viernes, 7 de agosto de 2009

La cultura (Parte I)


Antonio Guerrero

I
Introducción

La visión de cultura atraviesa un largo periplo histórico de confrontaciones entre una visión materialista y otra idealista hasta llegar a la concepción científica de cultura que es resultado de la conciencia que la sociedad humana adquiere, en base de las transformaciones de la cultura material, realizadas por el hombre como ser social para hacer producir a la naturaleza, lo cual se refleja en su cerebro el mismo que, al producir ideas crea la cultura espiritual que incide en la cultura material; ambas, la cultura material y la espiritual, interactúan una sobre la otra, recíprocamente, dialécticamente.

II
La formación del hombre

La cultura se inicia con la formación del hombre que deja atrás al homínido: El desarrollo de su cerebro que produce ideas, de sus manos como herramientas, del lenguaje articulado, son procesos ligados a la lucha que el hombre, actuando socialmente, lleva a cabo para transformar la naturaleza creando y desarrollando instrumentos de producción para que esta le proporcione alimentos, vestido, bienes, dominándola progresivamente, no solo haciendo uso de ella, en función de proteger la más alta especie animal brotada de la naturaleza: Su propia especie, el hombre.

, destaca Engels: Esta historia durante los estadios inferior, medio y superior de la barbarie, que dejan atrás el salvajismo, y se funden con el estadio de la civilización, dan un salto en el desarrollo cultural: el dominio en la producción de la tierra, la forja de más avanzados instrumentos de producción y de comunicación, los inicios del arte en el labrado de metales y en la arquitectura, así como en la literatura al crear la mitología que se expresa en los cantos homéricos como “La Ilíada.

III
La sociedad esclavista

Durante el período esclavista este desarrollo de las culturas material y espiritual, dan un salto: Los instrumentos de producción creados, a través de los agricultores y artesanos, incrementan la producción y la riqueza, más, una minoría entre la cual destaca el mercader, se va apropiando progresivamente de estos excedentes de la riqueza producida por la mayoría trabajadora en dicha sociedad humana.

Para engrosar dichas riquezas, “la nueva aristocracia de la riqueza” se lanza a la guerra para apropiarse de territorios y de seres humanos que convierte en sus esclavos. El contingente de esclavos se engrosa a través de nuevas guerras de apropiación violenta de nuevos territorios: Los amos incrementan el número de sus esclavos con los prisioneros de guerra a quienes explotan sus energías físicas y mentales acumulando mayores riquezas.

Para legalizar este sistema de explotación y opresión surge el Estado de clases con sus leyes, su educación y artes, sostenido por el ejército imperial; esta sociedad opresora es la esclavista y sus clases fundamentales son: Los amos y los esclavos.

La clase de los esclavos, acumulando energías culturales, desarrollando, en forma espontánea y conciente, su cultura como pueblo oprimido, se alza, como ocurre en Roma durante “la tercera guerra de los esclavos, conducida por Espartaco, 80 años antes de nuestra era”*, quienes casi llegan a destruir el imperio esclavista romano; así sucesivamente, la cultura de los oprimidos, de los esclavos, alzándose una y otra vez, conduce a que la sociedad esclavista sea echada abajo.

IV
La sociedad feudal

Surge la sociedad feudal que es una sociedad distinta de la anterior, pero signada, igualmente, por la explotación y opresión sobre la nueva clase surgida de la sociedad feudal: los siervos, quienes ahora, pasan a ser explotados y oprimidos por los “señores feudales” dueños de la tierra, los monarcas latifundistas de “cabezas coronadas” que dicen ser “representantes de dios” y que cuentan con una institución que bendice, “a nombre de los cielos”, la explotación y opresión sobre los siervos: la Iglesia Católica.

Durante la Edad Media, echado abajo el régimen esclavista, durante el período feudal de dominio de las monarquías latifundistas y de la Iglesia Católica, en el siglo XV, se produce un auge en el desarrollo de las artes y de las ciencias conocido como El Renacimiento.

