viernes, 29 de mayo de 2009

La cultura de masas como espectáculo para bobos


Emilio Romero Ele (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Vivimos en al época de la cultura de masas: todos se nivela hacia abajo, todo se torna mercadería de consumo rápido y desechable. El viejo lema romano se impone como norma invariable: pan y circo. Puede faltar el pan, pero no puede faltar el circo. En nuestro tiempo nada perdura, salvo las injusticias sociales, los conflictos no resueltos, los trucos de la política.

Causa una mezcla de espanto y tristeza observar las mil formas de tonterías y de engaños que circulan por las callejuelas del mercado de las ilusiones. Hace un siglo que se habla de cultura de masas como una característica del capitalismo a partir del siglo XX. Una de las características de esta cultura es que en algunos aspectos, sólo en algunos, todo es nivelado para la media, o simplemente para lo fabricado en serie, para lo seriado, inclusive lo humano. No es que haya aumentado la igualdad social, ni que todos tengan acceso en la misma medida al usufructo de los bienes materiales. La clase dirigente continua con sus privilegios, aunque en algunos aspectos consuma los mismos bienes que la gran masa. Al final, los miembros de esta clase son también unos pobres mortales, no importa las ínfulas que exhiban en sus gestos, incluso imponiendo su ley y las reglas del juego a la gran masa; ellos también se comportan como hombre-masa en casi todos los aspectos, no apenas en el trono.

El supremo principio del sistema que comanda la economía, del PCC (primer comando del capital) es que todo es mercadería o susceptible de tornarse mercadería, es decir, algo factible de ser negociado y rendir lucros. Esta es la razón suprema de porque nos tornamos mera masa productora y consumidora, regulada por la ley áurea del PCC.

En las callejas del mercado todo se transforma en mercadería de consumo rápido y descartable. Todo pierde su vigencia en el mínimo de tiempo. Todo es efímero, todo salvo algunos ritos y algunos procedimientos. Para que los negocios prosperen es necesario una renovación constante de los tipos de productos y, principalmente, de sus envoltorios. El coche del año antepasado debe ser substituido por un nuevo modelo. Con el auge de las ciudades grandes se demuelen edificios medios para construir rascacielos enormes, con nuevos estilos arquitectónicos y menor espacio. Todo opera de manera similar.

Basta ver como operan las informaciones transmitidas por los medios. La guerra de Irak, que ya liquidó millares de infelices, con una media de 40 muertos-día, ¿a quien llama la atención en su sentido humanitario? El locutor que transmite las noticias informa esta carnicería diaria en 2 minutos y en seguida comenta el casamiento maravilloso de una artista del Gran-Circo (ese mismo que comenta Kafka en su novela América, 1920). El viejo lema romano se impone como norma cierta: pan y circo. Puede faltar el pan, mas nunca el circo. En nuestro tiempo nada perdura, salvo las injusticias sociales, los conflictos sociales no resueltos, los trucos de la política.

Con el auge de los medios de comunicación visual –en especial la TV- las cosas se tornarán aún peores. Con algunas excepciones honrosas, los programas son montados como pasatiempos baratos y como escándalos entre crueles y absurdos, sazonado con chismes. Ver un programa en vivo en los canales nacionales es asistir a una escuela para bobos e indigentes mentales. El 80% sigue este esquema. El 10% son noticias seleccionadas de acuerdo con las pautas más convenientes de la política contingente. El otro 10% tiene algunos elementos educacionales, además de comentarios críticos.

Lo peor es que los responsables de los medios de comunicación –generalmente grandes empresarios- afirman que ese tipo de espectáculo es deseado por al masa amorfa; es un pobre argumento para justificar tres cosas.

Primero, la falta de creatividad y de compromiso con el perfeccionamiento de la mentalidad colectiva;

Segundo, todo indica que los dueños de los medios de comunicación tienen la intención de mantener el control social, alienando a la masa de los terribles problemas que la condenan a llevar una vida sin destino.

Tercero, están muy conscientes de que la mejor manera de mantener su control es aplicar una fórmula muy simple: ofrecer emociones baratas, mucha payasada en forma de shows, mucho sexo para todos los gustos, versiones simplificadas de las cosas importantes. Para conseguir este objetivo primero inventan una figura fetiche: una persona muy atractiva –mujer u hombre- un artista, un cantante. Esa figura anima el espectáculo. No importa lo que haga en el escenario siempre será celebrado por el espectador…

Me quedo pensando en los periodistas, todos ellos con cursos universitarios, preparados para el respetable oficio de contribuir en la formación cultural e intelectual de su pueblo y luego se deparan con el hecho que la empresa impone a línea a seguir, todo sin mayor discusión. En qué quedará el ideal de esos jóvenes después de constatar que la única alternativa es aceptar los esquemas de gente que precisamente no son periodistas? Los que dictan las reglas son administradores, economistas, empresarios. Pero lo más lamentable es que no se aprovecha el poder extraordinario de la TV como instrumento de educación y de concientización de un pueblo. Apenas un 10% de sus programas tiene algún valor educativo, habiendo canales que no llegan ni siquiera a esa fracción.

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