sábado, 31 de octubre de 2009

En vísperas de un viaje

Carlos López Dzur (Poeta puertorriqueño en la Diáspora. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

A Juan Mari Bras, patriota puertorriqueño

Desde niño
por decencia de mis años
y el soluto,
por nostalgia de la luz sagrada
que en tu voz y en tu presencia se preservan
por los siglos,
te busqué en las calles y en las marchas,
en ríos de piedras, en Claridad,
en noches de ojos y oídos nutricios y abiertos.
Te predije donde está la tarea
de los sabios desocultadores,
los poetas antes y después
del Gran Crepúsculo.
Contigo se progresa con fiereza
y el corazón se vuelve grande como el tuyo
y se crece con ambición de libertad patria
e internacionalismo.
Redefiniste para mí el espíritu y la bestia
(la menos sumisa de las panteras eres,
el más bello de los tigres de la aurora:
padre salvaje, sol de la patria);
y te he respetado así, Juan Mari,
como un lomo con músculos de estrellas,
el instinto que enriquece cada instante,
el escudo contra golpes blasfemos y viles
en la sombra, lámpara y faro
que aceita adrenalina en los hijos desorientados
de este pueblo que resiste, puja y sobrepuja.

Has preparado a la nación para la marcha,
al pueblo que encuentra el dolor amenazante
y se estremece, aún cuando enseñas
a transmutar la fe, ilusiones y esperanzas,
en algo más que sobrevivirse,
en lento, inquieto y duro espasmo.
Lo que no siempre se supo agradecerte.

Te busqué desde niño
porque fuiste la energía de las manos
veloces y hacendosas, la construcción
más noble del valiente.

Mi adolescencia devino a las horas de estampida
y en las jaulas del estadolibrismo
echaste mucho del sol remanente, el alba en rojo.
Por eso, agua fresca he bebido de tus verbos,
no con jaurías que fácilmente
se ufanan por prebendas y colonial triunfalismo.
Cuido tus caminos, protejo con celo
tu nombre y tu ejemplo heroico...

En territorios de gesticulación oprobiosa
se habló de referéndum y en decadentes cuitas,
sin sustancia, de Alianza para el Progreso
y panamericanismo, ya sabes, ganapanes
de las satrapías, medianeros, arribistas...
que mencionaron tu nombre con desprecio.

¡Qué poco sabrían sobre ti, los truhanes,
de ti, Zorro fecundo y pez de fuego!
que eres el alimento
más allá de los símbolos vulgares,
el pan más sabroso, casabe honesto.

Aún, mi generación se adeuda
con tu vida; mis huesos han crecido
con la consigna de alabar tu nombre.
Bendito sean los zorros de tu complexión
y cría y los jilgueros que madrugan
sin canto tenebroso y cantan la militancia
de tu movimiento, sin claudicaciones.
Bendita sea la nación que,
por verdad, origina las bestias con olfato
y la grandeza de tu felina estirpe.

No te hallé ni un solo instante cruzado de brazos.
No supiste que sería vivir indiferente.
¿De qué esencia suprema fueron tus costillas?
Que las mías han querido ser
un mínimo virtuoso de las tuyas...
¿Qué engramas con tus pistas gloriosas dejaste?
... que en todas tus pisadas veo los caminos nuevos
y las huellas para el buen hallazgo.

Contigo tiemblan los endriagos del colonialismo.
Contigo se expone el imperio en sus miserias
y depredaciones en cada nación que sueña
su destino soberano, su vocación
de justicia y permanencia.

... pero tú, camino viviente, aún si murieras,
sobrevives y estarás en la mejana de mis días
sin borrarte, sin hojarascas o marañas que te cubran.
Me enriqueces como un sueño militante
en ríos de piedras, en claridad de sendero,
y en ojos y oídos, atentos y nutricios.

Este poema fue escrito poco antes de mi viaje por razón de estudios a los EE.UU., poco antes de la década de 1980. Tuve la experiencia inolvidable de charlar con el licenciado Juan Mari Bras en las oficinas del semanario «Claridad», donde colaboré por varios años. El Lic. Juan Mari Bras, profesor de Derecho, fue el fundador del Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico y más tarde, uno de los fundadores del Partido Socialista de Puerto Rico. Su hijo fue martirizado en la Matanza del Cerro Marvilla en PR por esbirros colonialistas durante la Gobernación de Carlos Romero Barceló y los tradicionales perseguidores de los anhelos de autodeterminación política, en la colonia norteamericana más antigua del Hemisferio.

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