viernes, 21 de agosto de 2009

No es tarde


José Mazzella (Desde Buenos Aires, Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Atacan donde más duele. Cuando más duele.
A quienes más nos duele: A los jóvenes.
Como en otro momento de nuestra bendita historia argentina.
No a cualquiera. Solo a los solidarios.
A los aspiran a un mundo mejor.
A los que ayudan a los que necesitan ser ayudados.
A esos jóvenes maravillosos
A los que algún día cambiarán este mundo injusto e inequitativo.
A esos jóvenes para nada individualistas
A esos jóvenes que se comprometen con un cambio
que nos haga más humanos a todos.

Y cuando atacan -aún a cara descubierta-,
lo hacen con un fin muy claro: provocar terror, miedo, temor.
Los poderosos no deben ser molestados.
Si así fuera se enviarán mensajes intimidatorios
Se mostrarán autos sospechosos recorriendo las calles
Siempre por las noches, claro, alrededor del barrio.
Siempre tratando de ocultar algo.
Inconfesable, por supuesto.

Y va quedando cada vez más claro que
El que ultima, por ejemplo, no le teme a la Justicia.
El que mata, por ejemplo, deja el cadáver a la vista, sin procurar ocultarlo.
El que asesina, por ejemplo, pretende desviar la atención.
Siempre denostando a la víctima

Nada de esto es casual.
Está planificado para actuarlo sistemáticamente.
De manera perversa.
Eligiendo a quién, cuándo y cómo aniquilar.
Si: a-ni-qui-lar. Parecerá exagerado.
Pero sigamos observando la realidad
Y veremos cómo continúa éste “proceso”.

Mientras la comunidad no se siga movilizando
mientras no se de cuenta de lo que realmente está ocurriendo,
mientras se siga escondiendo en sus casas,
mientras no se comprometa a cambiar esta realidad,
mientras los vecinos sigan pensando que “en algo andarían”,
mientras sigan callándose la boca,
mientras todo esto ocurra,
seguirán apareciendo “mensajes” que pasarán cada vez más cerca.

Aunque claro, estamos a tiempo.
Aun no es tarde.
Todavía estamos vivos.

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