viernes, 18 de septiembre de 2009

Refundar la escuela, refundar la sociedad, refundar la vida

Rafael Cuevas Molina (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Las visiones apocalípticas sobre la vida social anunciaban el fin del mundo al llegar al término de un milenio e inicio de otro. Aún a estas alturas se presagia que, según el calendario de los mesoamericanos mayas, en el año 2012 habrá un giro copernicano que no dejará títere con cabeza. Nunca he comulgado con estos augurios que se fundamentan en “antiguas sabidurías” que, seguramente, tenían algún tipo de conexión con poderes sobrenaturales capaces de dominar y predecir la vida humana.

A pesar de lo anteriormente dicho, es evidente que, al final de este “corto siglo XX”, al decir de Hobsbawn (1), la humanidad se encuentra enfrentada a una encrucijada como pocas veces ha tenido al frente. Ésta se ha venido gestando desde hace ya varios decenios atrás, y hace eclosión en nuestros días, conjuntando una serie de tendencias que, al cristalizar, permiten hablar de un verdadero cambio de época. (2)

Como toda época en la que las transformaciones comportan múltiples facetas, tendencias, procesos y fenómenos, resulta complejo identificar qué será lo que prevalecerá, sobre todo si el observador se encuentra inmerso en la vorágine de los acontecimientos, y tiene sus múltiples intereses (personales, de clase, gremiales, etc.) anclados en ellos. Es por todas estas razones que nuestras reflexiones comportan un alto nivel de precariedad asertiva, es decir, que son provisionales y abiertas a los cambios que la dinámica social pueda propiciar. 

Puntualizado lo anterior, veamos algunos de los fenómenos sociales que consideramos que constituyen pivotes troncales de la dinámica social que caracteriza a nuestra época, en el entendido que son todos ellos en su conjunto los que, entrelazados y condicionándose mutuamente, imprimen un sello distintivo que hace que podamos hablar de un momento específico de la historia, con características y calidades propias.

La era de la globalización

Independientemente de la discusión sobre desde cuándo debemos o podemos hablar de la globalización como un fenómeno presente en la vida social (3), es en la segunda mitad del siglo XX cuando su presencia se hace patente en todos y cada uno de los ámbitos de la vida, desde las más complejas relaciones sociales hasta la vida cotidiana de las personas. En su base se encuentra la revolución científico-tecnológica de las comunicaciones, que posibilita el enlace virtual entre los más diversos pueblos y culturas del mundo. Se sustenta en una economía productivamente descentrada, cuyos productos circulan por todo el globo terrestre y establecen patrones relativamente homogéneos de consumo.

Las fuerzas que propulsan a la globalización son los grandes capitales transnacionales que, en su afán por acrecentar la realización del capital, han abarcado todo el globo terráqueo, transformando todo lo que toca en mercancía.

La globalización se caracteriza, además, por la prevalencia de un cierto tipo de capital, el financiero, que aprovechando las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la comunicación, especulan en las bolsas de todo el mundo creando lo que se conoce como grandes “burbujas” en las que, ficticiamente, se compran y venden diversos valores.

Desde el punto de vista cultural, que es el que principalmente nos interesa aquí, la globalización se caracteriza por dos tendencias distintas pero complementarias, como dos caras de una misma moneda. La primera, es la que orienta a una homogenización de patrones y valores culturales en todo el mundo, los cuales se “imponen” sobre los de las múltiples culturas que existen. Esta cultura que “se impone” no sería otra que la cultura asociada con el american way of life, es decir, con el modo y estilo de vida norteamericano, los cuales son difundidos a escala planetaria a través de los distintos medios de comunicación, especialmente la televisión, el cine y la red Internet. Los valores del modelo del american way of life son los de la sociedad del consumo, es decir, aquella que centra la realización humana en la capacidad de comprar y de poseer objetos obtenidos del mercado. Según una visión crítica de esta tendencia prevaleciente en la contemporaneidad, esta homogenización provocaría un empobrecimiento cultural (4) de la vida humana en general al sobreponerse y, eventualmente eliminar o, por lo menos reducir, a veces a su mínima expresión, otras formas de ver el mundo y relacionarse con él.

