viernes, 17 de julio de 2009

El poeta Francisco Tarajano y la cultura nacional canaria


Francisco Javier Gonzalez (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Recuerdo que, en los iniciales 60 del pasado siglo, los que entonces en la vieja Aguere éramos jóvenes con hambre de gestos y palabras, de esos gestos que el régimen fascista español perseguía y de esas palabras que nos ocultaba y negaba, teníamos a los veladores de mármol del desaparecido "Bar Alemán" de la calle Carrera, mitad como ágora, mitad como cátedra. Algo separadas de las que ocupaban conspicuas parejas de enamorados -la concupiscencia era punible- y las que esporádica y fugazmente ocupaban atareados comerciantes laguneros, había un par de mesas para los intocables cátedros del claustro universitario. El resto de ellas, las más a la calle, eran los reales de algunos -escasos- profesores díscolos ante el esclerotizado régimen que España nos imponía, y de la grey estudiantil que trataba de hacer perdurables los cafés, o las cañas con tapa de ensaladilla de los raros días de abundancia, ante el admonitorio alzado de cejas de Federico Salamanca escudado en la impoluta chaquetilla blanca y la negra pajarita profesional. Allí opinábamos de todas y cada una de las cuestiones que pudieran ser oídas por las finas orejas regimentales hispanas que poblaban todas las paredes isleñas, lo que reducía los temas al arte, la filosofía y, sobre todo, a la literatura que circulaba subrepticia desde las trastiendas de conocidas librerías laguneras. Eso podíamos hacerlo en la suposición de que las siempre pendientes orejas policiales eran agudas pero incultas.

Uno de esos días, que la memoria nos muestra luminosos pero que eran de plomo y betún, en la mesa en que estábamos con Carmelo García Cabrera -profesor de biología y uno de los mentados díscolos- entró a saludarlo su hermano Pedro, y con esa bonhomía señorial de los gomeros se quedó participando en la conversación. Nosotros éramos entonces esponjas que absorbíamos todo lo que se salía del trillado camino oficial y anoté las ideas de Pedro en las páginas que tenía a mano, las de un cuaderno de apuntes de química. Transcribo ahora esas ideas resumidas, aunque desde luego no en palabras textuales. Para Pedro la actividad espiritual que desarrolla el intelectual en general y el poeta en particular tiene sentido solo si es comunicación hacia dentro de sí mismo y hacia afuera a los demás que lo rodean. Por eso debe buscar su raíz en la tierra en que vive (raíz-isla) y reelaborar las imágenes que su propio pueblo ha creado en el tiempo, asumiendo sus expresiones en su hondo sentido. Acabó diciendo que el poeta tiene que tener alma de recolector de frases, dichos, palabras y, sobre todo, de sentires.

Hoy, más de ocho lustros más tarde, al querer acercarme analíticamente a la obra de mi admirado amigo Francisco Tarajano, busqué aquellas notas pergeñadas en extraña compaña de los alkanos, alkenos, alkinos y anillos aromáticos con que D. Antonio González trataba de guiarnos por los caminos de la moderna Alquimia. Tarajano andaba en ese entonces por las ubérrimas tierras de su segunda patria, de su Venezuela del alma, dedicado a las labores docentes que han sido el diario quehacer de su fecunda vida, pero las palabras de Pedro García Cabrera -del que conmemoramos ahora el centenario- me parecieron fiel trasunto de Francisco Tarajano, y es que el especial tiempo de los poetas no es ni síncrono ni diácrono, es, en todo caso, espiral, o como nos aclara Tarajano, "el tiempo del poeta no es el matemático ni físico contabilizado por unidades homogéneas. El tiempo del poeta es lo vivido, lo soñado, lo epocal y lo social…" (Silbos de mi tierra. 1983) y en una vuelta de ese tiempo espiral coinciden acrónicamente ambos poetas y ambas ideas. Veamos si no lo que nos confiesa Tarajano acerca de si mismo "Si soy poeta, soy un poeta canario. Si acaso hablare al mundo, lo hago afincado en mi tierra, en su fauna, en su flora, en el sentir y decir de mi gente. Estimo que el habla es la morada del ser. Sin el habla peculiar, el canario pierde su savia y su autenticidad" (Años malditos. 1980) y, en efecto, muchos de sus poemas solo entregan su consonancia cuando la fonética es la propia del español que hablamos los canarios y que fue con nosotros a América.

