viernes, 31 de julio de 2009

La extraña muerte de Michael Jackson: La proliferante difusión de su baile y música “pop” expresan la decadencia del arte y la estética burguesas


Antonio Guerrero (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

I

Higinio Polo en un artículo acerca de la manipulación del arte, de la pintura “expresionista abstracta” representada por los pintores Pollock, Doblieb, De Kooning, narra que, tras la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo norteamericano trasladó, desechando el arte burgués, democrático y antifascista, que, para entonces estaba centrado en París, alrededor de pintores como Picasso y Matisse, a Nueva York, invirtiendo en el fomento del arte abstracto “expresionista” millones de dólares.

A través de “especialistas del arte” de la CIA el imperialismo yanqui le dio impulso a las “Galerías” -superando los Salones criticados por Manet-, convirtiéndolas en centros de exposición del arte-mercancía, promovido por las grandes cadenas de propaganda mediáticas.

En política -asevera el crítico- el imperialismo yanqui a través de los Presidentes Harry Truman y Dwight Eisenhower, ignorantes de arte, promovían a esta pintura calificándola de “arte libre” estigmatizando el arte realista -donde los protagonistas eran los trabajadores- creado en la sociedad socialista de la URSS, colocándole el membrete de “arte sometido al control político del Estado y del partido”.

II

En realidad el “expresionismo abstracto” fue el germen del arte difuso de los rascacielos -dentro del cual se parapeta el capital financiero- bajo cuyos colores y formas, bajo las cuales aparecen personajes donde se diluye la realidad de la sociedad de clases norteamericana y la lucha de clases; donde se invisibiliza a los obreros calificados y no- calificados, a las clases trabajadoras de la fábrica y el campo, a las nacionalidades indígenas, al pueblo negro y se mimetiza y oculta la dominación del capital financiero. (Algunas de cuyas cabezas han aflorado, ahora, con motivo de la profunda crisis cíclica, de sobreproducción, que se expresa en la quiebra de la General Motors, pero que brota, solo, como una crisis del dólar, cuando es su reflejo).

El “expresionismo abstracto” fue promovido y financiado para afirmar el poder del imperialismo yanqui en el mundo utilizando la pintura abstracta como medio de alienación de las masas para sostener espiritualmente al sistema capitalista convirtiendo sugestivamente al arte en mercancía, enriqueciendo a los artistas manipulados por la CIA.

Este crítico del arte burgués precisaba que, en esa coyuntura, dejando atrás el mecenazgo feudal, se rubrica la conversión del arte en instrumento de las galerías, elevando a éste en arte para el consumo del público, arte pagado por el imperialismo, el mismo que se elabora generando corrientes de opinión pública burguesa a través de la manipulación de los medios de comunicación masiva.

Para lograrlo, se captan los gustos artísticos del consumidor, sus apetencias artísticas, ya instauradas en el espíritu construido entre los jóvenes por el ambiente que crea el ilusorio mercado capitalista.

III

Ese fenómeno adquiere una connotación más formidable, potente y acelerada en la música y el baile, utilizando al cine, primero, y luego a la televisión; ahora es un fenómeno infinitamente más rápido dado el impacto que, en el desarrollo de los medios de comunicación masiva, ha generado la Revolución Tecnológica, pero la metodología básica, solo se ha perfeccionado, sus pasos son los mismos: Tras la valoración, inicial, del producto artístico lanzado, las grandes empresas del espectáculo masivo, re-lanzan al consumidor esos productos artísticos y hacen el rastreo, el monitoreo de los resultados del lanzamiento de aquellos captando así el impacto que esos productos artísticos generan entre las masas, al estimular, desde nuevas formas y contenidos, sus gustos musicales, pictóricos, dancísticos, artísticos en general, ya creados por el arte burgués de consumo.