V
El renacimiento

Este es el batintín de una revolución que se cuece en los pies, en la base de la sociedad feudal con el desarrollo de la manufactura y de la industria, que, recogiendo los aportes de los griegos en filosofía y de los árabes en las ciencias, desarrolla las artes y la investigación de la naturaleza*.

Se produce un salto en la creatividad: la pintura, la escultura, la literatura, el gravado, van de la mano del desarrollo de la ciencia militar, y de los descubrimientos en la física, la mecánica, las matemáticas, etcétera: Los hombres que se colocaron al frente de esta revolución en las artes y las ciencias, vivían “En una época -dice Engels- “Que requería titanes y forjó titanes”: Leonardo Da Vinci, Durero, Maquiavelo, Lutero, “eran todo, menos gente burguesamente limitada”.

Esta corriente revolucionaria en las artes y las ciencias enfrenta la represión y crímenes que, a nombre de la “fe”, de las creencias idealistas, místicas, para defender el decadente sistema feudal.

VI
La revolución burguesa

La burguesía, apoyándose en las masas campesinas, de artesanos y trabajadores urbanos, utilizando sus energías, los elementos culturales del odio de los siervos de la gleba a la dominación feudal, el rechazo al boato, y a la opresión de la monarquía, adquiridos y forjados durante su vida y combates a los latifundistas “coronados”; su cultura como pueblos oprimidos, apoya la visión y la praxis avanzada de la nueva clase, la burguesía, representada por la Ilustración, por los enciclopedistas franceses inmersos en el auge de los descubrimientos científicos, del desarrollo de las artes, de la pedagogía burguesa, de la estética materialista, echan abajo el sistema feudal monárquico, e instauran el sistema capitalista, dando un salto en el desarrollo de las culturas material y espiritual: El ejemplo clásico de la Revolución burguesa se produce en Francia en 1789.

VII
La contradicción entre la revolución en las ciencias y la visión de la inmutabilidad de la naturaleza

A mediados y finales del siglo XVIII, siglo del materialismo mecanicista, y a pesar de que, los descubrimientos científicos demuestran que la materia está en permanente movimiento, en el terreno de la naturaleza y del universo, el pensamiento se encuentra estancado, cargado de teologismo, pues, la visión que impera es la de la “inmutabilidad de la naturaleza”*, es decir, una visión filosófica carente de movimiento, metafísica, que, cuando brota la pregunta acerca del “origen” (¡sic!) de la naturaleza y del universo, la respuesta inmediata es la de “la creación”.

VIII
La forja de la filosofía marxista

Durante este período en que la burguesía realiza su revolución, y que se producen los cambios científicos y artísticos, aquella concepción de inmutabilidad del universo y la naturaleza, en lo fundamental se mantiene.
Desde la misma Francia de la revolución burguesa, brota el pensamiento socialista utópico; en Inglaterra se desarrolla la economía política inglesa y en Alemania, la filosofía está envuelta en un torbellino de ideas donde los jóvenes hegelianos de izquierda, Marx y Engels, motivados por el descubrimiento de la dialéctica hegeliana, a pesar de su corteza idealista; y luego, por la profunda visión materialista de Feuerbach, aunque aún ésta, con vestigios religioso idealistas; profundizando en sus aspectos revolucionarios, estudiándola y desarrollándola, dan un salto y descubren el materialismo dialéctico: Esta visión filosófica científica materialista deja atrás la concepción de la inmutabilidad de la naturaleza y del universo y provoca el más inusitado salto en la transformación del pensamiento humano, de la cultura espiritual de la sociedad humana.

Esta nueva concepción filosófico- científica: La dialéctica materialista, concluye que el movimiento del universo es eterno, y que la naturaleza se halla en un proceso de permanente transformación y cambio.
Con esta aprehensión filosófica la cultura espiritual, forjada durante miles de años, durante los cuales se han desarrollado las culturas material y espiritual de la sociedad humana, alcanza la visión científica de cultura, filosofía que, a diferencia de todo el acumulado filosófico construido desde la antigüedad griega, cuya esencia es la pugna entre idealismo y materialismo, se plantea no solo observar e interpretar al mundo, a la naturaleza, sino transformarlos.

