iba a quedar en el anonimato. Confesaría, pues, sin ningún riesgo: nadie le iba a creer, y punto. En todo caso, escribiría un libro.

Marcos Winocur es argentino residente en México.


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