sábado, 26 de septiembre de 2009

Cine: Jean de Florette (1986)

Jesús María Dapena Botero (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Género: Drama
Nacionalidad: Francia / Italia / Suiza
Director: Claude Berri.
Protagonistas: Yves Montand: Cesar Soubeyran/'Le Papet', 
Gérard Depardier: Jean de Florette
Daniel Auteuil: Ugolin
Elisabeth Depardieu: Aimee Cadoret
Ernestine Mazurowna: Manon Cadoret (niña)
Productor: Pierre Grunstein
Guión: Claude Berri , sobre la novela homónima de Marcel Pagnol
Fotografía: Bruno Nuytten
Música: Roger Legrand, Jean-Claude Petit
Idioma: Francés, subtitulada.
Duración: 120 minutes.
Estreno: 1986.

Es una película de Claude Berri, una adaptación de la obra El agua de las colinas de Marcel Pagnol  (1895-1974), una obra en la que el escritor evoca su juventud. 

La historia que nos cuentan en esta ocasión es la de un viejo, en la Francia rural, sobre un tema bastante campesino como es el de asuntos de linderos, en la que el anciano y el único pariente que le quedaba ponen sus ojos envidiosos en una finca colindante, ya que necesitan agua para regar sus cultivos de flores, pero ellos recurren a todas las argucias posibles para conseguir el agua que necesitaban sin consideración alguna por el vecino, de quien no se conduelen para nada, ni siquiera se preocupan por su salud, ni por el sufrimiento de su mujer y su hija. El filme que tiene continuidad en Manon de las fuentes, se basa en la novela de Pagnol, El agua de las colinas, y se desarrolla a principios del siglo XX, por allá en la década de 1920, en un ambiente bastante rústico y pintoresco.

La película empieza con el regreso de Ugolino (Daniel Auteuil) a su aldea natal, donde su tío César Soubeyran (Yves Montand), quienes son los únicos que quedan de la estirpe de los Soubeyran, una poderosa familia del pueblo. El viejo César nunca se casó, a pesar de que lo conocen con el mote de El abuelo y no tiene a quien dejar su herencia, de tal suerte que ve en Ugolino, la última esperanza de continuar la estirpe.

Si Ugolino ha vuelto es para dedicarse a la siembra de claveles, de tal suerte, que instala un pequeño dispositivo de tierra, donde hace el plantado y espera los resultados, propósito que mantiene en secreto hasta la primera cosecha, que ofrece a su tío, en quien vuelve a renacer la esperanza de volver a tener la fortuna, que siempre tuvieron los Soubeyrans pero ambos comprenden que para tener una gran producción necesitan más tierra, ya que los claveles requieren de agua para crecer y es precisamente en la finca vecina Les Romains, que hay una fuente olvidada, aunque los dos tienen conocimientos de su exitencia, por lo que van a hablar con el propietario de la tierra vecina, a quien le ofrecen compra de su propiedad, pero el dueño siente un gran rechazo hacia César, porque nunca se casó con su hermana Florette, por lo cual, lo recibe con insultos, lo cual desencadena todo un conflicto que culmina con la muerte del vecino, provocada por César, pero que ellos disimulan al poner el cadáver de tal manera que, más bien, parezca un accidente. Es entonces cuando llega el heredero de la finca de al lado Jean Cadoret, protagonizado por Gerard Depardieu, su sobrino, el hijo de la despreciada Florette. El joven viene con su esposa Aimée (Elisabeth Depardieu) y su hijita Manon (Ernestine Mazurowna) para dedicarse a la cría de conejos.

Empieza entonces toda una lucha entre los vecinos.

Los conejos crecen gordos y son tan fértiles, como todos los miembros sanos de su especie, lo cual genera toda la envidia de laos Soubeyrans pero el verano viene con un tiempo de sequía; el pozo se seca, de tal forma, que las mujeres tiene que hacer largas y frecuentes jornadas para conseguir el agua, lo cual ocasiona el derrumbe de Jean pues todos los conejos mueren y un incendio espontáneo arrasa su tierra. Cuando el ánimo retorna, Jean se dedica a la búsqueda del agua pero la salud termina por minarse tanto, que el hombre muere en medio de una explosión, lo que obliga a su mujer a vender la tierra al viejo César pero Manon se da cuenta de que los Soubeyron han sido unos tramposos, que sabían donde estaba la fuente, por la que el padre había sacrificado su vida, mientras César nombra a su sobrino el Rey de los claveles.

Es así que este maravilloso relato resulta bastante doloroso, como si estuviera signado por la fuerza del destino; es un filme que nos enfrenta con el sufrimiento humano, con el sadismo y la melancolía, en un mundo hobbesiano en el que el hombre es lobo para el hombre y no cuenta para nada la política del buen vecino.

La película fue muy bien acogida por la crítica internacional y se la comparó con la narrativa de William Faulkner, como si Yoknapatawpha se trasladara a la Provenza, toda una profundización en la psicología, que aportaba unas magníficas descripciones caracterológicas, en relación con la pasión por la tierra, que no duda en sacrificar seres humanos, todo un exponente del cine de época, un cine costumbrista, que era auspiciado por la Presidencia de la República francesa, ya que François Mitterrand y su ministro de cultura Jack Lang estaban muy interesados en promover estos géneros narrativos con el fin de resucitar el cine francés además de promover el turismo provincial, ya que mostraba de forma bastante auténtica el paisaje rural, que se describe de una manera bucólica.

Aquí nos encontramos con un Gerard Depardieu soñador mientras su antagonista Yves Montand hace la caracterización de un viejo egoísta con un estúpido y feo sobrino, interpretado por Daniel Auteuil.

El filme por la concatenación de los pecados y sus consecuencias se acerca a la tragedia griega, con una sorprendente sencillez narrativa pero cargada de profundidad, que se acerca a las complejidades del alma humana.

Es la historia de tres hombres, de tres vidas, de tres destinos, en una aldea, que sirve como metonimia de Francia, de una humanidad que va en declive, en un filme que es capaz de mover nuestras emociones y sentimientos, llevándonos a una fácil identificación con los protagonistoas buenos, ya que el filme tiene un toque bastante maniqueo y, por ende, melodramático.

A la muerte reciente de Claude Berri, Nicolas Sarkozy dijo que el director era la figura más legendaria del cine francés, el cual quedaba en un estado de orfandad; sin duda, fue uno de los mayores realizadores de la industria cinematográfica más doméstica, ya que pocas veces pudo conectarse con un mundo más amplio. Entre sus creaciones, Berri haría una adaptación cinematográfica del Germinal de Emile Zola y trabajaría con Roman Polanski en Tess (1977) además de colaborar con el rodaje de La Reina Margot de Patrice Chéreau, a la vez que trabajo con otros directores como Eric Rohmer y Jean-Jacques Arnaud

Se lo consideraba un hombre colérico y gruñón pero tierno y generoso; en realidad fue un director que supo combinar el cine de autor con el dedicado a grandes públicos.

Jesús María Dapena Botero es colombiano residente en España.

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