IX
El manifiesto comunista

Sobre la base de haber construido los pilares de la ciencia revolucionaria, de la cultura científica del proletariado, los comunistas con Marx y Engels a la cabeza, lanzan, dentro del mundo capitalista, su llamamiento al proletariado y a los pueblos, a echar abajo el capitalismo por ser un sistema explotador y opresor de la clase obrera, sosteniendo científicamente que, esta clase social oprimida, junto al campesinado y los pueblos, harán saltar en base de sus propias fuerzas y por medio de la fuerza, de la violencia, de la revolución social, al sistema capitalista: ¡Proletarios de todos los países, uníos!, es el llamamiento que genera de parte de la burguesía el odio y la persecución a la teoría científica marxista, a la cultura del proletariado, y desde luego, a Marx y a Engels, precisamente cuando la teoría del marxismo se expande entre los trabajadores y pueblos del mundo, dirigida por las primeras organizaciones comunistas que se agrupan y organizan en torno de la teoría, de la ideología del proletariado, para empujar la política revolucionaria constituyéndose en los representantes de la cultura científica mas avanzada de la humanidad, que funde teoría con praxis, y que muestra a una intelectualidad, la proletaria militante, distinta de la burguesa, cohesionada y dispuesta, que convoca a echar abajo el sistema capitalista.

X
La revolución proletaria

Tras la construcción del marxismo como ciencia, la burguesía echa a rodar el Fantasma del Comunismo, pero en Francia se instaura La Comuna de Paris, “el Asalto del Cielo” como la primera asonada práctica de la ideología proletaria.
Temporalmente derrotada por la burguesía, la Comuna de París, trinchera desde donde el artista del proletariado y diputado a la Comuna, Eugenio Pottier, crea la canción de la “Internacional Comunista”, deja lecciones positivas imborrables.

A inicios de la primera década del siglo XX, durante y a finales de la Primera Guerra Mundial, sobre la base del enriquecimiento del marxismo que impulsa Lenin, se produce la Primera Revolución Proletaria victoriosa en el mundo: la Revolución Socialista de Octubre en la Rusia Zarista, bajo la dirección del Partido Comunista (b) de Lenin y Stalin: la teoría del marxismo, se eleva a nivel del marxismo- leninismo, y la cultura proletaria, planteada como una perspectiva, se hace realidad en la construcción del primer país socialista del mundo a pesar de que se lleva a cabo, contra éste, una guerra imperialista para echar abajo el nuevo sistema social, guerra en la que triunfa el proletariado en el Poder, dirigido por su partido revolucionario, el partido comunista.

XI
La sociedad socialista

La cultura científica se hace realidad, ahora, como cultura dominante, en todos los terrenos: en la cultura material levantando una agricultura basada en la cooperativización de la tierra, para los campesinos que la trabajan, y en la estatización de la tierra, también para el campesinado trabajador, producción agrícola y ganadera que nutre, que es fundamental para el desarrollo de la industria estatal socialista liviana, mediana y pesada, dirigida por la clase obrera y su partido, eliminada la clase social parásita, antes propietaria de aquellas, y que se enriquecía a costa de extraerle plusvalía a la clase obrera; bases económicas y sociales en las que se asienta la nueva cultura espiritual socialista, opuesta al individualismo: colectiva y solidaria, que al desarrollarse se convierte en fuerza colectiva de los pueblos para el desarrollo de la cultura material de la patria socialista. Este desarrollo de la cultura espiritual se expresa en un inusitado avance de las ciencias, la técnica, la educación, los deportes, la literatura socialista, las artes populares; en el desarrollo de la cultura planificada socialista, confirmando que es ésta la expresión más avanzada de la concepción científica de cultura, basada en la destrucción del viejo mundo capitalista y su aparato estatal burgués, construido para explotar y oprimir a los pueblos, y en la construcción del nuevo aparato estatal del proletariado, en el ejercicio del Poder Popular, de la dictadura del proletariado, sostenido por el ejército popular y el pueblo armado, para preservar el desarrollo de la nueva cultura socialista, la vida nueva.

