viernes, 14 de agosto de 2009

La cultura (Parte II)


Antonio Guerrero

XXII

Las clases y la lucha de clases existen al margen de que la visión postmodernista y reformista las nieguen y/o las mimeticen

Esta visión no clasista de “lo popular” es una muestra de la visión por la cual se disemina en el Ecuador, a los trabajadores y a los pueblos, en múltiples “culturas”: étnicas, locales, regionales, rurales y urbanas; en realidad, todas estas expresiones culturales existen, pero se resumen en culturas e identidades étnicas.

Por más que Skola no las mencione, la realidad del Ecuador –de América Latina y del mundo capitalista-, es que dentro de nuestro país existen clases sociales explotadoras y clases sociales explotadas, e, imbricadas, formando parte de las clases sociales explotadas y oprimidas, formando parte de los trabajadores, campesinos, de la pequeño burguesía, están, signándoles una identidad étnica, o una cultura étnica, los pueblos mestizo, indígenas y negro.

Esta visión postmoderna pretende restringir a “lo popular”, exclusivamente a “lo étnico” para hacer perder la perspectiva histórica del proletariado, como clase dirigente de la revolución, que, junto al campesinado y a los pueblos del Ecuador, bajo la dirección del partido comunista, impulsará la tarea de unir, de liderar los combates por la emancipación social, por la revolución, la conquista del Poder Popular y la construcción del socialismo; tarea ésta, en la que están imbricadas, de modo natural, las culturas e identidades de los pueblos mestizo, indígenas y negro.

XXIII

Las culturas étnicas, regionales, urbanas, rurales, están imbricadas naturalmente a las clases sociales explotadas

Las clases revolucionarias y las etnias, son una trenza: Están juntas en las fábricas donde los obreros son mestizos, mulatos, negros, cholos, etcétera, y lo que importa es que son trabajadores que luchan contra el capitalismo, contra la clase de los patronos; cosa similar ocurre en el campo: la mayoría del pueblo indígena son campesinos pobres y medios; o la mayoría de mestizos, -connotados como ”cholos”, “zambos”, montubios”, por sus identidades, aunque todas ellas forman parte del pueblo mestizo-, son campesinos pobres y medios; o los pueblos mestizo, indígenas y negro, forman parte de la pequeño burguesía y/o de otras clases y capas sociales explotadas.

Esta errónea visión de las “culturas étnicas”, que las separa de las “manifestaciones y representaciones subalternas”, se ratifica cuando aborda el tema de la “cultura nacional”.

XXIV

La cultura nacional



Este es un planteamiento reformista: A partir de algunos elementos que, muestran como ejerce su papel la cultura dominante en el capitalismo, concluye en que la “cultura nacional”, excluye a “la cultura de las etnias oprimidas” y a la de “las manifestaciones subalternas”, término en boga dentro del lenguaje de la cultura no clasista, que mimetiza una idea reformista muy profunda: Aquí no se trata de hacer una revolución social verdadera que enfrenta la dominación cultural burguesa e imperialista que se ejerce a través de “las cárceles, elementos armados y otros elementos”, como señala Lenin, haciendo uso del derecho a la violencia revolucionaria de parte de los trabajadores y los pueblos, alzados para conquistar su liberación, sino de “mejorar al capitalismo”, “hacerlo solidario”, lograr que asimile las “culturas populares” a este “socialismo del siglo XXI”, de allí que el señalamiento de la “exclusión”, plantea como alternativa la “inclusión”, en el sistema capitalista, de las “culturas étnicas” y de “manifestaciones y expresiones subalternas”.

En el planteamiento de Skola de las características de la “cultura nacional” desaparecen, o se mimetizan, las clases sociales y la lucha de clases, por tanto no corresponde a una visión científica de la “cultura nacional”.

“Nosotros, afirmamos enfáticamente, que el proceso histórico, las vicisitudes de los pueblos del Ecuador y de manera particular del pueblo mestizo, decantaron la exclusividad de la cultura española, la imbricaron en una nueva cultura, la cultura ecuatoriana”, destaca Pablo Miranda.

La concepción proletaria de “cultura nacional” ubica a ésta como un fenómeno histórico social, en movimiento, que se va estructurando a lo largo de la historia de cada país, y se desarrolla fundamentalmente durante la etapa del desarrollo capitalista; culturas nacionales que existen actualmente en los países de América Latina que, a pesar de la dependencia, en diverso grado, del imperialismo norteamericano, se encuentran en un período de desarrollo capitalista, como modo de producción y de relaciones sociales de clase burguesas, dominantes; en cuyo interior, se fermenta y desarrolla una intensa lucha de clases; una confrontación antagónica entre la cultura dominante, burguesa, ligada con el imperialismo, y la cultura de los de abajo, de los trabajadores y pueblos oprimidos.



