viernes, 18 de septiembre de 2009

Sobre la hipocresía humana

Rodrigo Salinas (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La hipocresía es una de las peores condiciones que puede tener un ser humano, y sin embargo, es una de las más comunes que podemos encontrar en cualquier parte. El humano es hipócrita por naturaleza. El pensamiento contrario se niega por sí mismo.

Es propio del ser humano el tener miedo a la realidad, tanto a la propia como a la que le rodea. Este miedo, es la mayor causa de la hipocresía. Miedo a enfrentarse a sí mismo y a aceptarse tal cual es, con sus errores y sus aciertos, y a mostrarse al resto de la sociedad de esa manera. La hipocresía es, al final de cuentas, la defensa natural que ha desarrollado el ser humano para evitar afrontar y mostrar su realidad.

El primer paso en falso que se puede dar al hablar de hipocresía es negar la propia. No pretendo hacer eso aquí, sino todo lo contrario, reconocer la hipocresía propia y la general del ser humano. Este debe ser el primer paso para combatirla. Debemos además alentar la coherencia, enemiga íntima de la hipocresía. Se debe pensar, hablar y actuar de forma coherente, evitando que una acción niegue a la otra.

En mi vida he visto y percibido diversos tipos de hipocresías:

Hipocresía en el trato cotidiano con otras personas, por tratar de agradar, por encajar en algún sitio, signos de la propia inseguridad, de una falta de autoestima y/o de una falta de identidad de la persona. También puede darse por envidia, la cual es reprimida y ocultada tras falsos halagos. Este tipo de hipocresía puede ser denotado por un timbre de voz falso e irreal, acompañado por una risa igualmente falsa; una pose que es adoptada y ejecutada en sociedad por ciertas personas. Un buen consejo es evitar rodearse de personas que ríen nuestras propias palabras forzadamente con el solo objetivo de agradar. Debemos rodearnos de personas que nos respeten verdaderamente, sin dejar en ello su personalidad y autorrespeto. De no ser así, cometeríamos nosotros mismos el error de caer en la hipocresía, sabiendo que alrededor sólo tenemos aduladores por conveniencia; y además la estaríamos incentivando, haciendo creer que ese comportamiento consigue su objetivo.

Hipocresía consumista. Esta está relacionada con la anterior. Se presenta mayormente en personas de poca edad, sobre todo adolescentes, que en su necesidad de pertenecer o al temor de quedar fuera de lo que el sistema dicta, terminan entregándose a modas efímeras y consumistas. A veces esto se realiza de forma inconsciente, ya que todavía no se ha creado una propia gama de gustos, y al no haber desarrollado una personalidad determinada, no se tiene claro qué es lo que se quiere. Ante esta falta de “originalidad”, se entregan a lo que perciben alrededor, volviéndose marionetas del cada vez más desarrollado sistema consumista. Esta hipocresía, normalmente mengua con el paso de los años, aunque no siempre es así.

Hipocresía aduladora. Esta también se encuentra relacionada con la primera. Aquí las personas dejan a un lado sus gustos, y sobretodo sus aberraciones, para, mediante la adulación, quedar bien frente a otro sin otro fin que el obtener con ello un beneficio que pueda proporcionarle esta otra persona. Este tipo de hipocresía se ve beneficiada dependiendo del nivel de narcisismo de la persona adulada.

Hipocresía social. Esto puede desarrollarse en diversos aspectos, pero en todos nos podemos referir a la acción del individuo que resulta perjudicial al resto de la sociedad. Uno de los más importantes es la que se da en el sentimiento político de cada individuo, y a la cual me voy a referir. La política se encuentra cada vez más lejos de la sociedad. A su vez, el individuo se aleja de la misma perdiendo interés sobre algo que marca su forma de vivir. Hoy en día la política está más cercana a ser una competencia deportiva que a lo que realmente es, un servicio que apunta al bien de la sociedad toda. Varios equipos (partidos) se disputan la obtención de un trofeo (el poder) y cuentan para ello con el apoyo de una afición, que al estar embanderada no es más que una afición fanatizada, que no analiza lo verdaderamente importante a la hora de elegir cuál es el mejor candidato para entregarle el poder, sino que se elige por colores o escudos.

Otra condición del ser humano que resulta perjudicial a la sociedad es la corrupción (parte de la hipocresía moral), donde, dejando a un lado el bien común, se busca el bien propio. Esto se da en todos los niveles, teniendo mayor agravante cuando se realiza en niveles políticos, sacando provecho del poder concedido por el pueblo y las influencias que este puede proveer.

Hipocresía de negación. Muchas veces negamos la realidad con la finalidad cobarde de no enfrentarla, aunque en el fondo la conocemos demasiado bien y nos asusta enfrentarla. Un ejemplo de esto lo he visto en informativos que, informando sobre la noticia de un estudiante, el cual entró en un colegio matando a varios adolescentes y luego se suicidó, aducían como la causa promovedora de este hecho el que el chico hubiese jugado un videojuego donde se dispara y el objetivo es matar. En ningún momento se adujo a la educación dada por sus padres, a la atención que se había dado sobre su comportamiento en el propio colegio, al sistema educacional, político, ni a que en su casa se encontraban 27 armas, de las cuales una no estaba asegurada. Es más fácil echarle la culpa a un juego que al sistema familiar o educativo, ni a la generación de guerras y odio por parte de los gobiernos. Los padres muchas veces, sabiendo la realidad de sus hijos, la niegan, o se ciegan ante la misma, en un impulso egoísta, ya que dicha realidad los denominaría como malos padres. Se estira siempre la vida de sistemas o conjunto de normas, visiblemente erróneas, todo lo posible hasta llegar al colapso final, cuando sería mejor, al encontrar un error, tratar de repararlo. Cuando un puente demuestra problemas, es mejor destruirlo y construirlo nuevamente desde bases más firmes que esperar su colapso, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras.

Hipocresía religiosa. Las religiones, inventadas como medio para promover leyes morales y éticas con el fin de una mejor organización social, fueron corrompidas por el poder, llegando a operar bajo intereses totalmente contrarios a su verdadero fin, el bien social, y regirse por intereses individuales, ocupándose del más poderoso en lugar de ocuparse del más necesitado. Esto también fomenta la duda de si realmente fueron inventadas para conseguir una mejor organización social o simplemente para tener una herramienta de control social.

El peor rasgo hipócrita de estas instituciones es el de decir lo que hay que hacer, no dando el ejemplo, sino haciendo a veces todo lo contrario, sin poner el acto tras la palabra.

Las morales fomentadas por estas instituciones generalmente distan de ser morales coherentes, siendo contradictorias entre sí, y muchas veces contrarias al bienestar social.

No es difícil destacar que lo más normal de un ser humano es la hipocresía, y que encontrar en este mundo la coherencia absoluta es imposible. Pero en la competencia cotidiana entre estas dos fuerzas debemos, dentro de nuestro alcance, hacer lo posible para hacer tender la balanza hacia esta última.

Rodrigo Salinas es argentino residente en Madrid, España.

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