jueves, 1 de octubre de 2009

La flecha que alcanza al buitre no alcanza al halcón

Emilio Romero Ele (Desde Brasil. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

“La mayoría de los hombres viven sus vidas en la quieta desesperación”. (*)

Los tecnócratas, servidores y gestores del sistema social imperante, piensan que la solución tanto de los problemas sociales como de los conflictos personales y subjetivos deben y pueden ser resueltos por medios técnicos. Esta es una propuesta muy bien aceptada y promovida en el mundo tecnológico-computacional en el cual vivimos, hoy dominante en los países ricos, y algunos otros. En el libro de A. Huxley. “Un mundo feliz” (1936), ya se proponía como remedio de los problemas sociales y subjetivos el uso de drogas de la felicidad. George Orwell, pensó que antes del siglo 21, nos tornaríamos autómatas gobernados por una docena de dictadores. El psicólogo Skinner idealizó una sociedad enteramente planificada, de tipo dictatorial, que si fuese el caso, eliminaría los conflictos sociales. Mediante fármacos o condicionamientos, se pretendería atenuar y cubrir los conflictos y controlar el comportamiento, evitando así cambios indeseables para el orden social dominante.

Los espíritus simples, esos que creen en casi todo lo que el Sistema Social les inculca, piensan que pueden administrar sus vidas aplicando dos o tres fórmulas que aprendieron en un viejo almanaque o que oyeron del cacique de la tribu. Siguen los preceptos de alguna secta o se conforman con leer el horóscopo del día. En la mejor de las hipótesis siguen las indicaciones de un manual técnico. Es sensato saber que cada plano y esfera de la existencia tiene su grado de complejidad. Sólo los asuntos más comunes son lineales y sin opacidades ni puntos obscuros. En ese caso, hasta se puede aplicar una receta que se ajuste el menú del día. Pero siempre es conveniente saber que cada área tiene sus peculiaridades. Lo que sirve para la esfera erótica no sirve para el plano laboral; lo que resulta una táctica infalible en los negocios puede ser un desastre en el plano emocional.

Los tecnócratas, servidores del sistema social imperante, piensan que la solución tanto de los problemas sociales como de los conflictos personales y subjetivos deben y pueden ser resueltos por medios técnicos. Esta es una propuesta muy bien aceptada y promovida en el mundo tecnológico-computacional en el cual vivimos. Fue implantada desde comienzos del siglo XX y hoy está en pleno auge. Los avances científicos en todas las esferas y sus aplicaciones prácticas en el campo técnico permiten un dominio de la naturaleza hasta un grado nunca antes visto. Dominio en términos, pues también implica una destrucción consecuente de los ecosistemas, con todas las catástrofes que estamos sufriendo. Implica también una apropiación cada vez mayor del poder por las elites, con deterioro de la situación de la gran masa de la población.

En el libro de Aldoux Huxley, “Un mundo feliz”, ya se proponía como remedio de los problemas sociales y subjetivos el uso de drogas de la felicidad. Huxley era un crítico de esta idea, pero reconocía que en un futuro próximo bien podría ser impuesta por los poderes oficiales. Que un tecnócrata sugiera esa forma de resolución de los problemas humanos es comprensible, pero que algunos psicólogos propongan soluciones similares, resulta bastante sorprendente. Sorprendente en razón de que se supone que la psicología es sobre todo una ciencia humanista, es decir, centra su interés en el cuidado y perfeccionamiento del ser humano, tanto en su aspecto comportamental como ético.

Extrañamente, no obstante, hay psicólogos que rechazan la propuesta humanista, propagando una alternativa tecnológica para enfrentar los problemas humanos.

Tal es el caso del bien conocido B. Skinner, un psicólogo muy respetado entre sus pares. De hecho, este investigador de la conducta ha realizado una contribución muy meritoria en el plano de la programación del comportamiento: es el llamado condicionamiento operante (C.O.), diferente del condicionamiento propuesto por Ivan Pavlov y sus famosos perros salivadores. El C.O. consiste en que una conducta tiende a mantenerse según sea el tipo de refuerzo que la condiciona. El concepto de refuerzo ha tenido una enorme fortuna en el campo de la psicología, especialmente en el área de las organizaciones y del control de la conducta. Con un poco de buen humor podemos afirmar que Skinner no tuvo dificultad en demostrar que entre un ratón entrenado en un laboratorio y el hombre común, apenas hay una diferencia esencial: el ratón siempre sale del laberinto de ensayo y el hombre inventa laberintos, ya sea para justificar determinadas situaciones (piense en las leyes), o por simple ignorancia (piense en las confusiones de sus años juveniles). 