Es falso lo que pregona el postmodernismo, de que, al luchar por la liberación de la opresión de clases, los comunistas dejamos de lado las particularidades étnicas, locales, regionales, de los pueblos, ni los aspectos culturales, artísticos y literarios que emanan de las culturas de los pueblos.
Durante el socialismo, en ese auténtico escenario de libertad social, es posible impulsar una auténtica interculturalidad, y todas las expresiones populares provenientes de los pueblos.
Lo contrario ocurre con la propuesta demagógica del capitalismo que, al hablar de “interculturalidad” fomenta la única posible en su sistema, que consiste en someter a los pueblos a la cultura dominante del capitalismo.

XII
La identidad: un fenómeno estudiado por nuestra filosofía que se verifica en la naturaleza y en la sociedad humana

Durante la construcción del socialismo en la URSS, el partido comunista basándose en la teoría científica del marxismo- leninismo impulsa entre la clase obrera y los pueblos el estudio de las ciencias para el desarrollo multilateral del socialismo; durante este extraordinario período histórico se determina que la identidad es una categoría filosófica transitoria dentro de la lucha de contrarios que en el interior de cada elemento material existe y que caracteriza el movimiento de todos los fenómenos, materiales y espirituales; de estos últimos como reflejo del movimiento material y eterno del universo, de las transformaciones inorgánicas y orgánicas de la materia, y de la sociedad humana en sus diversos estadios de desarrollo social y cultural.

La identidad se encuentra en la materia inorgánica y orgánica, tal lo puntualizan, M. Rosental y P. Yudin, en su conocido diccionario filosófico:

Veamos que ocurre con cuatro elementos químicos de la Tabla de Mendeleev: Calcio: (Ca); Cloro: (Cl); Hidrógeno: (H); Oxígeno: (O), los cuales están en permanente cambio; cada elemento tiene su propia identidad, la cual es transitoria, en cuanto se transforma en otro elemento por diversas causas, por ejemplo: La mezcla, o fusión, de elementos químicos: El hidrógeno (H) es hidrógeno (sic!), esa es su identidad, que lo diferencia del oxígeno (O); cuando se mezclan, esa identidad, transitoria, da paso a una nueva identidad: La del agua (H20); la identidad del Calcio (Ca), es el calcio (sic!), cuando se unen el Calcio (Ca) con el Cloro (Cl), se forma el Cloruro de Sodio, la sal: Esta es una nueva identidad dentro del mundo inorgánico.

XIII

La identidad en el mundo animal

Lo propio ocurre en el mundo animal y vegetal: hay identidad entre animales de la misma especie, que, como se sabe, han venido, desde hace millones de años, desde que surgió la albúmina y luego la célula, y luego los vertebrados.

Veamos un ejemplo dentro del reino animal: Lo cual significa que los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos, siendo diferentes, teniendo identidades como familias de cordados, provienen de un tronco común, que es el hemicordado; dentro de cada una de dichas familias, que tienen identidad como tales: mamíferos, reptiles, aves, etcétera, hay identidades propias dentro de cada familia.

