sábado, 10 de octubre de 2009

Música: El corno o trompa

ARGENPRESS CULTURAL

La trompa o corno se desarrolló a partir del cuerno de caza (“corno da caccia”, en italiano), con la adición de tonos en el siglo XVIII y válvulas a principios del siglo XIX. 

Las trompas primitivas, como su nombre implica, estaban hechas de cuernos vaciados de animales. Más tarde estos instrumentos fueron construidos de metal y debido a su potencia fueron usados como señales en campo abierto, especialmente en las batallas y en las llamadas de caza. 

Las trompas de caza se convirtieron en circulares pues así eran más fáciles de portar por el intérprete sobre su hombro, o sobre su cabeza y debajo del brazo. En sus inicios como instrumento de la orquesta, la trompa sólo podía tocar las notas de su serie armónica. Si la música cambiaba de tonalidad, el músico debía, en teoría, de cambiar a una trompa adecuada. Pronto fue constatado que variando la longitud del tubo sería una solución. Así, fueron usando tubos extras llamados "codos". Pero no importaba cuantos "codos" se usaran, el músico aún disponía solamente de las series de armónicos de la longitud total. 

Cuando escribían su música, los compositores tenían que dar tiempo a los músicos para cambiar los tubos extras. Una cierta ayuda a los intérpretes llegó cuando a mediados del siglo XVIII se descubrió que se podían obtener diferentes notas colocando la mano derecha dentro de la campana. Pero el sonido de estas notas extras era diferente en calidad al de las notas principales. Entonces, hacia 1815, la invención del sistema de válvulas eliminó los "codos". Esto significaba que con tubos extras permanentemente fijados a la trompa, las tres válvulas, usadas en combinación, podían acortar o alargar el tubo y producir así una amplia extensión de notas.

El corno fue bastante utilizado durante el período barroco en Europa, en muchos casos incluso como solista. Luego, durante el clasicismo, se integró a la orquesta sinfónica como instrumento fijo, e igualmente durante el romanticismo, pero fue perdiendo su papel protagónico. Hoy día quedó como uno de los metales de la orquesta clásica, pero ya no ha vuelto a utilizarse como primera voz, como solista.

A modo de ejemplo de su virtuosismo presentamos dos movimientos (número 1: Vivace y número 3: Presto) del “Concierto en Re Mayor para tres cornos y cuerdas” del alemán Georg Philipp Telemann, en interpretación de Capella Istropolitana, con la conducción de Frantisek Vajnar.



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