La otra tendencia que se hace patente en nuestros días es la del relevamiento de la diversidad cultural. Por un lado, ésta también es puestos en evidencia a través de los medios de comunicación antes mencionados. La omnipresencia de éstos en todos los rincones del globo muestra la variedad y pluralidad de la vida humana, haciéndola patente y evidente ante los ojos de los espectadores. Sus límites derivan del hecho que el ojo que mira (y escoge) lo que ha de trasmitirse, es el del que posee la tecnología, generalmente alguna compañía de algún país primermundista. Es decir que la variedad cultural del mundo es vista a través de los ojos, los intereses y las necesidades de lo dominante, y no de los de aquellos que son observados.

La globalización también ha generado, en este aspecto que estamos tratando, otras dinámicas interesantes. Por ejemplo, la prevalencia de fuerzas ligadas a intereses supranacionales (entre ellas los organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y, en América Latina, el Banco Interamericano de Desarrollo) ha debilitado a los estados-nación que, como se sabe, construyeron sus culturas (nacionales) y su legitimidad (ideológica y cultural) sobre el sujetamiento de “otras” culturas que, aunque existiendo en los límites del Estado-nación, fueron vistas como subordinadas (regionales, étnicas, de grupos sociales, diversos, etc.). Este debilitamiento de lo nacional a producido un “empoderamiento” de los sujetos portadores de los valores culturales no dominantes al interior de las naciones, llevando a su creciente visibilización y, eventualmente, al reclamo de su desvinculación del proyecto nacional respectivo.

Como se puede derivar de todo lo anteriormente dicho, al hablar del conjunto de fenómenos conocidos como globalización se está haciendo mención a múltiples tendencias, fenómenos y procesos que se encuentran en la médula de la vida contemporánea, perfilándola.

La globalización neoliberal

La globalización es expresión del grado más alto de desarrollo que ha alcanzado el capitalismo en la contemporaneidad y, por lo tanto, aquella asume la forma de existencia de éste, que es el neoliberalismo (5). Es importante remarcar este aspecto puesto que en América Latina, la globalización neoliberal ha tenido una gravitación fundamental desde, por lo menos, la década de lo 80, cuando se implementó a partir del impulso del llamado Consenso de Washington, que en esencia se basó en la promoción de una serie de políticas económicas, de las cuales las principales fueron las siguientes: 1) la disciplina fiscal; 2) el reordenamiento de las prioridades del gasto público; 3) la reforma impositiva; 4) la liberalización de las tasas de interés; 5) una tasa de cambio competitiva; 6) la liberalización del comercio internacional (trade liberalization); 7) la liberalización de la entrada de inversiones extranjeras directas; 8) las privatizaciones; 9) la desregulación; 10) los derechos de propiedad intelectual.

La aplicación de las políticas neoliberales trajeron una “refundación” del Estado en la región, una mayor segmentación social al empobrecer a amplios sectores de la población y propiciar la concentración del capital en otros, mucho más reducidos y crecientemente más ricos.

A nivel mundial, el mundo contemporáneo ha logrado los medios tecnológicos necesarios como para erradicar de raíz el hambre del planeta, y proporcionar una vida digna a toda la población mundial. La creciente polarización y acumulación de la riqueza en el antes mencionado cada vez más reducido grupo de personas imposibilita, sin embargo, esta desiderata. 

La crisis medioambiental

La sociedad neoliberal de consumo globalizada que transforma todo en mercancía es la mayor depredadora del medio ambiente. El grado de deterioro que éste ha sufrido es tan grande que, en la actualidad, se puede hablar con toda propiedad de una crisis ambiental sin precedentes en la historia planetaria. Esta crisis se expresa, en primero lugar, en el llamado problema del calentamiento global, que pone en peligro la supervivencia de la misma especie humana. Se han hecho repetidos llamados para que se tomen medidas que, por lo menos, atemperen tal situación, pero los intereses económicos y financieros prevalecientes atrás de los políticos de las grandes potencias capitalistas no permiten que las medidas que se acuerdan puedan implementarse. (6) 

La crisis ambiental es una crisis global, y la conciencia de su existencia también lo es, con lo que podemos decir que la conciencia de la globalidad de la crisis ambiental es otro rasgo de la contemporaneidad.

