jueves, 1 de octubre de 2009

Plástica: Teresa Mestres, la niña de la guerra


Jorge Zavaleta (Desde Lima, Perú. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Trágica verdad. Las guerras dejan lecciones para nunca renunciar a la paz. Teresa Mestres Planas, niña víctima de la guerra civil española, dejó, junto con sus padres, su natal Villanova i La Geltru, para transitar por América y sufrir los avatares del exilio. Sin embargo, se convierte, con su poderosa imaginación y agudo pincel, en una de las mejores intérpretes del arte hispanoamericano, ahora admiradora del boom artístico que emerge de amplios sectores populares. 

Sus creaciones reconocidas en diversas latitudes, enriquecen galerías privadas y públicas de Europa, América y Austria, incluyendo el Palacio de la Generalitat, Barcelona. Es la única pintora de América, que estuvo presente en el homenaje a Antonio Gaudí (Barcelona, 2006). Se espera con expectativa la próxima muestra del Taller que lleva su nombre, en el Centro Español de Lima.

Teresa Mestres, como en la famosa novela América de Kafka, encontró en el Perú su fértil valle de Oklahoma, después que su padre, Pedro Mestres, canciller de la Generalite de Cataluña, su madre y ella, arribaran a Nueva York desde el puerto Havre e iniciaran su peregrinaje por Cuba, México, Argentina, Brasil y Perú, hasta convertirse en activo miembro fundador del Consejo Mundial de Autores Plásticos, entre otros méritos, que la prensa especializada le reconoce. 

Pedro Mestres, ingeniero de profesión, se dedicó a asesorar e instalar fábricas de papel a partir del bagazo de la caña de azúcar. En La Habana, el Che Guevara le pidió transferir a la revolución las acciones de la planta que había levantado con inversionistas extranjeros y locales. En Argentina, el peronismo no le prestó mayor atención a la agroindustria del bagazo, a diferencia de los barones del azúcar de los valles norteños del Perú que necesitaban innovación técnica y social en sus trapiches.

Esta niña de una guerra que expulsó a múltiples espíritus ilustres en artes, ciencias, literatura, filosofía y otras vertientes liberales como se diría en el Medievo, encontró en Lima un atractivo clima para continuar sus estudios, conocer el exagerado y aburrido halago en los salones de la oligarquía, hasta renunciar al matrimonio convencional y optar por la creatividad sin corsé.

Estudió química y literatura en Argentina y Perú; y arte con Teodoro Núñez Ureta, connotado representante de la plástica nacional. Y hoy no cesa de volcar sus conocimientos de artista a otras generaciones. Una fructífera lección se aprecia en el grupo multinacional del Taller que lleva su nombre y ha creado un estilo, integrado por la lingüista brasileña-japonesa Ritsuko Shima de Yoshimoto; la pintora chilena Valeria Susti de Musante; la peruana July Balarezo Alayo, profesora de Historia; y Lucy Gutiérrez Dongo, joven lingüista que interpreta el arte y los dialectos de las comunidades amazónicas.

“Diría que no hay rama del arte que no haya explorado: sus briosos caballos de paso, ya sean en acuarela, óleo o pastel, gozan de una belleza incomparable; sus bodegones son magníficos, a veces muestran frutas que ya quisiéramos saborear al instante. Así es la pintura de Teresa: vehemente, pura, sublime..., comenta a su alumna July Balarezo, con quien habla de la soledad, filosofía que la anima en su cotidianidad, y que le recuerda a Lope de Vega y su genial poema: “A mis soledades voy,/ de mis soledades vengo,/porque para andar conmigo/me bastan mis pensamientos”

Teresa sostiene que la libertad, es una forma de egoísmo que si no se usa bien puede herir a muchas personas. “La independencia es una responsabilidad y un sacrificio, aún más cuando no se dispone del dinero suficiente, ya que el dinero es una forma de esclavitud”

Señala que las galerías de arte están cerrando y que los centros culturales tomaron la posta. “Ahora todo vale. La originalidad y el atrevimiento llaman la atención. Las masas compran lo que la propaganda le sugiere. La tecnificación está inundando todos los planos del arte y la vida de las personas. Y justamente, ha surgido un campo muy competitivo y, el pueblo va imponiendo su arte, su manera de perennizarse por medio de la artesanía. Es el nuevo boom. Todos queremos trascender de algún modo”.

TALLER MESTRES

La obra docente de Teresa se conoce en diversos talleres de Lima, como la galería Borkas, La Hispania, Reducto, y ahora en el estudio que lleva su nombre, presenta a su excelente grupo multinacional: 

Ritsuko Shima: Recuerda que su padre - uno de los pioneros japoneses inmigrantes al Brasil, que trabajó en los alrededores de Sao Paulo, marcó su vocación por la pintura. Su progenitor, en las noches de luna llena, pintaba y escribía haikus, en láminas de papel de arroz. La pintura le sirve como medio de comunicación con sus ancestros, y la posibilidad de volcar lo mejor de sí. Sus lienzos son de colores muy intensos y representativos de su cuna del Imperio del Sol Celeste.

July Balarezo: Conoció el arte desde muy niña, cuando en Chiclín, a cuarenta kilómetros de Trujillo, se formaba una pinacoteca representativa del norte del país y el primer museo precolombino, hoy Museo Larco de Lima. Con sus estudios de historia, el ejercicio de la docencia y su infatigable estudio de la literatura y cine, llega al Taller Mestres para interpretar, principalmente, con motivos abstractos, una visión lírica del mar, los poblados cordilleranos y las caletas donde se conjugan algunos de sus personajes. 

Valeria Susti: Formada en el Museo de Arte de Lima, ahora profesora de acuarela, es también una apasionada organizadora y promotora de Concursos de Caballos de Paso, actividad que la acerca más a la naturaleza fresca, cubierta de rocío y encanto cotidiano. Ha participado en 46 exposiciones entre Perú y Honduras, como en Noche de Arte en la residencia de la embajada de EU en Perú y otros exigentes escenarios. Su creación incide en los corceles, chalanes e indumentaria, cuya crianza se ha convertido en evidente sincretismo iberoamericano. 

Lucy Gutiérrez: Acuarelista, lingüista egresada de la Universidad Católica del Perú, editora de “La Niña de la Guerra”, autobiografía de Teresa Mestres, ha decidido aprender algunas lenguas amazónicas, labor que enriquece su arte pictórico y literario y su creciente interés por conocer el rico y emergente país multicultural y multiétnico, ignorado y violentado secularmente.

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