viernes, 13 de noviembre de 2009

De poemas y militancias

Norberto Ganci

Sequía, hambre, desesperanza, impunidad, autoritarismo, despotismo, ignominia, miseria, represión, abusos de poder, aculturación, desmemoria, traición y todos los etcéteras que se les ocurra para dar una simple semblanza de las vivencias en innumerables rincones de nuestro País.

Las corporaciones están de parabienes en estos tiempos, las condiciones no podrían ser mejores; si hasta el clima los ayuda para lograr sus miserables objetivos.

Usted, vos, se preguntarán a qué me estoy refiriendo: a lo de siempre. Lo que sucede es que, de tan acostumbrados que estamos, ya no llama la atención que la vida se nos escurra entre los dedos sin darnos cuenta.

Afortunadamente nos quedan los recuerdos de quienes vieron otro mundo posible y mejor.

En este mes de noviembre recordamos a dos personajes que, con sus variantes, marcaron caminos, dieron ejemplos y sembraron futuro.

Un 3 de noviembre moría Armando Tejada Gómez y un 5 de noviembre partía “El Gringo” Agustín Tosco.

Los dos fueron obreros y militantes inclaudicables que hasta se negaron a exiliarse, prefiriendo el riesgo de continuar, hasta en la clandestinidad, entregando versos, brazos y convicciones.

El haber estado en las trincheras del hambre y el obraje, les brindaron las herramientas para forjar un camino diferente, edificante, coherente.

El Huarpe le escribió al Gringo graficando la imagen que de él tenía, en por ejemplo este, uno de los versos de su poema Agustín Tumulto: Toscamente Agustín, sangre de sangre nuestra/córdobamente hermano para que el día vuelva/contigo en cada nido, en cada campanario./Y el motín de palomas que de tu sangre vuela.

La vida los habrá cruzado en algún recodo del camino combativo, enfrentando al mismo enemigo vestido de autoritarismo y miseria.

La vida se encargó de que cada uno supiera que “a esta hora exactamente hay un chico en la calle”, y por cada uno de los chicos que estaban en la calle se jugaran en acción y palabra.

La vida se encargó de mostrarles el lado oscuro y nefasto contra el que había que luchar, levantando banderas libertarias.

Imaginarlos en un mismo escenario, poetizando y arengando a una multitud de jóvenes, obreros y estudiantes, comprometiéndolos en la construcción de una sociedad distinta, sin exclusiones, más allá de ser una ilusión, es un deseo; claro, imposible si ellos, los grandes se nos fueron en un noviembre incierto. Pero me aferro a la porfía de quererlos entre nosotros militando, cada uno en su trinchera, que es la mía, la tuya, la de usted…

Apostar al imaginario para reconstruir la irrestricta defensa de la existencia, se nos hace canción, poema y acción urgente.

Si bien los años han pasado, las desigualdades han aumentado, junto con los excluidos, los marginados, los desclasados; y la militancia fervorosa de un Tosco y un Tejada nos hacen falta, mucha falta.

Decía Armando: “…Pienso que va a dolerme, acaso, la memoria/como hoy que he salido de raíz palpitante,/que estaré en una esquina de gente y amapolas,/reconstruyendo todas mis muertes, mis campanas/y que en medio de tanta multitud inocente/volveré a amar un nombre derramado en la sangre…”

Y nos duele la memoria, como nos duele la multitud inocente que día a día cae por un gatillo fácil, por una represión incontenible e inaceptable, por un plato de comida que no llega.

Y nos duelen los desterrados, los desocupados, los postergados… ¿nos duelen…? Sé que a mí me duelen, como puede haberles dolido al Huarpe y al Gringo.

¿Qué hacemos con ese dolor, de ser compartido? ¿Nos quedamos esperando que aparezca el grito poetizado invitando a la lucha? Nos quedamos en el camino sin imitar los pasos… es parte de nuestra miserable realidad…

No nos asumimos como responsables del presente y del futuro. Imagino también que Tejada y Tosco jamás habrían aprobado el tema de los homenajes recreados con discursos grandilocuentes, emocionantes; habrán querido que militemos como ellos lo hicieron, teniendo a cada reclamo, a cada hermano como trinchera y motivo de lucha.

“…Nadie se ha detenido, nadie te ha dicho me rindo;/a cada santo y seña tu multitud regresa,/con los puños en alto hacia la vida nueva,/y tu overol azul de patria en primavera…” Así le decía Armando a Agustín en su poema…

Sincerémonos y veamos el presente, ya la gente (que es tan necesaria como decía Hamlet Lima Quintana), no regresa con los puños en alto hacia la vida nueva, se quedan detrás del televisor, viendo como se escurre la existencia; confundiéndose, convenientemente, realidad y ficción, de tal modo que ya no es fácil discurrir si en verdad el piquetero que reclama por un puesto de trabajo, no es integrante del elenco maquiavélico que escenifica una obra surrealista…

El Armando y el Agustín nos están haciendo falta, mucha falta; para volvernos seriamente “…militantes de la vida…”

Agustín Tosco y Armando Tejada Gómez se han transformado en los íconos de la coherencia militante combativa… ¿podremos, seriamente, comprometernos con ellos e imitarlos para que evitemos que “…la canción se haga ceniza…? *

*Gracias Mario Benedetti…

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