La crisis energética

La civilización occidental contemporánea, modelo civilizatorio dominante en el mundo de hoy, se sustenta en la energía producida por la quema de combustibles fósiles, especialmente el petróleo, el gas y el carbón, la cual es la principal responsable del llamado “efecto invernadero” que provoca el calentamiento global. Aunque los diversos estudios acerca de las reservas existentes de estas materias primas energéticas difieren respecto a su volumen, existe un cierto consenso en torno al hecho que, posiblemente, la humanidad cuenta con reservas para unos 60 o 70 años más. El acceso las fuentes de dichas materias primas se ha transformado en generador de conflictos políticos en todo el planeta, trayendo inestabilidad que repercute en todos los ámbitos de la vida.

Crisis civilizatoria

Todo lo anterior nos orienta a plantear la posibilidad de que nos encontremos transcurriendo una verdadera crisis civilizatoria. Como apunta Enrique Otero: 

“El fin del milenio se ve atravesado por la sensación de ausencia de un horizonte diáfano respecto de los destinos del planeta y de la sociedad internacional. La crisis ecológica; la inexistencia de un orden internacional político y económico estable y vertebrado, tras la desaparición del orden mundial bipolar; el derrumbe del sistema económico, y el desmoronamiento de los grandes discursos ideológicos configurados a lo largo del siglo XIX, a partir de mayo del 68, nos sitúan ante una crisis civilizatoria de la que todavía no hemos sido capaces de diseñar las sendas que nos permitan superarla”. (7)

Algunas otras caracterizaciones de la crisis a la que hacemos mención son más específicas. Por ejemplo, en el Foro Social Mundial 2009, el Llamamiento de los pueblos indígenas frente a la crisis civilizatoria dice:

“Esta crisis de modelo de desarrollo capitalista, eurocéntrico, machista y racista es total y nos lleva a la mayor crisis socio ambiental climática de la historia humana. La crisis financiera, económica, energética, productiva agrava el desempleo estructural, la exclusión social, la violencia racista, machista y fanatismo religioso, todo junto a la vez. Tantas y tan profundas crisis al mismo tiempo configuran una auténtica crisis civilizatoria, la crisis del "desarrollo y modernidad capitalista" que ponen en peligro todas las formas de vida”. (8)

Un nuevo orden emergente

Frente a este conjunto de crisis que confluyen en lo que hemos caracterizado en una crisis civilizatoria, han surgido distintos tipos de respuestas, tanto en el orden científico como en el socio-político. En esta última dirección, es América Latina el lugar en el mundo en el que se están gestando las más variadas y profundas búsquedas de formas de organización social que puedan erigirse como alternativas viables que posibiliten un desarrollo sustentable con justicia social. El detonante que llevó a la génesis de estos procesos fue la insatisfacción y el sufrimiento causado a bastos segmentos de la población latinoamericana por las reformar neoliberales de los años 80 y 90. Durante toda la década de los 90 se dieron explosiones de descontento popular generalizado que desembocaron en la elección de gobiernos que han sido caracterizados como posneoliberales en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina, Paraguay y Nicaragua, en donde, cada uno con sus respectivos matices, se ensayan formas de organización económica, social, política y cultural distinto al prevaleciente hasta ahora. Los procesos de mayor radicalidad, como los de Venezuela, Ecuador y Bolivia, hablan de la construcción de un socialismo del siglo XXI, y ponen a la educación en el centro de su atención.

El papel de la educación en el orden emergente. La educación en el ALBA


Siglos de dominación, sin embargo, han calado profundamente en nuestras mentes que han sido preparadas para la sumisión y, en palabras del uruguayo Eduardo Galeano, la “copianditis”. La estructuración de nuestra visión colonizada pasa por todos los estamentos ideológicos de la sociedad. Nuestra cultura reproduce hábitos, costumbres y visiones de mundo que naturalizan las condiciones impuestas por la sociedad capitalista. Ningún reto mayor para los procesos que la transformación de esta cultura, de esta mentalidad. 

