viernes, 18 de septiembre de 2009

No basta abrir la escuela, hay que dotarla de una filosofía liberadora, de descolonización

Guillermo Guzmán (Desde Barcelona, Venezuela. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Para evitar que los niños de hoy sean mañana una grotesca caricatura social, debemos adelantar una depurada planificación del desarrollo educativo, a partir de los primeros niveles y modalidades.

No basta abrirle la escuela a los mocosos sí esa escuela carece de una filosofía liberadora, de descolonización, que la sustente y la oriente.

Sí el maestro que espera a los muchachos es un muérgano, peor que peor, en tal caso estaríamos jodidos.

Diversas acechanzas perversas amenazan al individuo en sociedad, constantemente; lo que induce al egoísmo, es uno de tales peligros altamente perniciosos; la solidaridad, en cambio, tiende a unir a todos en función de objetivos de bien social; mientras que, los egoístas, tienen como meta, el poder por el poder.

La violación de los derechos humanos, es una consecuencia funesta del depravado ejercicio del poder y esa mala costumbre penetró, durante medio siglo, de 1948 a 1998-para no ir más lejos- a la sociedad venezolana, en todos sus estamentos, en particular, al modelo educativo.

Los grupos egoístas que se adueñaron del poder durante siglos, pisotearon las bases filosóficas de una educación necesaria, nomás los últimos cincuenta años, arriba mencionados, en la escuela se enseñó lo que determinaba el Ministro y, éste, inequívocamente provino de una élite privilegiada.

Cuando un hombre solidario accede al poder, usa éste para el bien social de todos, sin exclusiones de ninguna naturaleza ni razón. Se trata de una confrontación entre el humanismo burgués y el humanismo revolucionario.

La educación necesaria nunca será factible mientras su propio enemigo sea el régimen que la sustenta, por eso hay que rescatar la escuela para que la propia comunidad la vigile de cerca con entera libertad y, opine, eso me parece del carajo, bien bonito.

En las cárceles y en las escuelas se vino ejerciendo un autoritarismo aberrante, lo cual debe abolirse con leyes nuevas, y prácticas sociales, enmarcadas en el humanismo revolucionario.

Si tú maltratas a un mocoso eso no será para siempre porque él va a desarrollarse física y psicológicamente hasta un grado en que ya no podrás intimidarlo pero, sin lugar a dudas, quedarán secuelas, luego, cuando ese joven se tope con la libertad, es posible que él no pueda usarla porque no está preparado para ejercerla. En ese caso, será más extrema su indefensión. Puede ocurrir que ese muchacho se encuentre aislado y decida irse por el camino de las drogas, de las manitas blancas y de otras maléficas tentaciones, simplemente para salirse de sí mismo, donde la televisión de Ravel lo encerró.

Cambiar el modelo educativo debe ser el más prioritario objetivo político. Los mocosos deben desarrollarse en el más espléndido ambiente de libertad, especialmente libre de dogmas de todo tipo- político, religioso, publicitario, deportivo, artístico, sentimental y etc.- para que puedan desplegar su creatividad.

Todo se mueve, inclusive cuando dormimos, la tierra gira, en consecuencia, también nos movemos. Cuando el Sol se oculta en el horizonte, no deja de alumbrar, sólo que no lo vemos. 

No obstante, toda regla tiene su excepción. La excepción son esos Cardenales, Obispos, Arzobispos, Merengues, Moluskos sinvergüenzas y demás muérganos de la Conferencia Episcopal Venezolana- entre otros- quienes viven en un mundo que ya desapareció, y no obstante que andan persiguiendo a Copérnico y a Galileo para quemarlos vivos, ni siquiera hacen un alto para dejar de lanzar contra la patria venezolana, sus envenenados dardos. Es que están locoebolas.

Pero, todo padre y representante de un niño venezolano, debe saber que la educación religiosa anula facultades en el niño porque, ésta está basada en dogmas cerrados que le impiden al mocoso, desplegar toda la creatividad de su cerebro.

La ideología educativa bolivariana –no plasmada totalmente pero, al menos bosquejada en la novísima Ley Orgánica de Educación, recientemente promulgada- se basa en un modelo abierto, flexible, reflexivo, en el cual el niño ha de sentirse como un pajarito al que le abren la jaula para que él vaya a volar libre sobre las más altas montañas.

De ahora en adelante todos viviremos peligrosamente, a menos que cambiemos el viejo modelo de educar a los mocosos- un modelo egoísta, envenenado, dirigido por la empresa y confinado a las élites- por uno nuevo, solidario, progresista y revolucionario, dirigido por el Estado y vigilado por la comunidad, un nuevo modelo que libere al muchacho de aprender dogmas cerrados y, los haga críticos.

A un muchacho formado en un pensamiento abierto no lo esclaviza nadie porque nunca estará con la mente dormida, no estará atado a la sumisión del viejo dogma, es por eso que el maestro dogmático anda como “planchaechino” ya que ese viejo maestro es el mejor peón del enemigo de nuestra patria.

Cabecemotor no se devana los sesos sino los tornillos, (hay que trepanarle, más bien), el Vampiro Ledezma se devana los colmillos, el Cardenal Urosa Sabino se devana las tripas, los Moluscos de globobillete, el Matacura, la Colomina, y todos esos sinvergüenzas, no sé que se devanan, para entender que aquí se acaba el pan de piquito.

La Educación Bolivariana debe despejar el camino para que los niños venezolanos desplieguen las potencialidades de sus cerebros, a favor de la solidaridad social continental y, la convivencia con la Naturaleza pero, hay que redefinir una filosofía de descolonización.

La filosofía tiene mucho que hacer aquí en Venezuela o, acaso, la forzamos a revisar sus reflexiones, para que empiece una nueva Era Histórica, o tal vez la derogamos e inventamos otra, nueva.

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