sábado, 10 de octubre de 2009

El invento

Wilmer Estrada Cruz (Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Llevaba largas horas dando vueltas en la cama, no podía dormir, esto le jodía la vida. Ni el triazolan, ni el trazadone lo tumbaban y eso que pegan fuerte. 

-Que doloroso es no poder dormir, dijo.

-Como envidio a los dormilones, la envidia es de corazón, terminó diciendo. 

Escuchaba voces, me susurraban, busca al inventor, busca el invento. Las había escuchado durante toda la semana, pero esta vez eran más seguidas. Pensé que eran producto del medicamento abilify, que me habían recetado para ese propósito. A lo lejos escuchaba los gallos cantar y no podía dormir. Las voces seguían trastornándome. 

-El invento. El invento. La voz me machacaba detrás de la oreja como un marrón de 16 libras. Sentía que me despedía del cantar del gallo y el ladrido del perro e iba cayendo en un profundo sueño.

-Basta, basta, aléjate de mi, le suplicaba a la voz

-El invento, continuó martillando la voz.

-No te quiero escuchar, por favor aléjate, le dije. 

Pero las voces seguían y seguían y seguían. 

-El invento, el invento, seguía escuchando. 

-Ya no podía más y grité. ¿Qué mierda de invento?
 
El grito retumbó por toda la casa. El eco se prolongó hasta alcanzar la frontera del pueblo de Adjuntas, que colinda con El Barreal. Esto lo supe por que se comentó en el negocio El Bambuco, de Josie. También a Ricky y a Nuno les sirvió de despertador en El Mato. Me levanté, hice café y salí a buscar respuestas en la soledad de la noche. Ya más calmado le pregunté a la voz susurrándole, 

-¿Qué invento? 

-Y la voz me contestó.

Comencé la búsqueda del invento. Realicé varias llamadas y envié muchos correos electrónicos con el propósito de recopilar información. Me interesaba que la información fuera de primera mano y puse todo mi empeño en ello. Así pude contactar las primeras personas de una larga lista que ya me habían confirmado. Había historiadores, filósofos, pacifistas, políticos, hijos de dioses y el dios sol, entre otros. Horodoto, el historiador griego me facilitó por correo electrónico una lista impresionante en donde un grupo selecto reunía las mismas características, según la tradición había nacido un 25 de diciembre, de una madre virgen, fueron crucificados, resucitaron a los tres días, hicieron milagros y caminaron sobre las aguas. Las primeras personas que entrevisté, fueron Horus y Osiris. Para poder entrevistar a Osiris y Horus tuve que hacer un largo, largo viaje. En ese viaje vi tantas atrocidades, muertes, destrucción y no me detuve porque ya tenía una misión. Después de tan largo viaje, encontré a Osiris y a Horus. La pregunta no podía esperar, era la misma para todos, ¿quién lo inventó? Osiris me dijo que no sabía, que ya había sido inventado, cuando ella nació. Horus aportó alguna información. Me contó una historia, rara. Según la tradición el invento surgió de la unión de la Tierra, el Sol, las constelaciones y el solsticio de invierno, un diciembre, creo que el 25 me dijo. No lo podía creer, tan largo viaje para esto. Recordé lo que me había dicho la voz. Paciencia sobre todo. Aunque utilicé varias estrategias para que me proporcionaran más información, esto fue lo único que pude recopilar. Muy poco pero era un comienzo. 

Comencé el viaje de regreso para realizar las próximas entrevistas. Necesitaba muchas fuentes y la voz fue clara al decirme que disponía de poco tiempo. No fue fácil encontrar a Mitra. Horus y Osiris eran vanidosos, pero Mitra era muy reservada y celosa. La encontré en El Yunque, y yo que la buscaba por El Olimpo. 

-No me dejó preguntarle, se a lo que vienes. No sé, la contestación fue rápida, pregúntale a Attis, está más arriba. 

Fui donde Attis y ni tan siquiera me dejó llegar.

-Me contestó tajantemente. 

-Si quieres saber algo, señalando con el dedo hacia otro monte, ve y pregúntale a Krishna. 

El tiempo me traicionaba, Krishna se encontraba lejos y me quedaban todavía Dionisio, Buda, Jesús, Platón, Aristóteles y Gandhi, entre otros. Por siglos busque información en los confines de todos los universos y en un momento me quedé perdido en el tiempo, hasta que la voz, me sacó del letargo.

Me encontré en un lugar hermoso, los árboles eran muy frondosos, el agua del riachuelo era cristalina y el colorido del las aves, flores y plantas invitaban a reflexionar. Allí encontré a Platón, el más sabio de todos los filósofos. Estaba pensativo, no quería interrumpirlo, pero no disponía de tiempo. 

-¡Buen día señor Platón! Quiero saber quién lo inventó. 

-Platón me miro fijamente y me contó una historia que me dejó de una sola pieza. Contó que había escuchado una voz para que buscara quien lo inventó. 

-A mi también, le dije entre sorprendido y boquiabierto. Si platón es un sabio, porque la voz me pide que busque algo que Platón no pudo encontrar. ¿Quién soy yo para solucionar un problema que las mentes más brillantes no habían logrado? Platón me sacó de concentración.

-Me relató que luego de siglos reflexionando y rebuscando múltiples fuentes de información, llegó a conocer que el invento, inventaba. 