Las fuerzas que apuestan por el cambio en el mundo ya sufrieron una terrible lección en este sentido en el pasado: como nos muestran todas las evidencias, en los países de Europa en donde se construyó el llamado socialismo real, no fue posible erigir una nueva visión de mundo acorde con los ideales que originalmente impulsaron las fuerzas progresistas. Más lamentable es esta situación cuanto que fueron los jóvenes, nacidos y formados en los sistemas educativos socialistas, el motor interno de las movilizaciones masivas que dieron al traste con esos experimentos sociales y quienes, luego, se lanzaron decididamente a la adopción de la sociedad de consumo que fue vista como la panacea de la realización personal. Evidentemente, la batalla ideológica había sido perdida. 

En la lucha por lograr la legitimidad ideológica, el sistema educativo juega un papel de primer orden. En nuestros días, su peso es menor que el que jugó hasta mediados del siglo XX, pasando por los procesos de conformación de los estados nacionales en el siglo XIX. Hoy, como todos sabemos, los medios de comunicación de masas han pasado a ocupar el sitial preponderante en este sentido, pero esto no significa que el sistema de educación formal no sigue teniendo un peso específico importantísimo. Este aspecto, afortunadamente, parece haber sido concientizado en su justa dimensión por los países que, asociados en el ALBA (9), hacen esfuerzos por impulsar los más importantes procesos de transformación social, política y económica de nuestros días en América Latina. En la V Cumbre del ALBA-2007 proclamaron que “necesitamos convertir la educación en la principal fortaleza de las transformaciones que estamos produciendo en nuestras naciones”. (10) 

No se trata, como se proclama por parte de quienes se oponen tenazmente a estos procesos, de “lavar el cerebro” de las jóvenes generaciones; se trata, en primer lugar, de construir una conciencia crítica que permita comprender el mundo, sus procesos y relaciones, e insertarse creativamente en él. La educación en nuestros países estuvo siempre orientada a formar ciudadanas y ciudadanos irreflexivos, con lo que se ha garantizado la formación de una población sumisa, susceptible de ser controlada, explotada y sin motivación para actuar colectivamente en la transformación de la realidad. 

Esta situación tiene raíces históricas claramente detectables; la educación de nuestros países ha estado desde su fundación signada por la condición de dependencia del sistema capitalista mundial, que ha caracterizado a América Latina y El Caribe desde el momento del encuentro de civilizaciones en el siglo XV. La inclusión de esta parte de América en el sistema europeo de acumulación significó, para la primera, el inicio de una historia de coloniaje puesto que su desarrollo social, económico, cultural y político fue trastocado e inserto violentamente en el proceso de la modernidad que se gestaba en Europa, y que se le impuso como proyecto a todo el mundo occidental. Las sociedades de América Latina y El Caribe acoplaron su funcionamiento y modos de vida a formas que Samir Amin caracteriza como desarrollo desigual y combinado, polarizante y, ahora, “globalizado”, para cumplir funciones subordinadas a los intereses y necesidades de los centros dominantes que controlan regiones y recursos vitales, entre ellos la producción de conocimientos científicos, técnicos y humanísticos, e impusieron a través de sutiles mecanismos sus modelos educativos y culturales. 

La concepción que sobre educación se construye en el marco del ALBA, por el contrario, dado el hecho que trata de romper con esos esquemas coloniales, considera que la educación tiene que relacionarse íntimamente con el mundo de la vida, con el entorno concreto en el cual se realiza el hecho educativo. Los saberes emancipadores tienen que construirse a partir de una relación dinámica entre teoría y práctica, idea y experiencia, y recoger la necesaria complejidad totalizante de esa misma vida. Se trata, pues, de acceder a la conciencia política que nace de la formación integral (11). Como se sabe, una de las estrategias utilizadas siempre en el pasado ha sido la de “limpiar” la educación de todo contenido político y social; descontexualizar, tergiversar y fragmentar la historia universal, nacional y regional, contándola desde la perspectiva de los grupos dominantes, al margen de la realidad material del acontecer de los pueblos, inculcando abierta o subliminalmente sentimientos proclives a la discriminación y el desprecio, invirtiendo los principios de la solidaridad humana, adoctrinando en los valores del individualismo. (1) 