Tras captar los resultados del lanzamiento de esos patrones, de esos prototipos y arquetipos creados y difundidos, promovidos por la propaganda mediática capitalista, seleccionan aquellos -los que han provocado el mayor impacto- y atrapan en las redes del mercado de consumo a la juventud, a las masas; el resultado final es la venta, la adquisición masiva de los productos artísticos que “han pegado” en el mercado del espectáculo de masas.

La promoción, en grandes escenarios llenos hasta el tope, de las canciones y sus ritmos, y de los artistas que han ganado los “discos de platino”, corrobora el éxito de las empresas del espectáculo masivo, y, desde luego, asegura sus millonarias ganancias logradas con la afluencia de la juventud a dichos espectáculos y con la venta del producto artístico promocionado a través de todos los medios de comunicación masiva modernos.

Proceden, con la música y las artes en general, creando la necesidad de un arte basado en la manipulación de los gustos y apetencias artísticas creados por las masivas empresas del espectáculo entre las masas, igual como lo hacen las grandes cadenas de alimentos con las hamburguesas y los “hot-dogs”.

IV

El fenómeno del pop-art, en la pintura, adquiere una eclosión en la música pop -antirrealistas ambos-, cuyos ritmos, sugestivas cadencias romántico- eróticas, erosionan la sensibilidad de la juventud inmersa en el ambiente creado por los valores artísticos del capitalismo.

De este modo introducen a las masas en el caótico y alienante mundo de la música, la danza, del arte decadente burgués, beneficiándose a la vez de los opíparos capitales que producen las grandes empresas del espectáculo como Sony Music, Wagner, etcétera; por esta vía logran, además, otro objetivo: embellecer al sistema capitalista ocultando las causas de la crisis y mimetizando sus efectos entre los pueblos, entre la juventud.

Por ejemplo, la reciente quiebra del “gigante” de la automovilística norteamericana, General Motors, así como los sucesos del golpe militar en Honduras han sido disminuidos a través de la atosigante y masiva difusión de videos enajenantes -como “Triller”- de Michael Jackson, el artista de la música “pop” y por la difusión masiva de los detalles de su vida artística, de su sorpresiva y fulminante muerte a los 50 años, y de sus últimos ensayos previos a la gira mundial que preparaba.

V

Con la reciente, y extraña, muerte de Michael Jackson, elevado a la categoría de “Rey del Pop”, se han develado también las circunstancias en que fue encontrado muerto, en su baño, por Priscila Presley, su ex-esposa, al cantante de rock, Elvis Presley; ciertos objetivos comentaristas de arte han destacado como, en el caso de Michael Jakcson, los masivos medios de comunicación y las grandes empresas disqueras y de videos como Sony Music, han aprovechado su deceso para realizar una suculenta promoción de sus discos y videos entre sus “fans” absorbiendo multimillonarias ganancias; su muerte, el llanto de sus familiares, las palabras envueltas en lágrimas de uno de sus hijos, menor de edad, y hasta las declaraciones de uno de los niños con cuyos padres se negoció el silencio en 20 millones de dólares para que no se hiciera un escándalo respecto de las denuncias de pedofilia de las que fue acusado realizaba en el parque del “Nunca Jamás”, construido por él, bajo el influjo de la figura mítica de Peter Pan, a través de la cual evadió su infancia de penurias y presiones psicológicas; todo este andamiaje mediático ha servido para acrecentar las multimillonarias ganancias de las multinacionales del espectáculo de masas en miles de millones de dólares y en euros, como ocurriera tras la muerte de Elvis Presley que, además, a raíz de ésta y de las llorosas memorias de miles de jóvenes se editaron no solo discos y videos, sino camisetas, juguetes, monigotes, carteles, fotografías, etcétera, con los cuales las grandes empresas capitalistas convirtieron la imagen de Presley en un ícono mundial entre la juventud envuelta en los ritmos y canciones melódicas, empalagosas, sugestivas en torno de los temas del amor romántico, sensual, erótico, brotado de sus movimientos, de su voz, de sus ojos lánguidos, utilizándola para engordar sus millonarias cuentas bancarias.