-Aquí me jodí, que el invento inventa. No podía creer lo que me decía Platón. Esto echaba por el suelo todo lo que había, logrado. Maldición, y grité a todo pulmón, maldita sea la voz, me le cago en la madre a la voz. Salí corriendo y a grito limpio la emprendí con Platón, viejo cabrón, hijo de puta, me cago en tu madre, tu que eres el más grande de los filósofos y no sabes quien lo inventó. Ahora se porque dijiste “solo se que no se nada”

Mi nivel de tolerancia no aguantaba más. Estaba desesperado y depresivo, todo lo que he hecho y en vano. La voz continuaba y me había revelado que no me dejaría hasta que encontrara quien lo había inventado. Me tomé dos fluoxetine de 10mg y decidí continuar la investigación. Volví al pasado, busqué a Buda. Estaba rodeado de muchos platos de comida suculenta. Tenía una barriga como la un luchador de Sumo, a punto de explotar. En el momento que lo interrumpí estaba atrancado con un muslo de avestruz. 

-Balbuceando me dijo que sí, que el invento inventaba. Me dijo que era la segunda persona que le contaba esto, el primero fue Dionisio. El no me creyó, espero que tu sí, dijo Buda. 

-Que ostia, que el invento inventa. ¡Que será de mí de aquí a mil años! Grité fuerte, Puñeta. 

Fui a corroborar lo que Buda me había comentado y busqué a Dionisio. 

-Hola Dionisio, salude. Buda me refirió para que me contaras sobre el invento.

-El que te puede ayudar es Jesús, me dijo. Dicen que antes se llevaban muy bien con el invento, terminó diciendo Dionicio y acto seguido me empujó con Jesús. 

Lo encontré en el desierto. Iba sobre un pobre, escuálido y demacrado burro. Al infeliz se le trababan las patas cada vez que daba un paso. Vi a Jesús en buen estado físico. Era un hombre fuerte, corpulento. Pensé que era él quien debería cargar al burro, pero me aguanté. Cuando se acercó le pregunté. 

-Quiero que me cuente sobre el invento, le inquirí.

-El invento lo inventa todo, me dijo Jesús. 

-¿Cómo que lo inventa todo? Pregunte. Hasta este momento no podía entender esa ostia de que el invento inventaba.

-Todo, respondió Jesús. Mírame, mírame yo soy la mejor prueba, dijo Jesús tocándose su cuerpo. ¿Me ves o no me ves? Lo ha inventado todo, todo, terminó diciendo Jesús. 

-¿Quién se cree Jesús que es? ¿Qué es eso de que el invento lo inventa todo? Toda esta gente está loca, pensé. Reflexioné sobre lo que había hecho y logré entender que había muchos casos de esquizofrenia entre todos estos sujetos, habían perdido todo contacto con la realidad. ¿Qué droga se tomaron?

Reflexioné, tomé un respiro y varias peguntas brotaron espontáneamente. ¿Porque esa perdida con la realidad? ¿Era heredada? ¿Estaba en el inconsciente colectivo?, Me pregunté. Este tipejo me está tomando el pelo, pensé de Jesús. Recapitulé en todo lo que le había dicho a Buda y estaba a punto de a remeter en contra de Jesús, cuando me soltó la primera disparatada.

-Ves este burro, me dijo Jesús, el invento lo inventó. 

-Se veía molesto, ¿será verdad lo que me dijeron? No, no me puede estar leyendo la mente. Cuando iba sobre él nuevamente, comenzó a hablar en lenguas y a enumerar las cosas inventadas. Aun permanecía montado en el lomo del burro y estuvo narrando los inventos que el invento inventó por siglos. Ya me encontraba muy lejos para escuchar las sandeces sobre los inventos. Recogí las últimas anotaciones en el viaje de regreso y ya frente a mi computadora bajé los correos electrónicos que interesados en el tema me hicieron llagar. La información recibida era inmensa. Comencé a desclasificarla y cuando logré después de largas horas de trabajo, me dirigí a buscar, o por lo intentar buscar la verdad.

Confeccioné un mapa conceptual y comencé a atar cabos. Coloque al invento en el centro y lo inventado a su alrededor. El mapa llegó a alcanzar proporciones gigantescas. Era tan grande que tuve verlo desde el espacio. Cada vez me iba acercando al inventor del invento que inventaba. Pude contemplar que solo faltaba una pieza, solo una pieza y sería el ser más feliz del mundo. Barajaba los sub-temas, cuando escuché una explosión estruendosa. Ya me era familiar, la había escuchado en dos ocasiones cuando hice mi primer viaje para entrevistar a Osiris y a Horus, precisamente cuando pasaba sobre Japón. La nube subió como un hongo y cubrió todo el globo terráqueo, ya los rayos del sol apenas atravesaban la inmensa y mortífera nube venenosa. Tenía que aprovechar la poca luz para esclarecer quien lo había inventado. El mapa tomaba forma, pero ya apenas había luz. Una sola pieza. La forma me que faltaba me era familiar, la había visto pero no recordaba. Todo se moría a mí alrededor, el calor era infernal. Cuando el último rayo de luz llegaba a la tierra y todo se moría, fue que vi la pieza que me faltaba y me di cuenta que el invento que inventaba, lo había inventado yo.

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