Como puede verse, lo que se propone ahora es superar la copianditis para explorar opciones propias. Como dice en este sentido Adán Chávez, Ministro del Poder Popular para la Educación de Venezuela, “…estamos inventando nuestro propio modelo, teniendo en cuenta nuestra propia realidad:… la educación a partir de los valores de una auténtica sociedad, que es la enseñanza para vivir y trabajar en función del colectivo y por la unidad”. (13) Este fue, precisamente, el llamado que desde los tiempos de la independencia nos lanzó Simón Rodríguez, cuando dijo que “Ustedes que tanto imitan a los europeos, ¿por qué no les imitan lo más importante, que es la originalidad?”. 

En América Latina, la experiencia cubana y, ahora, la venezolana, que parten de la primacía de atender las necesidades propias, constituyen un invaluable aporte que hoy se puede compartir de forma fraterna por medio del ALBA. En este sentido, para los países signatarios, Cuba se ha convertido no solamente en una verdadera cantera de experiencias factibles de emular sino, también, en una fuerza propulsora que, a través de la solidaridad, se ha imbricado de cuerpo entero en el impulso de las principales iniciativas. La cubana Aurora Fernández apunta en este sentido: “Cuba ofrece en forma incondicional toda su experiencia y logros educativos obtenidos en casi medio siglo de revolución, para compartirla y extenderla a sectores excluidos para el desarrollo social e inclusión social” (14). El aporte cubano dentro del Proyecto Grannacional de Educación para los Pueblos de Nuestra América, que hoy por hoy constituye el canal más importante a través del cual se canalizan las iniciativas educativas en el marco del ALBA, ha sido fundamental; empezando por las cruzadas de alfabetización “Yo si puedo”, llevadas a cabo en la misma Venezuela, Bolivia, Nicaragua y otros países que no forman parte del convenio y continuando por otros varios proyectos que incluyen a la educación superior.

Con respecto a esta última, en el marco del proyecto educativo del ALBA se refrenda las orientaciones que en torno a este nivel del sistema se proclamaron en la Conferencia Regional de la Educación Superior en América Latina y El Caribe llevado a cabo recientemente en Cartagena de Indias, Colombia, que apuesta por una educación universitaria pertinente, equitativa y de calidad.

Dos grandes orientaciones en la educación latinoamericana hoy

Dos grandes orientaciones se erigen hoy, por lo tanto, en América Latina: por un lado, la que se encuentra inmersa en la construcción de modelos propios que respondan a las necesidades e intereses de las grandes mayorías y que se afana por estructurar un pensamiento crítico que de respuesta a los requerimientos de nuestra época y, por otro, la que responde al proyecto neoliberal. 
Si partimos de la idea según la cual, la educación es fundamental para el perfilamiento del ser humano del mañana, es evidente que estamos ante dos tendencias que apuntan a cambiar el patrón identitario de nuestros países. En la tendencia neoliberal, ésto lo han tenido muy claro desde hace mucho aquellos que son los principales impulsores de tales políticas. En el documento conocido como Santa Fe I, el primero de la saga de cuatro que han estado en la base de la formulación de la política externa norteamericana desde principios de la década de los ochenta, se lee lo siguiente: “(…) quien controla el sistema de educación determina el pasado o cómo se ve a éste tanto como el futuro. El mañana está en las manos y en las mentes de quienes hoy están siendo educados”. Sabiendo y remarcando esta importancia la política norteamericana no ha escatimado esfuerzos para cooptar a la intelectualidad de nuestros países. Al respecto, el documento mencionado dice: “Debe iniciarse una campaña para captar a la elite intelectual iberoamericana a través de medios de comunicación tales como la radio, la televisión, libros, artículos y folletos, y también debe fomentarse la concesión de becas y premios. Puesto que la consideración y el reconocimiento son lo que más desean los intelectuales”. 

El modelo neoliberal de educación, que la entiende como un “servicio” que puede ofrecerse en un mercado en el que compiten distintos oferentes, promueve el surgimiento explosivo de la educación privada. Esta tiene una oferta de servicios académicos en donde se vislumbran “nichos de mercado” determinados, es decir, en donde se tiene certeza que contarán con una gran demanda. 

