viernes, 7 de agosto de 2009

Izquierda e individuo


Edgar Borges (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La derecha hace egoísta al individuo y la izquierda lo ignora. Algo de eso hay. Y, para quienes empujamos el surgimiento de una nueva izquierda, ya esa ecuación no basta.

Asumiendo que estamos conscientes de la demolición que la derecha realiza del individuo como ser comprometido con su entorno (y su memoria), pasaré a discutir lo que me interesa. ¿Por qué a la izquierda le cuesta asumir (en estrategia y acción) que la vía para el cambio colectivo pasa por la transformación del individuo? Por lo menos, no instrumentaliza ningún basamento de lucha que aplique la ecuación individuo + revolución = colectivo.

La izquierda no debe caer en el chantaje de la derecha (y cae en muchos); individuo no tiene por qué ser un sinónimo de egoísmo y ni siquiera de individualismo. La lucha por la liberación de los pueblos es milenaria, pero también los fracasos. Conocemos sólo la forma de dominio imperial que juega a la ecuación del ser humano al servicio de los grupos de poder. ¿No será que la única posibilidad de liberación social pasa por la consolidación de una consciencia individual asumida como parte vital de un colectivo? El tema es complejo pero necesario, se trata de avanzar hacia el individuo socialista, hacia el individuo revolucionario.

Podría ser que en el siglo XXI terminara de claudicar el concepto clásico de lucha de clases (pobres y ricos) para asumir otros retos, otras estrategias, siempre para concretar el mismo viejo objetivo como es la reivindicación de la dignidad humana. ¿Será la nueva batalla un laberinto que nos lleve a reconocer que en realidad todo lo bestia y todo lo sublime del mundo lo llevamos cada uno de nosotros por dentro?

Cuando los dogmas nos esclavizan no es fácil aceptar un cambio conceptual (y vivencial); no obstante, considero que en este instante de individualismo consumista (y deshumanizador), manejar el término pueblo o colectivo sin pasar por el individuo resulta abstracto, estéril. Pueblo sin individuos conscientes es abstracción; colectivo sin la repartición de la ética individual es un espacio vacío. Necesitamos tanto pobres como ricos que comprendan el por qué de la importancia de un mundo revolucionario. Y eso sólo se puede lograr si comprometemos al individuo con los objetivos y resultados de ese mundo que él cuestiona o bendice. La señora X que mira a sus vecinos del barrio como gusanos que estorban en la tierra es más peligrosa que Berlusconi, pues el primer ministro italiano sabe para qué mezquino objetivo trabaja y ella no. No se puede defender, con autenticidad, lo que no se comprende. El mundo como tal, desde la perspectiva social, debe ser un compromiso de las individualidades. La razón de la lucha hay que hacerla valer en cada actitud, en cada personificación de la dignidad humana. No se trata de unificar criterios ni voluntades (una cosa lleva a la otra); nada más absurdo y fascista que eso. Necesitamos impulsar un debate que reconozca las diferencias individuales en comunión con un objetivo revolucionario. Sólo entonces estaremos encaminados a la verdadera conformación de un colectivo de base progresista. El todo es la necesidad de un mundo en evolución empujado por individualidades comprometidas. Y ese compromiso ya no puede limitarse a la utilización del plural como un concepto abstracto: “¡Te esperamos mañana en la plaza mayor para defender la revolución!” Pues, esa invitación ya no basta. Ahora, en este instante de salvajismo capitalista (cuando impera el todos contra todos en beneficio de unos pocos), te necesitamos, como ser practicante de una ética revolucionaria, las 24 horas de todos los días, estés en la casa, la escuela, el trabajo o la calle. Hagamos algo antes de que terminemos (la izquierda) siendo recordados como la cara simpática de la derecha.

Edgar Borges es venezolano residente en España.


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