Siguiendo con sus "Confesiones" nos dice: "Fiel a estos parámetros, no solo he tratado de exhumar expresiones canarias castizas, sino también moldear los esquemas estructurales de la mayoría de los poemas a los de la poesía popular"…… "por eso, a las veces, violento y castigo mi pluma para tratar de lograr la expresión cónsona con el saber, entender y sentir de este pueblo". Indudablemente que Tarajano, por profesión y por vocación, conoce y domina el arte poético. Cuando quiere hacerlo es hábil sonetista en Arte Mayor, género que emplea con más frecuencia en poemas de corte intimista, pero, fiel a su concepción de la función poética, constriñe sus versos al Arte Menor, sobre todo a las composiciones propias de los géneros populares, cantares, isas, folías, puntos, romances…, en suma, a los que el pueblo canta como propios. Cuando oímos cantar poemas de Tarajano desde Verode a Non Trubada o los oímos, roneros y parranderos, en cualquier tafaska popular, nos preguntamos ¿Es de Tarajano "Un Teide junto a Tejeda/ Un Nublo pegado a Icod/ Un azul con siete estrellas/ Un sueño que tengo yo" o es "anónimo popular"? ¿Y si oímos "La Europa que tu me ofreces/ te puedes quedar con ella/ que no es que yo la desprecie/ es que no nace quererla" es de Tarajano o es tuya, mía y de todos?

Francisco Tarajano es, convicto y confeso y por libre voluntad, un intelectual que investiga, crea y vive por y para la Cultura Popular Canaria, vaciando en ello su alma "Yo soy un hombre sincero/ sincero como Martí/ luchar por mi patria quiero/ hasta vencer o morir". Ahora bien, justamente por esa sinceridad y esa lucha sin cuartel, su obra traspasa las fronteras de la Cultura Popular y lo convierte en creador de Cultura Nacional, lo que lo mantendrá permanentemente enfrentado al sistema y a los logreros y arribistas que se arriman al rescoldo del poder establecido. Volvemos a sus "Confesiones": "Mi poesía no toma partido sino por mi pueblo, por el sencillo y paciente pueblo canario del que procedo…... No frecuento tertulias ni cenáculos, no pertenezco a tendencias artísticas específicas; escribo en soledad, a mi manera….Con mis versos pretendo forjar la conciencia canaria, fortalecer el espíritu de la raza guanche que aún pervive, despertar y educar al hombre canario".

Con el término "Cultura Popular Canaria" englobamos todos los modos y expresiones culturales generadas por nuestro pueblo a lo largo de los años, o las foráneas enraizadas en él. Caben ahí desde el folklore al lenguaje, la artesanía, las formas de cultivo o pesca, los carnavales o las semanas santas y cualquier actividad cultural que asuma e identifique como propia el pueblo, formada, por lo mismo, tanto de elementos autóctonos como foráneos asumidos y, como producto popular vivo, en continua transformación. Cuando una obra de creador es asumida por el pueblo, integrándose en la Cultura Popular, el autor se difumina y la obra se anonimiza. ¿Cuántos de los que las cantan saben que una copla es de Crosita, de Nijota, de Amaro Lefrancq…o de Tarajano?

Esta Cultura Popular, que evidentemente es "Cultura Canaria" independientemente de su origen, no tiene forzosamente que tener carácter "nacional". Puede, incluso, ser utilizada para amordazar o desviar, minimizándolo, el sentimiento nacional. Cambiar "autobuses" por "guaguas" o realizar programas como "La Luchada" o "Tenderete", evidentemente canarios, no convierte estos productos culturales en "nacionales". Incluso, como sucede de hecho, se prestan a ser utilizados por el colonialismo para dar salida controlada a las expresiones nacionales, reconvirtiéndolas en espitas de escape de la presión nacional. La Cultura Popular es a la Nacional lo que la Autonomía es a la Independencia. Al poder metropolitano no le ha quedado más remedio que tolerar primero, e impulsar después, la Autonomía, que nos transmuta de Colonia en Región Ultraperiférica y, paralelamente impulsa también la Cultura Popular -ya lo hizo Franco con la Sección Femenina- pero, aún a su pesar, se le van quedando pelos en la madriguera. Es la paradoja del colonialismo que tiene que acudir a reforzar la propia identidad del colonizado para mantener su dominación con la intermediación de los Añaterves de turno.