"Macdonalización de la enseñanza" han dado en llamar algunos a este lento pero inexorable proceso de integración de la enseñanza al mundo del mercado. A propósito de esta comparación, el Director General Adjunto de Educación de la UNESCO, John Daniel, señala tres puntos que pueden ayudarnos a reflexionar sobre la evolución que vive hoy la educación en el marco de los procesos neoliberales: en primer lugar, según él, a pesar de su ubicuidad, lo que esta cadena gastronómica brinda, es una proporción mínima de lo que la gente consume; en segundo lugar, vende porque a la gente le gusta la comida que sirve; y por último, la clave de su éxito está en que ofrece un menú limitado de platillos disponibles en locales idénticos y con el mismo sabor y calidad en todas partes del mundo.

Bajo esta concepción, la educación se está transformando en un commodity. No en vano la educación superior ha pasado a ser objeto de estudio de la firma Merrill Lynch, especializada en inversiones bancarias. Tampoco es casual que las dos principales firmas dedicadas a comercializar la educación en Estados Unidos (Apollo y Sylvan Learning) coticen hoy en Wall Street y que el Acuerdo General de Servicios Comerciales (GATS) haya incluido a la educación en una lista de servicios a ser privatizados.

La educación privada se constituye en uno de los motores que profundizan la segmentación, la fragmentación y las desigualdades sociales: podrá estudiar en ellas quienes tengan los recursos para costear una carrera.

Revertir esta tendencia, como parte de la oposición más general a la globalización neoliberal, ha sido uno de los objetivos del ALBA, teniendo siempre como meta final “alcanzar un desarrollo justo y sustentable de los países latinoamericanos y caribeños” (15). Evidentemente, y como lo ha mostrado nuestra secular experiencia histórica, esto es factible alcanzarlo de forma mucho más efectiva en la medida en que estos esfuerzos se hagan mancomunadamente, de forma conjunta, aunando las potencialidades que cada uno de nuestros países tiene. La forma organizativa que esta desiderata ha asumido en el marco del ALBA es la de los proyectos y empresas, mismos que en la educación buscan, en primer lugar, “la formación de una cultura de integración para los pueblos del ALBA” (16). Remarcar sobre este aspecto, es decir, el de la construcción de un espíritu integracionista es fundamental. Ya con anterioridad hemos expuesto nuestra convicción de la importancia que tiene trabajar en el ámbito de la conciencia. Acontecimientos políticos recientes en Venezuela y Bolivia, por ejemplo, nos muestran cuán profundo ha calado en nuestra juventud lo que podríamos llamar, junto a Atilio Borón, un sentido común neoliberal (17). Una sorpresa ha constituido, para muchos de nosotros, ver el papel que han pasado a desempeñar estudiantes universitarios como punta de lanza de la oposición a los procesos de cambio social. De todos es conocida la calidad de su participación en Venezuela en el proceso de Referéndum del 2 de diciembre del 2007 y, en Cochabamba, al organizar manifestaciones para boicotear el Taller de Educación para el Alba en abril del 2008. 

Necesidades específicas y generales de la educación en América Latina

Estando en marcha procesos de refundación social que rearticula nuestra vida social, la educación debe refundarse sobre nuevos principios que tengan en cuenta las circunstancias de la vida de hoy, vida en tránsito hacia lo que deberían ser nuevas formas de relacionamiento social y entre la sociedad y el medio ambiente.

Se trata de dos niveles que determinan dos grandes grupos de problemas a los que la escuela debe dirigir su atención, para forma individuos que tengan clara conciencia de ellos, y actúen sensiblemente en la solución de los problemas que de cada uno se desprenden.

Un primer nivel, del más amplio espectro de generalidad, es el de los problemas que llamaremos globales, y que están vinculados a la actual conciencia planetaria de la cual hicimos mención anteriormente. En este sentido, se trata de la construcción de una ciudadanía planetaria basada en el conocimiento de la interdependencia de todos los seres humanos, cuyas acciones, en cualquier rincón del planeta, tienen incidencia, en mayor o menor medida, en todos los seres vivos. A este nivel también le atañe perfilar valores que remarquen la celebración de la multiculturalidad y la diversidad humanas, así como desarrollar el conocimiento que permita ubicar al ser humano como un elemento más de la naturaleza, no separado y, menos aún, enfrentado o en actitud de conquista ante ella.

