jueves, 1 de octubre de 2009

El anillo mágico

Julio Woscoboinik (Desde Argentina. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

-Señores pasajeros tengan Uds. muy buenos días. Lamento distraer por unos segundos su atención. Perdón, sólo vengo a pedirles una ayuda. Lo que Uds. puedan dar. 

Quisiera poder caminar como ustedes. Caminar como un ser normal. Tengo 21 años y como Uds. ven, no puedo hacerlo. La operación que me devolvería a la vida cuesta 9.500 dólares, y no he podido lograr que ningún Ministerio, ni Fundación, ni diputado, ni siquiera Dios, me diera una mano. Por eso, y porque así, nadie me ofrece trabajo, vengo con vergüenza a mostrar mi discapacidad... Si Uds. me lo permiten, pasaré a dejarles un anillo. Y sin ningún compromiso, agradeceré lo que puedan darme.

Una sola cosa quiero pedirles. Cualquiera fuese vuestra respuesta, su posibilidad o su disponibilidad, ¡por favor! no me devuelvan el anillo. 

Quiero dejarles algo mío. Algo humilde pero, al fin de cuentas, una alianza. La que debiera unirnos... 

Gracias...gracias...No, por favor, el anillo es para Ud. Por favor, se lo ruego, quédese con el anillo. 

Baje del colectivo, el anillo en mis manos y mis ojos en ese joven. Conmovedor en su demanda. Me pruebo el anillo. Es chato como un cintillo. De lata, casi oro. Por los bordes parece una corona. ¿Guardará algo extraño? ¿Un zahir borgeano? De pronto me vi en las mil y una noche de los sueños. Alguien, que no conozco, me ha dejado algo que lo trasciende. Y trasciende al tiempo, al efímero instante de una presencia. ¿Tendrá conciencia este pobre joven deforme de lo que hace? Es ésta una ofrenda misteriosa y mágica. ¿Mensajero de Dios? ¿O tan solo una alucinación? 

Han pasado varios años y aún guardo ese anillo. Con celo de joya preciosa. Ha cambiado mi vida. Nunca he podido saber de ese extraño personaje. Cada vez que miro el anillo, pienso en la alianza... El dolor y la injusticia. Me tortura su evidencia. Siento culpa y vergüenza. Guardo algo de su maravilla. Profunda y mística. Me obsesionó hasta el espanto. 

Ahora soy monje. Trabajo en las villas y camino por el mundo. Pidiendo limosna, obsequiando alianzas...

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