De hecho, el ser humano es altamente manipulable mediante el llamado condicionamiento operante. Skinner demuestra que existe la manipulación del comportamiento mediante este este tipo de condicionamiento. Eso es innegable, y la experiencia común de todos nosotros lo confirma. Todas sus investigaciones demuestran como funciona ese tipo de condicionamiento. La conducta normal es altamente controlada de esta manera. Dicho de manera simple: mantenemos determinadas conductas por premios y castigos, por recompensa y puniciones. A veces por simple amenaza. Respetamos el semáforo para evitar una multa. La señora X respeta la fidelidad conyugal porque no ignora la reacción de su marido si se entera de sus encuentros secretos. Su patrón le aumenta su salario para que usted rinda más. Las flores con que periódicamente homenajea a su esposa refuerzan el cariño que usted quiere mantener. 

Lo que propone este psicólogo es dar algunos pasos más, afirmando que es mejor una sociedad controlada mediante condicionamientos dirigidos según procedimientos científicos, que una sociedad que opera sin planificación bien fundamentada. (**). Todo funciona mejor en una sociedad controlada y planificada. Los negocios prosperan y la gente vive sin mayores sobresaltos. Esa es la tesis básica del psicólogo.

Este psicólogo admite con todas sus letras que la democracia es una ficción, aunque el grueso de la población crea estar escogiendo a sus supuestos representantes. Skinner sabe que la conciencia colectiva es dirigida por la propaganda y los valores propiciados por el sistema social. Una sociedad planificada según el modelo de una ingeniería comportamental es una idea seductora, muy en consonancia con el capitalismo vigente.

Skinner escribió todo un libro exponiendo como sería el control en ese tipo de sociedad. ¿Más control aún? El ideal de los skinnerianos, de los burócratas y de los chiítas musulmanes (¿quién diría que estarían tan próximos?) es una sociedad controlada, planificada y manipulada según las fórmulas de una tecnología del comportamiento, dejando para el plano de los condicionamientos operantes, la configuración de la subjetividad. Lo que quieren es suprimir la oposición, los conflictos de intereses inherentes de una sociedad basada en la desigualdad; pretenden evitar la contestación del orden dominante y dar como hecho natural la división entre las elites dominantes y la masa dominada.

Lo notable es que esta propuesta se está imponiendo en el mundo actual en un grado mucho mayor que en las épocas anteriores. Mediante los medios de comunicación masiva están consiguiendo manipular la conciencia colectiva, alienando a los individuos de las realidades que más los afectan. Sin necesidad de un aparato policial excesivo, como acontece en las dictaduras tradicionales, uniforman las mentes, llevándolas a desear y aceptar lo que los poderes oficiales imponen. Esta propuesta de dominio de la conciencia colectiva busca hoy su justificación, por la existencia de una forma de fanatismo religioso, que amenaza a Occidente; permite, sobre todo, que los gobiernos de países islámicos, en su gran mayoría de tipo dictatorial, encuentren en el fanatismo religioso un excelente aliado para continuar firmes en el poder.

El shiita fanático impone la ley de la tradición, condenando al fuego a todo opositor. El burócrata quiere el registro notarial de todas las relaciones sexuales y transacciones de los ciudadanos. El skinneriano condiciona la mente de los individuos para aceptar el sistema dominante como la mejor opción posible. Oh, míster Orwell! Precisarían considerar un proverbio que oí de los labios de un campesino maya: La flecha que alcanza al buitre no alcanza al halcón 

*) Se entiende por horizonte de vida el grado de amplitud en la visión personal del mundo. Cuanto más amplia es la visión del mundo más rica, compleja y variada es la vida.

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