La Cultura Nacional Canaria, para serlo, tiene, obligatoriamente, que partir de nuestra realidad, y esa realidad nuestra es guanche, colonial y africana, mal que les pese a los turiferarios del sistema. Además, basada en esa realidad, colonizada y ninguneada, tiene que llevar propuestas de liberación para tener ese carácter de Nacional. La Cultura Nacional, cuando al tiempo es Popular, no tiene, en principio que ser concebida como tal. Basta que el pueblo que la asume la dirija hacia el fin de la liberación. Si el arrorró que el gobierno canario ha tomado como base para su himno autonómico, en lugar de adormecer la conciencia nacional fuera utilizado como arma de lucha anticolonial se convertiría, automáticamente y aún a pesar de los policías culturales que lo han elegido, en un producto de Cultura Nacional y, por ende, Teobaldo Power pasaría a ser un músico "nacional" canario, cosa que de todas formas pasará a ser cuando Canarias sea una Nación como cualquier otra, con su propio Estado independiente.

En realidad la faceta distintiva más importante de la Cultura Nacional es su radical inasimilibilidad por el sistema colonial. Por ello, los citados elementos de nuestra realidad se convierten en su soporte ético y estético, salvo que el poder los logre exotizar transustanciándolos. Cuando el creador los utiliza de forma consciente en su creación está haciendo Cultura Nacional, aunque no sea Popular. Secundino creó Cultura Nacional con el poema "Mi Patria" aunque fue, tres cuartos de siglo después, el fogoso declamar de Hupalupa el que la convierte en Popular. Esa confluencia del carácter nacional con el popular es lo que hace de la obra de un creador una herramienta de liberación. Tarajano lo sabe y usa elementos inasumibles por el poder, sea el metropolitano sea el delegado. Él sabe, y dice, que "aunque minados terrenos/ tengamos que sorribar/ algún día cogeremos/ espigas de libertad". No admite el compromiso intermedio de duplicidad de patrias -salvo con su Venezuela-. No hay patrias chicas y grandes. Solo Patria. "Primero, la patria guanche/ y después…San Borondón", por lo que plantea abiertamente la liberación necesaria "Si hoy son un euroburdel/ mis Canarias africanas/ hará falta aquí un Fidel/ que nos limpie roña y llagas./ Hará falta un santo Che/ que con sonoras llamadas,/ despierte la guanche fe/ de Bencomo y de Doramas".

El santo y seña que rebosa de toda su obra es el sentir guanche. Incluso sus hermosos cantos de amor, sus alegres epifanías, sus poemas más íntimos, más familiares, esos que escribe con diminutivos, o aquellos en los que recorre con dulzura caminos, barrancos, pueblos e islas, tienen el sustrato de ese "ser de aquí" que es lo guanche. Lo tienen sus extensas y documentadas "Memorias de Agüimes" en las que nos pone en guardia de que "Por ignorancia e interés, la Historia del Agüimes aborigen fue enmascarada y mutilada; los conquistadores implantaron la creencia de que el Agüimes guayrato era un pueblo bárbaro, detestable y vergonzante; pero la memoria colectiva no se borró totalmente; tampoco las creaciones de nuestros antepasados" pero también nos relata como un cuarto de siglo después la gente seguía implorando a Acoran, adorando a Magec y Achamán y temiendo a Gaviot, eso sí, contando con la feroz represión de la terrible Inquisición Española, y lo tienen, como no, sus ingentes recopilaciones de Adivinas en que late, aún más que el investigador consciente, el amor a la creación del Pueblo que da vida al Poeta.