XIV

Culturas e identidades en la sociedad humana

En las sociedades humanas ocurre algo similar, pero es más complejo pues, el hombre al actuar socialmente, genera no solo producción de alimentos, vestido y/u otros productos provenientes de la naturaleza, particularmente variados instrumentos de producción, que, siendo cambios materiales, a la vez producen cambios en la mente, en la cultura espiritual de la sociedad que distingue las identidades del mundo animal, de las identidades de la sociedad humana, pues lo que caracteriza el desarrollo del ser humano en su relación con la naturaleza es que el hombre no hace uso de la naturaleza, sino que ejerce progresivamente dominio sobre ella en beneficio de la sociedad humana: De este modo se van conformando la cultura espiritual de las sociedades humanas progresivamente, por ejemplo: Durante el período tribal a cada tribu le corresponde su propia identidad cultural, su sentido de pertenencia a dicha tribu; el fenómeno es mas complejo en las sociedades de clase, pero igualmente dentro de ellas, al examinar sus culturas, dentro de la estratificación de clases, brotan de ellas identidades culturales.

XV

El postmodernismo mete en el mismo saco a la cultura burguesa y a la científica proletaria

En las últimas décadas, sobre todo a raíz de la Caída del Muro de Berlín, el postmodernismo desempolvó y maquilló la categoría de la identidad, ubicándola como un supuesto hallazgo, como una novedad en la visión de las sociedades humanas, de parte de la burguesía, que supuestamente, se refiere exclusivamente a un fenómeno social, derivado de la cultura espiritual, de “la diversidad de las culturas”, de la cual derivaron la tesis reaccionaria postmodernista de que la visión cultural clasista, deja de lado la diversidad de culturas e identidades que de ellas se desprenden.

El postmodernismo, involucra en “la modernidad” tanto al imperialismo como al socialismo y al marxismo, lo cual es esclarecido por Oswaldo Palacios: <“Muy simplemente concluyen que el postmodernismo “ha dejado atrás a la modernidad”, entendida como el carácter imperialista del capitalismo, y que ahora el “establecimiento” ha devenido en una “sociedad civilizada”. En el posmodernismo, la existencia de las clases sociales, de la lucha de intereses de las mismas, de la explotación y la opresión, han sido también “superadas” y el marxismo como doctrina del pensamiento ha sido superado ampliamente por las nuevas condiciones en que se desenvuelve el mundo, la sociedad actual.>

Con esta visión “identitaria”, el postmodernismo pasó a examinar las sociedades de la postmodernidad, a la luz de la visión de “las identidades” y de “las culturas”, desclasándolas de manera vertical, autoritaria, idealista y metafísica, en sociedades en donde no existen, supuestamente, las clases sociales, la lucha de clases, y mucho menos, la perspectiva del socialismo.

Ahora solo restaba volcar la visión a las sociedades de la postmodernidad, del “bienestar general”, donde había que examinar las particularidades de los “grupos sociales” desde la óptica de las identidades: étnicas, regionales, de género, de “preferencias sexuales”, visión que se opone tajantemente a la visión cultural clasista, con la cual se pierde de vista la perspectiva de la reanudación de las revoluciones proletarias y la reinstauración, vía de la revolución social, del Poder Popular y del socialismo.

XVI

La bancarrota neoliberal y la crisis del capitalismo golpea las tesis postmodernistas

Más, los hechos golpearon como una piedra que rompe el cristal de un gran rascacielos donde se efectúan operaciones especulativas: La crisis real, general y las crisis cíclicas que acosan a la sociedad capitalista, han ido echando abajo las tesis postmodernistas, que, desde luego siguen pululando y haciendo estragos entre los pueblos; la crisis, ya golpeada por el fracaso del neoliberalismo, y la caída de algunos gobiernos, especialmente en América Latina, se han venido acentuando, probando, por los hechos irrefutables de algunas crisis como la de México, la de Rusia, la de “los tigres asiáticos”, y particularmente por la reciente crisis cíclica en la que está envuelto el mundo capitalista, que tiene como eje al imperialismo norteamericano, en función de los cuales, la visión postmodernista ha venido sufriendo un golpe tras otro.