Un segundo nivel en el que indispensablemente debe anclarse la nueva escuela es el del contexto inmediato en el que ella se encuentre. Este nivel es de fundamental importancia, porque aún los problemas globales son vividos y sentidos por la comunidad en general, y la escolar en particular, a través del contexto socio-cultural en el que se desenvuelve. La educación adquiere sentido únicamente en la medida en que es vivida como necesaria por el educando, y esta necesidad solo surge cuando es un instrumento para entender mejor el mundo y desenvolverse en él. De ahí que la educación de la nueva escuela necesita de una comunidad escolar, en su conjunto, atenta al mundo circundante, vinculada de forma comprometida con sus problemas y esperanzas, sus preocupaciones y alegrías, y sus formas de ser en toda su complejidad, es decir, con sus tradiciones y nuevas expresiones culturales.

La nueva escuela, en este sentido, está abierta al mundo en todas sus expresiones, y no es temerosa de nada porque nada humano le es ajeno. Para ello, se preocupa de formar criterios en los niños y jóvenes, de tal manera que tengan poder de discernimiento. 

En América Latina, la nueva escuela es profundamente latinoamericanista, crea conciencia de los factores que unen a nuestros pueblos y de la riqueza de sus culturas. Remarca en la necesidad de construir espacios de unidad en donde se respeten las diferencias y se trabaje en pro de objetivos comunes.

¿En dónde se puede impulsar la refundación de la escuela en el sentido apuntado? Ahí en donde se propugna la refundación social. La escuela es expresión de las metas que se ha planteado el todo social y, como él, responderá a los intereses dominantes que la perfilan e instituyen el tipo de ser humano que se quiere construir. Ahí en donde priven sociedades estructuradas según los principios y valores del individualismo consumista propiciados por el orden neoliberal, la escuela reproducirá seres atomizados que verán por sus intereses en el marco de un ambiente de homo homini lupus (18). En donde, como en varios países latinoamericanos, se propugne por la construcción de una sociedad de nuevo tipo, estructurada en base a principios de colaboración y solidaridad, se planteara la necesidad impostergable de refundar la escuela, lo cual acarreara, casi necesariamente, la oposición de las fuerzas sociales, políticas y económicas representantes del viejo orden, que sentirán amenazada la hegemonía de la visión de mundo que les ha permitido legitimar su posición dominante en la sociedad. La escuela se transformará, entonces, en un campo de batalla, en un espacio social en disputa, hecho inevitable en el proceso de refundación social en donde la sociedad en su conjunto se transforma en un lugar de enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo. Esa misma batalla entre las dos concepciones de mundo debe transformarse, en la escuela nueva, en laboratorio que se estudia, en fuente ejemplificante de lo que en ella se postula. La escuela, inmersa en ese colosal choque entre dos mundos, entre dos formas de entender la vida, tendrá ante sí un lienzo que mostrará, de forma diáfana, lo que ninguna clase, por muy clara que sea, es capaz de mostrar. Como dijimos, es la escuela inmersa en el acontecer que la rodea.

Breves ideas conclusivas

Una época de cambios y transformaciones como la que vivimos hoy en el mundo en general, y en América Latina en particular, requiere de respuestas innovadoras en todos los órdenes de la vida, y la escuela no puede quedar al margen. La experiencia nos muestra cómo ella es fundamental en el proceso de construcción de los consensos necesarios para enrumbar la vida hacia nuevos derroteros. Hoy, no se trata de cambiar por cambiar, sino de una necesidad ingente, incluso, para sobrevivir como especie. El nuevo tipo de sociedad que precisamos construir solo se puede llevar adelante con mentalidad y valores nuevos, Está en nuestras manos el hacerlo posible.