De estas dos visiones se desprenden dos prácticas distintas, opuestas, dos líneas de acción antagónicas: Las “culturas étnicas” y la cultura de “las clases subalternas”, -según la visión reformista de Skola-, “excluidas de la cultura nacional”, se proponen ganar espacios para ser “incluidas” dentro de la actual “cultura nacional”, donde y desde el poder que ejerce la burguesía ligada con el imperialismo norteamericano, la cultura burguesa, en gran medida desnacionalizada por la incidencia del imperialismo en nuestro país, es la cultura dominante; es decir, la propuesta reformista es “incluir” a la “cultura popular” -según la concepción reformista- dentro del capitalismo, lo cual se identifica con la visión de la “revolución ciudadana”, y del “socialismo del siglo XXI” que plantea que “la Patria, ya es de todos”, y que este es un país donde, ya, “somos libres, iguales y diversos”, y lo que se requiere es promover a las “culturas populares”, empujando la “interculturalidad” entre culturas étnicas, regionales, locales, de genero, de “preferencias sexuales”, de “clases subalternas”.

XXV

La tesis de que “lo culto no es popular”, niega la existencia de la cultura científica del proletariado y la cultura progresista de la humanidad

Desprendida de esta visión reformista de las identidades y culturas étnicas, opuestas a la visión de clases de la cultura, Skola señala que, “todo lo que no sea cultura ilustrada, de élite o burguesa, es cultura popular”; o sea que lo ilustrado, no es “popular”, que todo aquello que “no está incidido por lo culto” es “popular”, o sea que únicamente las expresiones culturales que provienen de los pueblos, pueden ser consideradas como “populares”.

Esta visión es reaccionaria, porque en primer lugar, lo que producen culturalmente, de manera espontánea, los pueblos dentro del sistema capitalista esta trasegado por las ideas de la cultura dominante burguesa; lo cual significa que, si bien se puede hablar de que las expresiones culturales de los de abajo, son, en esencia, la cultura de los oprimidos, dentro de estas manifestaciones hay que desgranar el buen grano, de aquel que está trasegado por las ideas de la cultura burguesa.

En segundo lugar, la ilustración no puede restringírsela a la cultura burguesa: Hemos visto que la cultura alcanza con el marxismo el nivel de cultura científica, la cual se desarrolla con el leninismo: destaca Lenin: Esto que es un axioma: la teoría marxista- leninista es la más alta expresión de la ilustración científica.

Los “antropólogos” reformistas que aúpan al “socialismo del siglo XXI, se alinean con el postmodernismo para arrumar al pensamiento científico del proletariado y envolverlo como parte de “la modernidad”; Oswaldo Palacios lo señala advirtiendo que esta visión pretende

Es a esta visión anticientífica de “la cultura” que responden las apreciaciones que separan “lo culto”, de “lo popular”; por eso Skola plantea que existen dos , lo cual se debe a que considera, identificándose con la visión postmodernista, que durante el socialismo en la URSS y en otros países, no se construyó una cultura “popular”, cuando dice que , idea que corresponde a la visión del imperialismo y la reacción internacional quienes niegan que en el socialismo la clase obrera y los pueblos dirigidos por los partidos comunistas se desarrolló la cultura popular, deformando los hechos que, tras la traición del revisionista soviético, la sociedad socialista, temporalmente, regresó al capitalismo, con lo cual Skola, igual que el postmodernismo, coloca en el mismo nivel de las culturas burguesa y revisionista, contemporáneas, a la cultura científica del proletariado, de lo que se desprende la errónea visión de que “lo culto” no es “popular”; y de que lo que no está “contaminado por lo culto”, es “popular”.

Esto corresponde a otro viejo aspecto de las culturas dominantes, que separan la cultura material de la cultura espiritual, que actualiza el postmodernismo, en el sentido de que “la cultura” es únicamente la cultura espiritual, que deja de lado a la cultura material, al trabajo que en la producción realizan los trabajadores y los pueblos; deja de lado los combates, alzamientos, insurrecciones, formas de la lucha armada, guerras de liberación social y nacional, asumidas por los oprimidos; de hecho, tampoco considera como “popular” a las artes y literatura creadas durante el socialismo en los países que lograron conquistar el poder a través de revoluciones, como tampoco a las artes y a las literaturas “cultas” producidas por la intelectualidad progresista, patriota, y por representantes del arte y la literatura proletarias, cuyo caudal es inmenso, y que ha provisto a los trabajadores y a los pueblos de conciencia de clase.

La mejor ilustración proviene de este aserto la encontramos durante la Colonia con Eugenio Espejo, culto, con quien la literatura política adquiere rasgos emancipadores con las ediciones impresas de “El Quiteño Libre”, “Primicias de la Cultura de Quito”, etcétera, como destaca Agustín Cueva en su obra “Entre la Ira y la Esperanza”; asunto similar ocurre durante la República cuando se gesta la Revolución Liberal en la literatura de Juan Montalvo y José Peralta, cuya literatura “culta” son “señales precursoras del pensamiento burgués, del racionalismo; son diatribas contra el oscurantismo feudal”, como destaca Pablo Miranda al referirse a la formación de “la lengua literaria ecuatoriana” así como en la pictórica que se expresa en las obras de Egas, Pinto, Endara, Enrique Guerrero, Kingman, Guayasamín, Carcelen, etc.

