viernes, 29 de mayo de 2009

La historia

Juan Rosales (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Heredamos los rencores y las lágrimas
de oscuras muchedumbres laceradas
por la codicia y la violencia impunes.
En cada tramo, en cada fibra humana
sentimos la injusticia cotidiana
como un destino fatal, como una trampa.
Todo está dicho, la vida programada:
la tierra repartida entre tahúres
y a nosotros la sangre, las tinieblas,
los ojos atrapados en la nada.

Y sin embargo,
a nuestros corazones condenados
a la aridez, la soledad amarga,
afluyen, como ríos subterráneos,
las fiebres y los sueños olvidados
desde el ayer prohibido que nos llama.
Y entonces la esperanza despereza,
como una enredadera se propaga
juntando las manos y las almas.
Todo resulta nuevo al sol que brilla,
nada está clausurado, nada acaba,
todo está por hacerse, y cada día
es como un niño sonriendo a la mañana.

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