viernes, 18 de septiembre de 2009

Jauja: Las estrellas no mienten



Jorge Zavaleta (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Jauja fue la primera capital del Perú, y este año celebra 475 aniversarios de fundación española. Su futuro puede ser una nueva geografía económica y social, si se conjugan sueños y proyectos de desarrollo local de esa mayoría de pobladores, especialmente de los viejos y niños que aún quedan, en armonía con la renovada identidad de quienes retornan de diferentes lugares del planeta para compartir costumbres y fies
tas en la tierra de la abundancia, cuando fue creada y diseñada, según relatan los primeros cronistas, al estilo de la arquitectura de Castilla y Aragón.

La ciudad entendida como creación del espíritu, ha dividido a las urbes del Valle del Mantaro, en reinos contradictorios. Con evidente desinterés por la cultura campesina o nativa, latifundistas y aldeanos vanidosos alimentaron el ocio como abolengo colonial, frente al trabajo artesanal y agrícola de la familia o de la pequeña empresa. Ahora solo queda el recuerdo de aquel damero de arquitectura virreinal y la voluntad por la refundación de parte de nuevas generaciones.

En la Región Junín, como en otras latitudes, se han construido territorios en permanente
 enfrentamiento. Mientras Jauja descansa, Huancayo avanza. Igual connotación tiene Madrid con respecto de Barcelona; Roma y Milán; Cali y Cartagena; Oruro y Santa Cruz de la Sierra; Sao Paulo y Río de Janeiro; Puno y Juliaca; Chiclayo y Lambayeque, para citar algunos célebres divorcios del turismo global. 

Jauja tiene el buen clima y el extraordinario paisaje multicolor para llevar adelante un modelo ecológico y cultural sostenible, evitando los errores que han hecho de Huancayo una desordenada ciudad, esencialmente de servicios terciarios y exportadora en bruto de minerales y alimentos.

Programas de forestación y reforestación con las especies en peligro de extinción; ganadería lanar, vacuna y camélidos; modernización del aeropuerto “Francisco Carle”, complementado con los aeródromos de Mazamari y San Ramón; mejoramiento de la red de caminos; promoción de viviendas y albergues rurales; restauración de las antiguas casonas, son algunas iniciativas del imaginario popular, refrendadas por diversos estudios económicos y sociales.

El turismo vivencial, que en Europa está en auge como consecuencia de la gran depresión, puede ser en esta parte del Perú una línea rentable, como lo es el Valle de Urubamba, en Cusco, Cajamarca, Piura o Chachapoyas. Hace dos o tres años, cuando las remesas del exterior al Perú superaban los tres mil millones de dólares anuales, Huancayo ocupaba el primer lugar como fuente receptora, y muchos de los emigrantes y sus familias, comentaban la ausencia de espacios para revivir la infancia rural. 

En este campo, las comunidades campesinas tienen mucho que enseñar. San Gerónimo de Tunán, con su platería; Cochas, con mates burilados y Huayllash, con tejidos, cuya admirable producción se aprecia en las tradicionales ferias dominicales de Huancayo, ahora multiplicadas en diferentes lugares.

Volvamos al pasado de Jauja o Hatun Xauxa, cuando llegan los conquistadores atraídos por el notable parecido a las ciudades españolas. Después de la "Fundación Frustrada", marcharon al Cusco dirigidos por Francisco Pizarro, volviendo para la refundación en abril de 1534 y el año siguiente fundaron Lima. Huancayo comenzó a poblarse en 1533 y en el Valle se dieron feroces batallas entre wancas, quiteños, cusqueños y españoles. En 1539, la provincia de Jauja pertenecía a dos ciudades de fundación española: Hatun Xauxa y Ananhuanca a Huamanga, y Lurinhuanca a Lima.

Huancayo tuvo su partida de nacimiento republicano en importantes decisiones políticas. Bolívar facilitó la transferencia de tierras comunales a otros sectores. En la Iglesia de la Merced, se elaboró la Constitución de 1854. Ese mismo año, el presidente Castilla declaró la liberación de los negros. Luego, se instalan grupos de chinos en Chanchamayo para sembrar caña de azúcar, frutas, café y ganadería. Junto con el ferrocarril central y otras obras viales, ingresó Cerro de Pasco Corporation. Pero toda esta dinámica de progreso provocó el abandono de la planificación agrícola, rural y urbana.

Como fuente de mano de obra para las minas de Cerro de Pasco, en Jauja a principios del siglo pasado aparecieron las primeras organizaciones sindicales, la migración de jóvenes a los centros universitarios de Lima y la llegada de migrantes de diversas nacionalidades para curarse de enfermedades pulmonares, que la ciencia no podía aún combatir. 

Ahora, en el siglo XXI, una primera demanda de los pobladores del Valle del Mantaro es la reorientación y el fortalecimiento del Instituto Nacional de Cultura, la creación de un Fondo de Salvamento, con apoyo del Estado, del canon minero, al abundante mármol, al petróleo y a los puertos, y la cooperación nacional e internacional. Está en marcha lenta la recuperación de Tunanmarca, espléndido conjunto de la cultura andina. Puede ser el comienzo de la puesta en valor del Patrimonio Monumental de Jauja, con la consiguiente formación de muchos maestros restauradores, paralelamente al impulso de la agricultura.

La tradición libertaria de esta tierra emergió otra vez en 1962, estimulada por la naciente revolución cubana. Los alumnos del centenario colegio San José se levantaron en armas, tomando la comisaría y los fusiles máuser de las prácticas estudiantiles de tiro. Este acontecimiento fue más conocido en Francia que en el Perú, y motivó más de un debate sobre el indigenismo. 

Desde la Utopía Arcaica y la Historia de Mayta, el novelista Mario Vargas Llosa intentó sepultar el indigenismo y las ficciones del indigenismo, sosteniendo que la salvación de esta cultura sólo es posible mediante la integración dentro de la modernidad capitalista. Sin embargo, el indigenismo no ha muerto, sigue tomando ciudades de la costa como lo aprecian diversos autores, entre ellos, Edgardo Rivera Martínez, con su difundida novela “País de Jauja”, que propone otro sentido de la modernidad, con el imborrable peso de la cultura andina.

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