Sin embargo, ello no ha significado que sus tesis antimarxistas, que sus visiones “culturales” no sigan siendo utilizadas, particularmente en el “trabajo de campo” que realizan en forma proliferante los agentes de las ONGs, los “antropólogos” “especialistas en “culturas”, los organismos estatales dedicados a “las culturas y las artes”, en las comunidades campesinas y urbanas, a través de los cuales se empuja una ofensiva “cultural” contra la visión clasista de la cultura y se empuja la división de los pueblos a través de la visión de las culturas e identidades étnicas, regionales, etcétera.

XVII

La ofensiva postmodernista desvía a los pueblos del rumbo de la revolución

Las tesis postmodernistas tienen un eje conocido: “es el fin de la historia” y el fin de las ideologías”.

Es la negación de la cultura científica del proletariado y la afirmación, antihistórica y metafísica, de que en el capitalismo termina el desarrollo de las sociedades humanas: Ese “metarelato*” de las comunidades primitivas, la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo y el socialismo”, dicen:

.

Esta concepción imperialista, agresiva y anticientífica de cultura se propone subordinar las culturas e identidades de los pueblos de los países dependientes a la cultura imperialista de manera hegemónica, a la “globalización”, arrasando con las culturas nacionales, de nacionalidades y etnias, e identidades desprendidas de esas culturas.

XVIII

El nacionalismo burgués en algunos países de América Latina genera una cultura de resistencia a la cultura de la globalización y promueve las culturas e identidades nacionales, de las nacionalidades y etnias

Dada la agudización de la crisis del sistema capitalista que se va expresando en la crisis general y en diversos estallidos que la azotan en uno y otro país; esta crisis del sistema capitalista se expresa en América Latina en el fracaso del neoliberalismo, de la política de privatizaciones, a través de las cuales el imperialismo se proponía explotar y oprimir, más, a los pueblos de los países dependientes.

“Frente a la globalización -destaca Pablo Miranda- como una reacción inmediata se está produciendo, en determinados países y pueblos una exacerbación del nacionalismo burgués, estallan confrontaciones de carácter nacional, étnico- cultural y religioso, que hacen parte del proceso de transición”

Surge y se desarrolla una tendencia de cambio, que, apoyada en la lucha de los trabajadores, los pueblos, la juventud, va echando abajo los regímenes neoliberales, privatizadores que actuaban bajo la cobertura de la “democracia representativa” que legalizaba su corrupción y entrega de la soberanía.

“Estos hechos incontestables evidencian importantes cambios en la correlación de fuerzas. Expresan que los Estados Unidos no tiene la capacidad de antes para manipular a su antojo a todos los gobiernos. Significan para los pueblos y los trabajadores de otros países un referente, la demostración de que es posible triunfar en los procesos electorales y abrir un nuevo camino para la solución de los problemas que nos aquejan”, señala Miranda.

“Para nosotros está claro -agrega el camarada Miranda- que en ninguno de esos países en los que se eligieron presidentes antinorteamericanos se ha producido el ascenso al poder de los trabajadores y los pueblos”…Esto quiere decir que no se ha producido la revolución social”.

En este escenario, desde las esferas de dichos gobiernos, se expone que, dejando atrás al capitalismo, se ha instaurado un “socialismo” sui géneris: el “socialismo del siglo XXI”, el cual, pese a estos cambios democráticos y patrióticos operados, no afecta la estructura del sistema capitalista que, en lo fundamental, en su estructura económica y su sistema social, se mantiene vigente; sus propulsores aclaran que “el socialismo del siglo XX fracasó”; agregan a esta visión “cultural” su oposición al principio científico de la lucha de clases.

XIX

El postmodernismo empata con el reformismo en la cultura

En las esferas de “La cultura” se ratifican y desarrollan estas visiones y conceptos culturales: Al mismo tiempo que se mantiene un discurso antineoliberal, que se adoptan, ciertamente, medidas que vulneran la política hegemónica, globalizadora del imperialismo, opuesta a los diversos planes “Santa Fe”, propiciados por el imperialismo; que se defiende la cultura nacional, la identidad nacional, las culturas e identidades de las nacionalidades y las etnias, las de “género”, de “preferencias sexuales”, etcétera; de otra parte, progresivamente, se desarrolla un discurso que, abiertamente declara ante la sociedad capitalista que “no hay “lucha de clases”, por tanto, no reconoce la existencia de las clases sociales, ni la visión clasista, científica, de la cultura, ni la perspectiva revolucionaria de la conquista del poder popular a través de la revolución, ni de la construcción de la sociedad socialista.

