viernes, 7 de agosto de 2009

Cuba, las casas y el universo musical de la isla


Marcos Alfonso (Desde Cuba. AIN, especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La música es el alma de los cubanos. Se inserta entre sus más valuados y caros sentimientos.

Desde Brindis de Salas hasta Juan Formell, por citar apenas dos ejemplos en la distancia, la Isla es cuna del son, el bolero, el mambo, el jazz latino, el cha cha chá, el changüí, la timba… géneros que prevalecen en el tiempo y el espacio, los cuales no solo han permanecido en el entorno insular, sino exhiben rasgos universales.

Otro tanto sucede con los intérpretes, ya sean vocalistas, instrumentistas o compositores, los cuales han sentado cátedra dentro y fuera de las fronteras de la mayor de las Antillas: Esther Borja, Ernesto Lecuona, Rosita Fornés, Frank Fernández, Benny Moré y Chucho Valdés, entre infinidad de artistas, integran la selecta nómina.

El cubano, en su integración biológica, posee el gen tanto para concebir la música, como disfrutarla y darla a conocer.

Millones de personas que han visitado el país a lo largo de su existencia, retornan a sus tierras de orígenes impregnados de las raíces del quehacer musical criollo.

A mediados de la década de los años 90 del pasado siglo Cuba disponía, entre otras vertientes, de disqueras y establecimientos para la venta de instrumentos musicales, discografía y partituras.

La Empresa de Grabaciones Musicales (EGREM), hacia el año 1995, tuvo la feliz iniciativa de concebir un espacio para que las personas -del patio o el exterior- pudieran disfrutar del panorama musical de la Isla en un ámbito más íntimo. Surge así la denominada Casa de la Música de Miramar.

Ese año fundacional la institución abrió sus puertas y acogió el Premio Egrem correspondiente a ese período, cuyo anfitrión resultó el afamado compositor e instrumentista Chucho Valdés y su grupo Irakere.

Con la entrada del nuevo milenio abrirían sus puertas otros espacios: las Casas de la Música Habana, y las de Santiago de Cuba, Trinidad y Varadero. Todas dotadas de espacio adicional para comercializar discos, afiches e instrumentos musicales, aunque su razón de ser es que los concurrentes puedan disfrutar del quehacer de las principales agrupaciones y solistas de la Isla, de manera más íntima que en el teatro o el cabaret.

Así nacieron:

CASA DE LA MÚSICA DE MIRAMAR: Fundada en abril de 1995 en el barrio de Miramar, al oeste de la capital. Dispone de dos áreas para el disfrute de los asistentes: el salón principal y el conocido como Diablo Tun Tun.

CASA DE LA MÚSICA HABANA: Está enclavada en el centro de la capital cubana, en lo que fuera antigua sala cinematográfica. Complementa a su predecesora y posee capacidad para 600 asistentes. Realiza presentaciones en todos los géneros de la creación artística cubana.

CASA DE LA MÚSICA DE TRINIDAD: Se halla ubicada en el centro histórico de la villa, en una casona del siglo XVIII. Dada su elevada ubicación puede contemplarse desde allí el entorno de la ciudad. La sala, al aire libre, ofrece las presentaciones de las mejores agrupaciones de la región.

CASA DE LA MÚSICA DE SANTIAGO DE CUBA: Sitio para encontrarse con lo mejor de la música en la Isla. Situada en el centro de la primera capital de Cuba, sus ofertas fluctúan entre el pasado y presente del abanico melódico cubano en multiplicidad de géneros. Ofrece espectáculos nocturnos, peñas los fines de semana y otras atracciones.

CASA DE LA MÚSICA DE VARADERO: Proyecto inaugurado en el 2006, el cual ha contado en sus presentaciones con músicos de primera línea. Se ubica en el centro del balneario cubano por excelencia y oferta dos espectáculos diariamente: matinée, hasta las nueve de la noche, y desde las 10 y 30 hasta las tres de la madrugada.

En todos estos espacios patrocinados por la EGREM, además del expendio en diversos tipos de soporte del universo musical en la ínsula, se ofrece variada oferta gastronómica, incluidos platos autóctonos de las diversas regiones en que se enclavan dichas instalaciones.

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