viernes, 12 de junio de 2009

El ojo izquierdo de la cabeza derecha


Julio Herrera (Desde Montreal, Canadá. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Incoherente este título, ¿verdad?

Y usted, amigo lector, amiga lectora, que está leyendo éste texto para tratar de encontrar la lógica del título, seguramente se está preguntando si se trata de un feto fenómeno, o de un extraterrestre, o simplemente de la jerga demencial de un “escribidor” borracho.

No. Nada de eso.

Se trata simplemente de un nuevo estilo periodístico puesto en boga por los apóstoles de “las nuevas realidades” del neoliberalismo, los “periodistas democráticos”, “moderados” de la información socio-política que en la prensa hablada y escrita adoptan, en nombre de la “neutralidad periodística”, una retórica ambigua, abstracta y cantinflesca, -pero siempre indulgente-, cuando se trata de denunciar los atropellos oficiales, patronales o imperialistas contra la clase trabajadora o desempleada, a la que ellos llaman clase “menos favorecida”.

Después del café sin cafeína, de la cerveza sin alcohol y de los alimentos sin azúcar, sal ni colesterol, nos llega ahora el último invento de la ciencia neo-liberal: el periodismo sin sentido ni contenido, esterilizado, sin conciencia social pero con lenguaje colateral genéticamente modificado, el periodismo “junk food”, pero dietético, puesto que después de leerlo nos deja intacto el apetito de información al dejarnos una sensación de vacío, de decepción por su contenido irreal, tal vez bien presentado pero desnaturalizado, más estético que ético. Es algo así como los senos de silicona, que entretienen pero no logran satisfacer a los amantes de la autenticidad femenina.

Hay que admitir que, -al igual que a los defensores de los derechos humanos y las ONGs solidarias-, el tomar posición por el periodismo honesto y combativo equivale a tomar posición ante el paredón de los sicarios a sueldo de los ultraderechistas, opuestos a la divulgación de la verdad y la realidad. Pero por otra parte, la prudencia excesiva ante esos inquisidores no debe llegar por eso al extremo de atropellar la semántica ni disfrazar de bufón la sintaxis, ni de revisar y corregir la realidad social en defensa servil de las clases opresoras, o peor aún, de constituirse en los portavoces cotorriles de los jerarcas del neoliberalismo depredador.

Últimamente, a causa de la crisis financiera mundial, -que no es otra que la agonía del sistema capitalista,- las falsimedias han adoptado abstractos neologismos: a los despidos colectivos le llaman “Ajustes de rentabilidad”; a los desempleados les llaman “Recursos humanos disponibles”; a la oposición se le llama “Terroristas”; a la tortura la llaman “técnicas de interrogación persuasiva”, y a los desplazados por la miseria o el terrorismo estatal se les llama “turistas”.

Es obvio que a los panfletos exclusivamente publicitarios o a los de farándula no les puede pedir que tomen una posición socio-política a favor de las clases subyugadas. Pero el periodismo informativo, supuestamente popular, sí es condenable que tome como una farándula las penas y miserias de la clase trabajadora, las angustias de los desempleados, condenando tácita o implícitamente las reivindicaciones populares, las conquistas sindicales o las luchas sociales, verbigracia el actual proceso revolucionario en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, tras el sofisma de que éstas “son un lastre que obstaculiza el progreso de la democracia”.

Pretextando el absurdo de que la información sobre la delincuencia y la corrupción social solo sirven para incrementarlas aún más, esos proxenetas de este sistema social prostituido pretenden justificar su silencio ante la realidad social y las causas de la miseria. Pero nada hay más falso y contradictorio que ese pretexto: ésa es la política del avestruz, es pretender ocultar con la mano la luz del sol.

Para esos lacayos, profesionales del periodismo eunuco, como CNN, Globovisión y “Reporteros sin fronteras”, su abyección y su servilismo pro-imperialista no es una vergüenza: es una profesión. ¡Y la ejercen con orgullo!

No es de extrañar entonces que ellos se hagan voluntariamente ciegos y sordos ante las causas socio-políticas de las calamidades de los oprimidos, y en cambio le den amable y comprensiva acogida en sus panfletos a todos los tránsfugas, desertores y “disidentes” de la lucha popular.

Pero los problemas no se resuelven ignorándolos. Por el contrario, se agravan. Porque darle la espalda a la realidad a la vez que se le da fastuosa vitrina a lo superfluo y lo trivial es darle carta blanca a la corrupción y a la impunidad.

El primer deber del periodismo es denunciar, acusar, condenar a los violadores de los derechos humanos y laborales, así como a los violadores del derecho de auto-determinación de los pueblos.

Por último, y para comprender un poco la incoherencia del título de este artículo: es evidente que las “grandes cabezas” del periodismo corporativo y sus cipayos asalariados nunca tienen –ni quieren tener- una visión social ni humanista de los problemas socio-políticos, es decir una visión de izquierda… y menos aún los cabecillas de la ultra-derecha.

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