Estas justas tesis, igual que lo hace el postmodernismo, son estigmatizadas; el discurso, mientras en la forma ataca al “capitalismo”, lo cual, de una parte es bueno; de otra parte, como ocurre y de manera abierta en Venezuela, o sesgadamente, como en Ecuador, demarca claramente sus diferencias con el “socialismo dogmático y ortodoxo”, ya fracasado, del siglo XX”, todo lo cual, en estos aspectos, identifica a esta propuesta “cultural”, desarrollista y reformista, de manera pragmática y aún dentro de sus diferencias, con los postulados teóricos y los objetivos políticos e ideológicos del postmodernismo.

XX

La propuesta cultural desarrollista y reformista niega la visión clasista, de la cultura

La propuesta cultural de la “revolución ciudadana”, del “socialismo del siglo XXI” se concreta en la propuesta cultural: “Libres, Iguales y Diversos”, tesis reformista que mimetiza y niega la existencia de las clases sociales y de la lucha de clases. La visión científica cultural clasista

Estos “nuevos tiempos”, requieren para el “socialismo del siglo XXI”, una “revolución ciudadana” sin confrontaciones, “sin lucha de clases”, dentro de la cual se logre “la libertad”, se elimine la “desigualdad”, a través no de “la exclusión”, sino de “la inclusión” de las “culturas étnicas”, de las “identidades”, a las cuales se las reconoce como única forma de expresión de “lo popular”, pues, “provienen de los pueblos”, en “la cultura”.

Estos planteamientos “identitarios” son reforzados por “antropólogos” como Omar Skola, quien sostiene que “lo popular” hay que encontrarlo en las culturas: .

XXI

Lo popular, según esta visión cultural no clasista, son las culturas étnicas y regionales, y la de “las clases subalternas”

El “antropólogo” Skola, reconoce a “lo popular” en las culturas “etno-históricas”, regionales, locales, rurales, urbanas, globales y aquellas que están en la “perspectiva de clase socioeconómica”, estas últimas, relegadas, en segundo plano.

En esta visión antropológica- cultural no aparecen con claridad las clases sociales, lo que significa que estamos ante una visión postmodernista, que niega, o mimetiza, la existencia de las clases sociales y la lucha de clases.

Aunque, relegadas, se habla de “las manifestaciones y representaciones subalternas y de intelectuales adscritos a ellas”; podría colegirse, que, detrás de este lenguaje “antropológico” se habla de ¡las clases sociales!, dado que, como premisa se habla de “las perspectivas de clase socioeconómicas”, o sea, se habla de una estratificación económica de clases.

Al darle a éstas, la connotación de “manifestaciones subalternas”, por lógica podríamos concluir que, aunque escondiendo sus propósitos de privilegiar las culturas étnicas, y mimetizar a las clases sociales, el “antropólogo” Skola se refiere a las clases sociales explotadas y oprimidas por el capitalismo.

En todo caso las clases sociales explotadas, que son el motor del cambio social revolucionario no son consideradas, claramente en este análisis; la visión científica, clasista, de la cultura, es colocada al margen por Omar Skola, lo que nos ubica en su particular visión antropológica de “lo popular”, que no es suya, que corresponde al postmodernismo; lo importante es que se refiere al Ecuador de hoy.

Esto confirma que, pese a las diferencias entre la “globalización” y el “socialismo del siglo XXI”, hay una coincidencia: La visión “cultural” postmodernista, y la “antropológica reformista”, coinciden en que en nuestro país no existen las clases sociales, ni la lucha de clases.

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