viernes, 14 de agosto de 2009

¿La pasión por lo imposible?


Jorge Zavaleta (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

El Paso, famosa ciudad fronteriza entre Estados Unidos de América y los de México, siempre ha sido el termómetro de la desgracia y la potencialidad del Sur del río Bravo. Las dos caras de la luna.

La segunda y tercera migración de los mexicanos que dejaron su país, en su mayoría, por la ciudad Benito Juárez, llevaron consigo su idioma y su cultura. Los célebres murales de Ciudad de México, que adornan sobre todo El Zócalo, camino a la Plaza Central, hablan mucho más que esa cadena de demagogos y caudillos que hicieron de la política, el fácil instrumento para hacer de la tierra de Pancho Villa y Morelos un teatro del narcotráfico y la corrupción generalizada. La Dictadura Perfecta, como señala Octavio Paz, será superada con una Democracia Perfecta.

En una de las principales arterias de El Paso, en el llamado Segundo Barrio, donde se cobijan los obreros migrantes, los recién llegados, los espaldas mojados, donde los estrechos edificios no ofrecen comodidad, un grupo anónimo de jóvenes pintó un inmenso mural de unos cincuenta metros de largo y ocho de alto, como un homenaje a la llegada del hombre a la luna. Niños jugando a la ronda miraban la luna llena y de la cápsula espacial bajaba el astronauta para plantar la bandera azul y roja con 52 estrellas. En el ángulo superior izquierdo decía: “La NASA en nombre de la humanidad”; y en el ángulo inferior derecho, a un metro de la vereda, con algún punzón, alguien garabateó: "En ese mismo año, 1969, más de 17 millones de niños murieron por hambre".

Muy cerca de ese mural, funcionaba un centro cultural, cuyo objetivo era mostrar la creación literaria, musical y pictórica de México, estimulados por su rico pasado y la fantasía espacial. En las escuelas de El Paso, comenzaron a organizarse excursiones a la NASA y recibir charlas permanentes. Gracias a la investigación, los astrónomos enseñan que los planetas se pueden formar en sistemas binarios de gran separación, en los que las estrellas están a distancias 1,000 veces mayores que la distancia de la Tierra al Sol, ó a 1,000 unidades astronómicas. Hasta hace poco, casi nada se sabía acerca del efecto que la cercanía de las estrellas podía tener en el crecimiento de planetas.

Otra referencia. En su discurso de asunción de mando, Obama dijo que pese a la depresión no se reduciría el presupuesto de las universidades, excelentes núcleos de la investigación.

La UNESCO en la reciente Cumbre Mundial de la Educación Superior ha concluido que uno de los peores desaciertos del liberalismo ha sido privatizar la educación, con el consiguiente descuido o despreocupación de los Estados en aumentar los presupuestos en este sector.

La revolución tecnológica de las dos últimas décadas, que permite el libre discurrir de la información, es una de las consecuencias positivas de esa poética aventura de querer la luna alcanzar, que inclusive formó parte importante de la Guerra Fría. Google Books, ha comenzado a colocar en el ciberespacio parte de los libros huérfanos. Es un buen comienzo, que debería llevar a la configuración de un nuevo derecho de propiedad intelectual para los creadores en vida y descendientes.

Repasemos algunas cifras destinadas a la investigación y desarrollo. El Perú solo invierte US$4 anuales por habitante para investigación y desarrollo, Brasil supera los 60 dólares, Chile alcanza los 25 dólares y Argentina bordea los 30. Mientras que EEUU invierte por ciudadano 1.200 dólares al año. Este año se celebran, entre otros hechos importantes, las cuatro de conquista a la luna y 124 años de la inmolación de Daniel Alcides Carrión, quien acabó con su vida al inocularse la sangre de una paciente infectada con verruga, demostrando con su lenta agonía que esta y la fiebre de La Oroya, eran la misma enfermedad. En La Oroya, la décima ciudad más contaminada del planeta, y otras zonas del Perú la verruga sigue siendo una enfermedad aún incurable.

¿Es factible integrarse al sueño de un mundo mejor? Es posible, recordando, por cierto, a Lamartine, quien al hablar de Los Miserables considera que "la más homicida y la más terrible de las pasiones que se puede infundir a las masas es la pasión por lo imposible".

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