La victoria de la Revolución de Octubre a inicios del siglo XX; y luego la victoria de la Unión Soviética sobre el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial, en pleno siglo XX, son las bases de la nueva cultura, material y espiritual, socialistas, que influyen en el Ecuador, para que, recogiendo los elementos sustanciales del arte proletario y popular creados durante el socialismo en la URSS se lleve a cabo la difusión del socialismo científico en el Ecuador, cuya aplicación a nuestra realidad basado en la visión de clases de la sociedad ecuatoriana y de su historicidad, en su idiosincrasia, cultura, lengua literaria ecuatoriana, en el escenario del desarrollo de la lucha de clases, que va de mano de la formación del partido socialista y del viejo partido comunista -que en 1.964 en el marco de una intensa lucha contra el revisionismo contemporáneo conduce a la estructuración del partido comunista marxista- leninista del Ecuador-, bajo cuyas circunstancias se desarrollan la literatura y las artes, realistas en general, conocidas como “realismo social de los años 30”, expresadas en la cuentística, en la novelística popular “montubia”, “chola”, es decir, mestiza, con el “Grupo de Guayaquil”: Gallegos Lara, José de la Cuadra, Gilbert, Aguilera Malta, Pareja Diezcanseco; la indigenista de Icaza; la literatura negra de Estupiñán Bass y Adalberto Ortiz, y de la pintura y escultura, que contribuyen a la educación política, de clases, a trazar un rumbo liberador, un derrotero claro para la libertad de los trabajadores y de los pueblos a través de la literatura y las artes populares, que afirma el signo característico de lo popular; estas literatura y artes “cultos” recogen la vida del pueblo, recuperan sus jergas, sus idiosincrasias, fortalecen las otras manifestaciones populares en las artes que se hallan latentes, en ríos subterráneos, en los imaginarios indígenas, negro y las celebraciones populares mestizas que se manifiestan en el folklore, la danza, la música, las vestimentas y máscaras, las artesanías artísticas, etcétera.

Una y otra se enlazan, se conjugan entre si, al punto que algunos literatos aportan desde la orilla de lo culto- revolucionario, al arte popular, como lo hace Nelson Estupiñán.
Las sucesivas décadas, especialmente la década revolucionaria de los 60s colocaran en la palestra a nuevos actores y protagonistas que le darán un jalón a la literatura, la pintura y el arte populares, sobre todo desde la orilla del arte culto-conciente, basado en la concepción estética devenida de la cultura científica del proletariado y de las corrientes progresistas y revolucionarias en boga con la rica obra creativa de los “Tzánsicos”, del Centro de Arte Nacional y de la UNAP que tienen en Rafael Larrea, Alfonso Murriagui, Alfonso Chávez, Armando Coronel, entre otros, a sus concientes creadores.

XXVI

El folklore

En la connotación de “lo popular”, desde luego está presentes el folklore y diversas manifestaciones provenientes de manera natural de los pueblos, especialmente aquellas manifestaciones creadas como forma de resistencia a la cultura dominante, dentro de las cuales hay que procesar aquello que responde a lo popular de aquello que es incidido, trasegado por la cultura dominante, lo cual no significa, de ningún modo, dejar de investigar, recopilar, difundir aquellas expresiones provenientes de los pueblos, ubicándolas en su contexto para destacar la inteligencia, creatividad, protagonismo de los pueblos en su lucha por el progreso y la libertad social forjando sus propias identidades culturales, como es el caso del folklore:


Materiales y obras de consulta:
- “Dialéctica de la Naturaleza”, de Federico Engels; “Proceso de transformación del mono en hombre, a través del trabajo”, de Federico Engels;
- “Historia de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado”, de Federico Engels;
- “Qué Hacer”, de Lenin;
- “Diccionario Filosófico” de M. Rosental y P. Yudin;
- “La Concepción Científica del Mundo y el Postmodernismo”, de Oswaldo Palacios;
- “Ecuador: Nación, Pueblos y Emancipación”, de Pablo Miranda;
- “América Latina y la Revolución Social del Proletariado”, de Pablo Miranda;
- “La Cultura Popular y el Carácter Popular de la Cultura”, de Rafael Larrea Insuasti;
- “¿Que es el Socialismo?”, de Carlos Alvarado;
- “Compendio de Zoología de los Cordados”, de Ivan Morillo Villareal;
- “Cultura Popular” del antropólogo Omar Skola;

Ver también:
- La cultura (Parte I)


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