viernes, 29 de mayo de 2009

Una reflexión sobre el hombre como masa y la comunicación (Parte IV)


Ricardo Vicente López (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Es por todo ello, que es necesario repensar los efectos de este nuevo modo de conocer. Pero la catarata de datos que proporcionan los medios, muchos de ellos contradictorios, logran desorientar al receptor con relación a lo que se informa. Y es necesario comprender que muchas veces es éste un efecto buscado. Sólo en aquel receptor crítico y entrenado en la recepción y reelaboración de datos, la información no logra la confusión que produce, con intención o sin ella. Por otra parte, el aporte de los datos canalizados por estos medios, hacen gala de una linealidad simplificadora que oculta la enorme complejidad de la realidad, y los esfuerzos necesarios, en capacitación y análisis, requeridos para una interpretación aproximadamente certera. El contenido de un mensaje, sobre las decisiones públicas por ejemplo, con abundante datos imposibles de corroborar por el gran público, será recibido de manera diferente por el receptor que sigue los vaivenes de la política y está en condiciones de interpretarlos, que por aquel público no iniciado que no puede ubicar el torrente de datos en un esquema mental previo. El mismo mensaje es dos mensajes diferentes. O, tal vez, muchos, como sostiene Umberto Eco.

Debemos preguntarnos ahora, siguiendo la lógica de nuestra investigación: ¿qué son los medios masivos de comunicación? puesto que estamos ubicando el tema en la mediatización. Estos medios aparecieron como una aparatología, una cantidad de artefactos técnicos, que potenciaron la emisión de mensajes en las relaciones con el receptor. Pero debemos reparar en que la comunicación humana es, por supuesto, anterior a esa aparición. No sólo anterior, sino que forma parte inescindible de la constitución de lo humano en cuanto tal. No hay sujeto humano posible sin el establecimiento de una comunicación inter-intra-humana que lo constituya. Esta cualidad esencial para la constitución del sujeto humano, coloca en un primer plano la condición necesaria de una sana y fraterna relación social, para que la persona adquiera la maduración humana necesaria, como la psicología lo ha mostrado con toda claridad. A partir del siglo XIX esa comunicación se vio enriquecida y, al mismo tiempo, entorpecida por la aparición de un tipo de comunicación que posibilitaba convertir al receptor en un sujeto colectivo, es decir masificado.

Debemos hacer, entonces, previamente una breve caracterización de esa comunicación para entrar con más elementos de juicio en el análisis del fenómeno de esta segunda mitad del siglo XX. Es necesario prestar atención a una diferenciación que hace Antonio Pasquali entre comunicación e información. Sobre todo porque en este siglo de fuerte presencia de los llamados medios de comunicación masivos, éstos se caracterizan por una comunicación unilineal y sin retorno. A esta forma de la comunicación este autor prefiere darle el nombre de información. Reservando el término comunicación para aquella relación dialógica, en la que ambos términos del proceso comunicativo se alternan en su papel de emisor y receptor. Por otra parte, en la comunicación humana los artefactos que intervienen deben cumplir un papel lo más neutro posible y no interferir en los contenidos del mensaje, aunque esa interferencia sea meramente técnica. Es evidente que la irrupción de los multimedia, la articulación entre el televisor, la computadora y el teléfono, ha alterado y desbalanceado este juego de las comunicaciones. Para algunos autores la aparición de los multimedia puede parangonarse al invento de la imprenta de Gutenberg a mediados del siglo XV.

Cuando a los medios de comunicación se les agrega la caracterización “de masas” se está definiendo, con toda claridad, su carácter de no ser estrictamente comunicativos sino informativos. Hay un emisor que se dirige al fenómeno moderno de las masas. Este término alude a la despersonalización del sujeto humano, que lo ha convertido en un receptor, más o menos, pasivo de mensajes preparados para ser recibidos por ese “ser colectivizado”. Los medios han podido dirigirse al sujeto colectivo como masa dado que el proceso de masificación fue el resultado de la Revolución industrial que obró en dos dimensiones diferentes, aunque convergentes. Por una parte la aparición de los grandes talleres industriales atrajo a una gran cantidad de hombres, convertidos en mano de obra, a los centros urbanos transformando cantidades importantes de gente en hombres de ciudad. La urbanización destrozó el carácter comunitario de las relaciones interpersonales anteriores sumergiéndolas en un mar de anonimato. La consecuencia necesaria fue un vaciamiento de la persona para convertirla en un sujeto estandarizado. El otro aspecto se desprende de la maquinización del proceso productivo ante la cual el hombre se convierte en un simple servidor de la técnica. Recuérdese aquí la genial caracterización del Chaplin de Tiempos Modernos.

Ver también:
- Una reflexión sobre el hombre como masa y la comunicación (III)
- Una reflexión sobre el hombre como masa y la comunicación (II)
- Una reflexión sobre el hombre como masa y la comunicación (I)

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