sábado, 7 de noviembre de 2009

Cine: “Law abiding citizen”, o la crisis final de Hollywood





Jorge Zavaleta Balarezo (Desde Pittsburgh, Estados Unidos. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

La traducción literal del título es “ciudadano respetuoso de la ley”, y suponemos que este film pronto se exhibirá en pantallas latinoamericanas con un nombre más atractivo. Digamos que eso que se llama “fórmula” -
aceptando, desde ya, que exista una- ha permitido reinvenciones, renacimientos, relecturas, “vueltas de tuerca”. En los 90, se dio por llamar “psicothrillers” a películas como “El silencio de los inocentes”, “Baj
os instintos”, “Mujer soltera busca” y “Deseo y decepción”, producciones de un Hollywood que entonces salía de una crisis para entrar en otra y de las cuales recordamos a los artis
tas que se lucieron o sobreactuaron en estas cintas. Sin duda, más que el cruce de piernas de una hoy devaluada Sharon Stone, la verdadera tensión estaba en la cacería que iniciaba y prolongaba Jodie Foster en el film que le valió un Oscar.

En estos tiempos, con cientos más de películas que han pasado sin gloria y que confirman la gran crisis de la industria del cine norteamericano, los estudios arriesgan cada vez menos. Como se diría comúnmente “van a lo seguro”, “apuestan a ganador”, y en esa búsqueda incesante e
insaciable de nuevas historias que llenen las salas de cine, se cruzan muestras de terror, acción, persecuciones, finales falsos, salvaciones de último minuto.

Cada vez es más cierto que el cine de Hollywood -el mismo que permitió trabajar a maestros como Billy Wilder o Fred Zinnemann- interesa menos. No conmueve a nadie, no llena taquillas, se asegura los ingresos en el verano con alguna mediocre versión de Indiana Jones o una comedia al uso protagonizada por Sandra Bullock, Kate Hudson o Jennifer Aniston. O explota al máxi
mo la carrera de actores como Brad Pitt, haciéndolos sufrir irrecuperables ridículos.

Así estamos. El cine que hoy interesa es el que se ve en los festivales, no sólo en Cannes, Venecia y Berlín, sino también en San Sebastián, Biarritz y Locarno. O en el BAFICI, en Argentina. Y el cine que interesa no es sólo el “indie” norteamericano -cada vez más heterogéneo y “posmoderno”, que trata de veras problemáticas intensas, aunque hay que admitir que por allí se “filtra” cualquier “autor”- sino el de las “periferias”: el de Taiwán, Corea del Sur, Irán, el cine latinoamericano. Realizadores como Kim Ki Duk, Takeshi Kitano, Michael Haneke o Lucrecia
Martel, ninguno de los cuales es estadounidense, han demostrado ya que sus películas sí afirman solventes argumentos, que sus historias no son “gratuitas” y que hay un trabajo, en la ficción fílmica, que va más allá de lo episódico, lo artificial y lo efectista.

Mientras maestros como Scorsese (quien estrena su nueva película el próximo febrero), Coppola y Woody Allen, hacen cine un poco para mantener los viejos éxitos, y cuando Michael Mann y Christopher Nolan se convierten -dentro de la industria- en los más sugerentes e inteligentes directores- el Hollywood de las estrellas hace agua, y no escatima grandes inversiones en mostrar que lo imposible no existe para la tecnología de avanzada. En ese contexto nace “Avatar”, la nueva película de James Cameron, el director de “Titanic”, que se estrenará en Navidad y que, desde ahora, se autoproclama como “lo nunca antes visto”.

Qué diría de todo esto Stanley Kubrick, que era un riguroso experto de la técnica pero que no necesariamente se quedaba sólo en los efectos especiales, que le sirvieron sobre todo a su “2001: Odisea del espacio”, pero quien estaba interesado en tramas certeras, directas, variadas, un
genio capaz de mostrarnos la vida de “Barry Lyndon”, de volver a la pesadilla de la guerra en “Full metal jacket” y de despedirse de este mundo con turbias muestras del imaginario urbano (“Eyes wide shut”).

“Law abiding citizen” es, entonces, un thriller de fórmula, cansino, inútil, que no descubre nada -no podría hacerlo- y que narra la historia de un científico muy dotado cuya hija y esposa son asesinadas (hay una innecesaria violencia en la escena inicial de la película). Entonces, el protagonista inventa mecanismos para vengarse de los criminales y de todos los miembros del aparato judicial-policial que, en su opinión, no han actuado de una forma correcta.

De allí que la película, dirigida por F. Gary Gray, a quien le conocemos sus altibajos (“The italian job”,” El negociador”), nos lleve -sí, como tantas otras- a la cacería que emprenden los detectives, o a la “imaginación” de un Jamie Foxx, que demuestra, en esta ocasión, su absoluta nulidad para el drama, siendo, como es, un actor premiado por la Academia, y por una película sobre Ray Charles.

Por allí explota un celular y mata a una jueza, por allí la chica cosmética, delgada, con figura de modelo, piel nívea y sonrisa dulce no puede negarnos la impostura de la inteligencia que no posee. “Law abiding citizen” es un ejemplo de cuán bajo ha caído Hollywood, y ya no hablemos de los
prejuicios racistas, sexistas, del machismo o la violencia, sino que, así como se producen salchichas en serie, así películas como esta, “en serie”, buscan conquistar espectadores acostumbrados a ciertos géneros. La imaginación escasea mientras las “action movies” -una banalidad del siglo XXI en Norteamérica- quiere darse una nueva oportunidad.

No hay requisitos, realmente, para medir la calidad de una película. La subjetividad del crítico las hace odiarlas o seguirlas con pasión. En el caso del Hollywood de hoy, productos manufacturados como “Law abiding citizen” son la negación misma del arte, ni siquiera hay una formulación sobre el pragmatismo y la moral norteamericanos. Orson Welles se sentiría avergonzado. La recomendación atenta de este cronista es hacer a un lado a la megaindustria, y buscar los canales alternativos. Porque, francamente, la “meca del cine” está hundida no sólo en la peor crisis de su historia sino en las envilecidas y fangosas aguas de un crapuloso capitalismo que ni siquiera cree en sí mismo.

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