viernes, 7 de agosto de 2009

El globo rojo


Eduardo Dermardirossian (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Cuando mi hija tenía la edad de sus hijas, hace más de una treintena de años, comencé a contarle historias nacidas de mi imaginación. Esas historias, cuyos personajes eran caperucitas de diferentes colores, luego fueron enriquecidas con las osadas intromisiones de ella. Y así nacieron los "cuentos de Caperucita para Mariel" que, junto con otras narraciones, ahora les ofrezco a los niños de este tiempo digital.

No sé si mi pluma consigue mostrarle al lector, niño o adulto, las imágenes y los colores que me habitan. No sé si las palabras tienen la magia del movimiento, si las metáforas y los rebuscamientos del lenguaje pueden describir el rostro de un niño, su andar por las calles de la ciudad, su relación con las cosas. Quizá la inocencia y la belleza tienen formas y colores que las palabras no pueden copiar.

Por eso hoy acudo a una fábula cinematográfica que, aunque data de 1956, tiene la frescura de lo nuevo, el candor de lo simple y la virtud de la inocencia. Estoy hablando del filme de Albert Lamorisse Le ballon rouge, protagonizado por Pascal, su hijo de sólo cuatro años de edad, y por el globo que le da nombre a esta joya del cine-arte.

Creo que ensayar una interpretación de este mediometraje que a pesar de carecer de otros diálogos que los visuales mereció el Oscar al mejor guión original en el año de su realización, sería un error. Conviene cliquear en el enlace que pongo al pié para que, por la sola virtud de esta modernidad, las imágenes nos hablen por sí mismas y nos digan si, acaso, estamos presenciando una de las obras más bellas que el cine nos ha ofrecido. A los niños y a los adultos.

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