Junto a esa permanente presencia guanche "¡Ay, cómo silban los guanches,/ orillas del Guayadeque!" está la otra seña distintiva, la africanidad, porque "Más quiero a mi madre África/ más quiero a mi novia América/ que a esa tu patrona Europa/ que con el yanki se acuesta". No es, en absoluto, xenofobia, que sus libros están llenos de solidarios poemas con pueblos que luchan y sufren. Tampoco es el origen de la persona lo que cuenta para Tarajano, ya que "Si ves al peninsular/ que vive y siente en canario,/ dale un abrazo sincero/ como se abraza al hermano"……… "Pero me llenan mis Islas/ de godos de toda laya,/ y de europeo me tildan/ cuando soy nacido en África…."

La obra de Tarajano es levadura que fermenta la masa, dormida de siglos, de nuestra conciencia nacional. La suya es la lucha más ardua porque la cultural es el grado máximo de la colonización, la que lastra las mentes y el alma de un pueblo por generaciones, por lo que ser en esa cuestión punta de lanza se paga con alto precio; pero nuestro poeta es un luchador nato, probado desde Guayadeque a Venezuela, repasando mares y añorando tierras. Es juglar que, como caja de turrón, está en todos lados donde oídos canarios estén abiertos al mensaje de su obra. Es una conjunción anímica del indomable Florido y el fogoso Carampín que, cuando es necesario, no duda en enfrentarse al "mandón tirano/ que desde la vil conquista/ tiene al canario en secano/ y borra su historia y pista" como hizo, entamarcado, aquel día de abril de 1984 cuando los -al decir de J. R. Doreste- "guanches de relojes japoneses" acabaron para siempre con la farsa colonial del paseo de pendones y pendejos, que "fue un veintinueve de abril/ una fecha que da pena" en que "el virrey y su cuadrilla/ perduran en ruin manejo". Tras la enrabada entre piernas de la estulta comitiva, Tarajano manda un "Recado Urgente" a los inverecundos manipuladores de oficio "Dile a España que no venga/ a Canarias con su orgullo,/ que lo que no ha sido suyo/ que por suyo no lo tenga……Aquí conviene que venga/ un gobierno ciudadano/ que libere al buen paisano/ harto de tanto aguantar/ y pueda el guanche cantar/ como un pueblo soberano".

En mi personal galería de personajes importantes estará siempre el Tarajano que recitaba sus poemas en el Barranco de Acentejo hace más de veinte años, con las "trífidas verdes culebras" coronando las alturas como guirres al acecho, o en el Teatro Leal, cuando el Centro "Amílcar Cabral" celebró el primer gran homenaje público a Secundino, o recogiendo la Añepa de Solidaridad en una Santa Lucía cargada de emoción, sintiendo correr por nuestras venas, al embrujo de su voz, la sangre ancestral de Bentejuí, de Doramas, de Tinguaro, de Bencomo, de Tanausú, de Hautakuperche… que, cuando la poesía es hermosa y verdadera nos recuerda lo que hemos perdido incluso si no lo hemos perdido, y nos incita a seguir la senda que nos marca el poeta.

Tarajano sabe que su insobornable condición le veda las puertas de los parnasos oficiales. Tampoco creo que le importe. Grande es su corazón y anchas sus espaldas y, para compensar esa rabia vil del cortesano de librea, sabe que tiene el cariño de su pueblo y la admiración de los que nos honramos con su amistad. Solo su lucha sin agachar cabeza es la razón que ha impedido que nuestro Poeta Nacional más eminente sea, tiempo ha y con honor más para el premio que para el premiado, Premio Canarias, pero quiero recordarle el final de un bello poema que, hace bastantes años, compartido, me dedicó. Me pasa con él como con las ideas de Pedro García Cabrera: Son un trasunto real de mi compañero y amigo Francisco Tarajano:

No me falta la razón/Al pregonar mi querencia;/Me fallará de impaciencia/El ansioso corazón/Que soy como el capirote/Que, preso, muere de rabia;/Ni soporto goda gavia/Ni aguanto español barrote
Entrañable compañero/Libre, sigue tu sendero

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