viernes, 31 de julio de 2009

Consejos para Joselo, que habiendo nacido para ser intelectual, no lo es todavía


Eduardo Dermardirossian (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Muchas veces escribí y otras tantas te ignoré, mi buen Joselo. No fui generoso contigo, no encendí las luces de tu vida ni desbrocé el camino de tu suerte. No te enseñé las artes bellas ni las útiles, no te adiestré en la oratoria ni en las ciencias del alma; tampoco te dije qué cosas debes hacer para ganar el halago de los hombres sabios o la bienaventuranza en tu vida. Ni siquiera te enseñé cómo escamotear tu ignorancia cuando los amonestadores te visiten.

Pero puedo excusarme, decir que nada ocurre antes de su hora y que ésta es la estación propicia para adquirir sapiencia. No conviene iniciar el camino antes que despunte el alba.

Y bien, ya has esperado bastante en la penumbra. De hoy en más recorrerás la vida separando la flor del cardo, desoyendo el canto de los necios para seguir la voz del sabio. Hoy amanecerá en el horizonte de tu vida.

Y porque conozco tu vocación, porque sé que estás llamado a cumplir un designio y para que lo cumplas, voy a hacer de ti un intelectual, un hombre de luces y de pensamiento.

Las formas

Tú vives tiempos nuevos, tiempos en que el que sabe y el que no cruzan mil veces su camino. Por eso has de guardar las formas, ellas dirán tu sino antes que tu voz y tu pluma. Cuida, pues, de mostrar que sabes más que de saber, porque a los ojos de los ignaros aquello es visible, esto no. Usa el pelo largo y si alguna vez la calvicie gana tu testa y quieres ocultarla, no lo hagas con pelo de prestado, prefiere el sombrero o rapa las míseras memorias de melenas ausentes. Usa barba y cambia esos anteojos por otros redondos y pequeños. Y si fumas hazlo en pipa, distintivo de tu nueva condición.

Abandona la corbata, signo de cachondez, y si el clima lo quiere ponte lanas de alto. Las bufandas son bien vistas si después de rodear dos veces tu cuello bajan de tu cintura. Usa calzado sin ataduras ni lustre y el pañuelo arrugado. Y si tose tu vecino, déjalo toser, no le palmees la espalda ni le ofrezcas agua.

Nunca luzcas deportivo ni camines erguido; más bien anda despacio y un poco pensativo. Tomarás esta postura meneando en tu mollera lo que no entiendes todavía. Y si te acosan con preguntas sé parco en las respuestas: tu saber merece la tertulia, el coloquio, no el parloteo circunstancial o el murmullo proletario de la calle.

Al intelectual moderno –te lo dije- se le conoce por sus formas y afectaciones antes que por su erudición. Usa el lenguaje de los psicoanalistas y los psicoanalizados. Y si quieres izquierdízate un poco (no tanto, que las modas pasan), y si tu conciencia lo tolera sé agnóstico, que cuadra bien al pensador.

Los saberes

Los catálogos de las librerías te ilustrarán sobre las obras de los autores, desde las memorables hasta las que merecen el olvido. Un editor inglés está ofreciendo los libros clásicos con dos tipografías: ordinaria la prescindible y negrita la relevante, la que conviene leer para tener noticia. Cervantes y Shakespeare son dos de los muchos nombres de la lista. Si has de ser intelectual, sé también inteligente y obra con tal economía.

Más puedo decirte todavía. Sócrates, el más sabio hombre de la antigüedad, dijo que una cosa sabía, y era que no sabía. Tan corto saber, decía, le hacía más sabio que otros muchos. Haz igual, di que sabes que no sabes y para solventar tu dicho lee dos veces, no menos, el diálogo de ese griego con Critón. Y ten por cierto que saldrás airoso de cuanta discusión te involucre.

Puedes robar si robas poco

Los viejos pensadores se han muerto y sus amanuenses también, y los que ahora están pensando escriben en Internet, tierra de nadie, con lo que podrás disponer de su ciencia sin temor al plagio. Ahí encontrarás los más grandes favores y las mil lenguas que se hablan. Aplícate a buscar en esa modernidad y tendrás con qué encender tus luces. Y si alguien quiere amonestarte por eso dile que el saber, por ser humano, es de todos. En esto es lícito robar si robas poco.

Por fin, mi buen Joselo, un último consejo voy a darte: ten siempre a mano tus anteojillos y tu pipa para que, si los descreídos hombres de este tiempo no te comprenden, al menos te acredites intelectual ante el espejo.

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