Bajo otras circunstancias y en otras niveles, ahora, en el período de la revolución tecnológica, monitoreando a escala mundial la TV, el TV Cable, Internet, los IPOD, DVDs, DCRs, toda la gama de medios e instrumentos digitales que el imperialismo y las grandes empresas multinacionales del espectáculo de masas hacen uso para alienar a la juventud y enriquecerse a costa de aquella enajenación que concita a lo jóvenes a introducirse en un individualismo que luego los envuelve en la descomposición social, en la degeneración sexual, la drogadicción, en el quemeimportismo frente a los profundos problemas sociales derivados del cierre de empresas generados por el capitalismo que recientemente ha echado a miles de trabajadores de las empresas en los Estados Unidos, en Europa, etcétera, la imagen del talentoso Michael Jackson moviendo sus pies, sus caderas, cantando rítmica o sensualmente, le han servido al imperialismo, a la par que para acrecentar millonarias ganancias manipulando hábilmente su muerte, para alienar a la juventud y a los pueblos del mundo.

VI

Desde niño, presionado por su padre para salir de la miseria en que estaba envuelta su familia proveniente de los hogares humildes de raíces esclavistas negras, Michael Jackson, como muchos artistas negros de relieve y calidad, (Louis Armstrong, Ray Charles) mostró su riquísima calidad artística como bailarín, cantante, creador, intérprete, músico y compositor; aunque artificialmente elevado a la calidad de “genio” por la volatinera propaganda de los transnacionales de la música, Jackson fue un gran artista, solo que fue utilizado para apuntalar al sistema capitalista a través del crepitante ritmo de la música pop que lo enriqueció y lo destruyó como ser humano al envolverlo en su individual y personalista imagen mítica, en ese mundo alucinante en el que introducen a la mayoría de los artistas de la burguesía el sistema perfeccionado del mercado del arte burgués bajo cuyas circunstancias murió para convertirse en otro producto explotado por dichas grandes cadenas musicales y artísticas del espectáculo capitalista de masas.

Envuelto en ese mundo alienado de los problemas y la vida de la gente pobre, de su propio pueblo originario negro, Jackson murió. Aunque sensible a esas raíces realizó esfuerzos para tocar algunos de esos fenómenos en sus videos como lo hizo en las favelas de Brasil con temas musicales creados por él, ésta era solo una visión mesiánica nacida del deseo de sacarlos de la miseria por un camino que a la mayoría de los niños de las barriadas pobres, de los cinturones de miseria urbanos, les está vedado, pues la mayoría no pueden salir de esa situación de pobreza por medio de ningún Mesías, sino, apoyándose en sus propias fuerzas, alzarse a la conquista de su emancipación como clases oprimidas por el capitalismo a través de la revolución social, único medio de liberarse de la explotación y opresión generada por la acumulación de la riqueza producida por los trabajadores y concentrada injustamente en las manos de un puñado de usufructuantes de la misma, los dueños de las trasnacionales, de los monopolios de los países imperialistas, y de las oligarquías criollas en los países dependientes; y, en este caso, de las empresas del espectáculo masivo y alienador que domina el mundo capitalista.

Los sueños de la mayoría de niños negros, mulatos, indígenas, mestizos, de enriquecerse y ser figuras al ver la fama, el enriquecimiento de artistas como Jackson, Presley, lanzados al estrellato del espectáculo de masas es ilusorio y ocurre, también, a través de las grandes cadenas televisivas y de los monopolios del deporte capitalista de masas, el fútbol, que manipula las imágenes de jugadores estrellas como Cristiano Ronaldo, Nesy, Antonio Valencia, Benítez y otros artistas del balompié envueltos en la ronda del espectáculo, de la fama y los millones de dólares y euros que invierten las grandes empresas del futbol las cuales exprimen el jugo al arte, la potencia y la magia que crean, durante sus años mozos, estos artistas del football surgidos en las canchas de polvo de los barrios pobres gambeteando una pelota usada.