Notas: 
1) Se trata de un siglo “corto” que abarcaría desde 1914, inicio de la primera guerra mundial, hasta 1991, fecha del destramamiento de la Unión Soviética. Véase Eric Hobsbawn; Historia del siglo XX; Buenos Aires; Editorial Crítica; 1998.
2) José de Souza Silva; “¿Una época de cambios o un cambio de época?”; en Boletín ICCI Rimay (publicación mensual del Instituto Científico de Culturas Indígenas); Ecuador; año 3; Nº 25, abril 2001; p. 1
3) En el origen de la globalización hay variados criterios, algunos opinan que surge desde el mismo desarrollo del hombre y su expansión, otros consideran que fue producto del desarrollo de los antiguos imperios, hay quienes hablan del encuentro entre dos culturas, otros argumentan que es un proceso complejo que tiene su surgimiento y desarrollo en el siglo XX. Pude consultarse Elier Méndez Delgado y Ma. Del Cármen Llobet Feijóo; Globalización, interrogantes y dimensiones; en http://www.eumed.net/libros/2006a/mdll/2.htm
4) Véase, por ejemplo, Francisco Javier Velasco Páez; Globalización, desarrollo sustentable e identidad cultural; CENDES-UCV; Caracas; 2006.
5) “El neoliberalismo es sobre todo un instrumento ideológico al servicio del capital financiero transnacional que trata de orientar el proceso de la globalización para su beneficio”. Para ampliar esta idea véase Carmen Chiunas Salazar; El neoliberalismo y el deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora en América Latinas; en http://www.ppsdemexico.org/teoriaypractica/tp5/latina.html
6) Los gobiernos acordaron en 1997 el Protocolo de Kioto del Convenio Marco sobre Cambio Climático de la ONU (UNFCCC). El acuerdo ha entrado en vigor el 16 de febrero de 2005, sólo después de que 55 naciones que suman el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero lo han ratificado. El objetivo del Protocolo de Kioto es conseguir reducir un 5,2% las emisiones de gases de efecto invernadero globales sobre los niveles de 1990 para el periodo 2008-2012. Este es el único mecanismo internacional para empezar a hacer frente al cambio climático y minimizar sus impactos. 
7) Luís Enrique Otero Carvajal; La revolución científica del siglo XX; Universidad Complutense de Madrid; en http://www.ucm.es/info/hcontemp/leoc/revolucion%20cientifica.htm#El%20nacimiento%20de%20la%20Genética%20y%20la%20teoría%20de%20la%20evolución
8) Foro Social Mundial; Llamamiento de los pueblos indígenas frente a la crisis civilizatoria; Belem do Pará; 1 de febrero de 2009.
9) ALBA: Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América; es una propuesta de integración surgida desde América Latina, específicamente desde el gobierno venezolano, que se entiende como alternativa a la propuesta del ALCA, hecha por los Estados Unidos.
10) “Taller de Educación Superior para el ALBA”; en http://vulcano.wordpress.com/2008/04/23/en-bolivia-se-celebrara-taller-de-educacion-superior-para-el-alba/
11) María Egilda Castellano; “Educación superior para impulsar el ALBA”; Diario Vea. Galería Dominical. Caracas; 1 de octubre de 2006; p. 26.
12) María Egilda Castellano; “Educación integral: base del socialismo e integración latinoamericana caribeña”; en Diario Vea, Galería Dominical; Caracas; Domingo 3 de septiembre 2006; p. 24.
13) En http://www.alternativabolivariana.org/modules.php?name=News&file=article&sid=2177.
14) Idem.
15) ALBA-TCP; “Conceptualización del proyecto y empresa grannacional en el marco del ALBA”; en ALAI, América Latina en Movimiento; 27 de enero de 2008.
16) Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior; Oficina de Convenios y Cooperación; “Proyecto grannacional de educación para los pueblos de Nuestra América”; en Avances de los convenios de cooperación nacionales del Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior; en http://www.uny.edu.ve/Nucori/Archivos/Avances%20Convenios%20MPPES.pdf; p.1.
17) Atilio Borón; “Sobre mercados y utopías: la victoria ideológico-cultural del neoliberalismo”; Memoria; México, marzo 2002.
18) En el sentido de Plauto.

Rafael Cuevas Molina es guatemalteco residente en Costa Rica. Profesor-investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos y director del Doctorado en Letras y Artes en América Central de la Universidad Nacional de Costa Rica.

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