viernes, 28 de agosto de 2009

Tres poemas


Alfonso O’ Shanahan

Frente a las costas de Vietnam

Frente a las costas de Vietnam
cientos y miles de cañones
apuntan
a un enemigo que camina por la jungla
entre charcos de arroz
y regueros de sangre;
a un pueblo a pecho descubierto
que lucha por su libertad.

Así de simple
y a sí de trágico.

Sin embargo,
apuntan hieráticos, temblorosos.
Toda esa inmensa artillería
reprimida, amordazada
por un hombre a pecho descubierto
y otro hombre y otro
desnudo en la selva.

Frente a las costas de Vietnam
las armas más sutiles de la tierra
no saben a dónde disparar.
Los teléfonos esperan órdenes,
ángulos de tiro, objetivos
concretos donde sorprender
al enemigo.
Los estrategas se preguntan,
se interrogan a un lado y otro
del océano.
Los cañones mandan,
pero callan.
El mundo les observa.

No hay nada mejor para callar a un tanque
que un hombre a pecho descubierto
interrogándole.
Nada mejor para silenciar un arma
que acosarla a preguntas.
Ello hace inútiles al cabo
a todas las flotas juntas del Pacífico,
a todos los estrategas diabólicos
del Pentágono.

Se oxidan las latas de aceite,
los lubricantes ya no sirven,
las miras telescópicas se empañan,
los volantes ya no giran.
¿Qué pasa? ¿Por qué
no disparan los cañones
si todo está a punto?
¿Por qué la flota más poderosa
de la tierra no combate
mientras el enemigo avanza?
¿Qué detiene a la más temible
artillería?
¿Y qué impulsa
al hombre hacia la libertad?

Me pregunto: ¿Por qué
no disparan? ¿Por qué?
El pueblo más heroico de la tierra
los ha enmudecido.
Era la única respuesta
no programada.
Nadie se lo explica.

Proposición

Considerad un mundo
Que contenga toda
La vasta producción humana,
Todos los campos de arroz,
Un automóvil,
Macbeth,
y hasta un acuchillamiento,
y supuesto todo ello
bajo la mirada
de un solo testigo
estremecido,
capaz de recrearlo
ordenadamente.

Dos alternativas son posibles:
a) que el hombre se aniquile
a sí mismo; b), que resuma
en un solo acto patético
su discurso y se dé
al lucro, al orgasmo, al caos,
una sangrienta orgía de victoria.

Es evidente
Que ambas soluciones
Se resumen en una
Que contiene a la otra.

La sin nombre

Yo tenía un poema bajo el brazo,
Una pana azul y un cielo
Sin estrellas, un barco anclado
En mi bahía y un amor, una canción
De brazos largos, unos hijos,
Una patria. Yo tenía sosiegos
Luminosos, calma en mis bolsillos,
Una puerta siempre abierta
Hacia la orilla, un gorro marinero
Que me diste. Yo te tenía a ti.
Tú eres la sin nombre.

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