Simplemente para la gran mayoría de los niños pobres, ese “milagro” no ocurre, pero los envuelve emocionalmente y físicamente en las alienantes redes creadas por las multinacionales de los espectáculos de masas que fomentan, tanto al arte burgués como al fútbol espectáculo y hacen de estos talentosos artistas mercancías para su enriquecimiento, manipulando sus dotes artísticas, su talento creador brotado de las canteras populares.

VII

En realidad, tanto la vida, especialmente los últimos años y días de las vidas de Michael Jackson como de Elvis Presley muestran la decadencia moral, ética, del sistema capitalista que manipula, destruye las vidas de quienes poseen talento artístico, al envolverlos en ese mundo ficticio, enriquecerlos y alienarlos, pues tanto Michael Jackson como Elvis Presley mueren, no de paros cardíacos, esto solamente es el efecto de dos vidas envueltas en la utilización y el consumo de fármacos, de drogas con las cuales calmaban sus profundas dolencias espirituales resultado del mundo ficticio de la fama en que se vieron envueltos, de la enorme soledad interior de dos vidas destruidas ideológica, moral, espiritualmente por el imperialismo.

La mayoría de esos artistas talentosos surgidos de las entrañas del pueblo son manipulados y sirven para que los monopolios del espectáculo artístico burgués se enriquezcan a costa de aprovechar su talento, sus cualidades artísticas expresadas en el dominio que aquellos logran al crear bellísimas piezas artísticas, las cuales, dado el escenario y los objetivos de consumo y enriquecimiento mercantil que las ronda, finalmente evaden, o mimetizan la realidad de la vida de sus pueblos originarios; las grandes empresas de espectáculos como Sony Music extraen hasta la médula las cualidades artísticas, manipulan las dotes musicales, dancísticas, de aquellos artistas, sacando a flote la decadencia de la estética burguesa que privilegia la forma, las filigranas, los efectos especiales, el sonido, las luces, el humo, para darle cobertura a la visión individualista del amor, el erotismo, el sexo, que afloran de modo natural en la juventud, deformándolos, sumergiéndolos en la alienación, para lo cual realizan grandes inversiones tecnológicas que les producen grandes ganancias.

VIII

Este fenómeno del espectáculo artístico de masas va en desmedro, oculta la vida, el protagonismo, la belleza de los trabajadores y de la juventud de ambos sexos que brota del trabajo en la fábrica, en el campo, en la escuela pobre, en el colegio y en las Universidades laicas, en los barrios, y que es sustento para la creación del arte popular que enriquece la concepción estética emancipadora, proletaria.

Este apabullante arte decadente es opuesto a la visión artística-cultural clasista; mimetiza, oculta los grandes fenómenos de la realidad, de la vida y lucha de los oprimidos, de sus auténticos elementos populares imbricados a sus culturas e identidades étnicas que deben servir para, elevando su calidad artística y sus contenidos ideológico- políticos, educar, orientar y organizar al pueblo en el camino de su emancipación social; sobre todo, del arte y la literatura realistas creadas por los artistas y escritores progresistas y revolucionarios cultos, quienes, armados de los elementos culturales progresistas, particularmente de la cultura científica, del arte y la literatura revolucionarias proletarias, deben, debemos asumir el liderato para desarrollar, para crear nuevas expresiones artísticas realistas, populares, en los diversos géneros del arte, que contribuyan a la educación política e ideológica de la juventud, de los trabajadores y los pueblos, para, desde estas correntadas artísticas populares, fortalecer la lucha de los trabajadores y los pueblos en su objetivo de conquistar, a través de la revolución social, el Poder Popular, e iniciar la construcción de la vida nueva, del socialismo.

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