sábado, 7 de noviembre de 2009

La luna: se mira y no se toca

María Luisa Etchart (Especial para Argenpress Cultural)

El sol, la luna y las estrellas han sido, a través de la historia de la humanidad, objeto de culto, de admiración, no importa la época de la historia que investiguemos o los pueblos que habitaron la tierra, todos han tenido algo en común: su admiración respetuosa por esas formas del universo que han acompañado a la tierra y a sus habitantes, que forman parte indisoluble de la vida, que siguen un patrón de conducta inmutable que ha permitido crear calendarios, inspirar a poetas, despertar nobles sentimientos en quienes elevando sus ojos en su búsqueda se sintieron acompañados, comprendidos, abarcados.

Las noticias de ayer son el más evidente ejemplo de en qué punto de evolución estamos y hacia dónde nos dirigimos. Por un lado se otorga el Premio Nobel de la Paz al Presidente del país más belicoso y por el otro no nos enteramos que alguien logró llegar a la luna para admirarla, tratar de conocerla, sino que se la bombardeó con saña y brutalidad sólo para saber si contiene agua (o tal vez otras sustancias), con el monstruoso y egoísta propósito de explotarla. Si la hubiera, ver cómo se la podríamos robar, o cómo podríamos instalar en ese calmo paisaje una sucursal de nuestro actual manicomio depredador.

Mientras tanto, si estamos preocupados por el ritmo de destrucción de nuestros recursos naturales, no se nota. Monsanto sigue envenenando con su glifosato, las semillas nativas fueron desaparecidas para poder vender genéticamente modificadas, seguimos contaminando con plástico ríos, tierras y mares, y envenenando el aire con vehículos para cuya construcción y desplazamiento se extraen minerales y combustibles en cantiddes incalculables, sólo para transportar bípedos cada vez más ignorantes y arrogantes.

Los minerales que se extraen se convierten luego en objetos y más tarde en chatarra no modificando el peso que ellos tenían originariamente en la tierra, pero el petróleo extraído en millones de toneladas pasa a ser luego un humo que se evapora, con lo cual el peso de la tierra se ha visto disminuído en gran proporción y esto podría causar no sólo cada vez mayor cantidad de terremotos, sino incluso acelerar su rotación.

¿-Qué podemos hacer al respecto? A mi edad y sin un centavo que me sobre, debo admitir que nada. Pero si los que vamos comprendiendo esta infame trama no abrimos la boca, si no transmitimos nuestros pensamientos aunque se nieguen a escucharnos, estaremos omitiendo hacer lo único que tenemos a nuestro alcance y que yo siento como un insoslayable deber hacia todas las formas de vida: así que a hablar de los temas con cuanta persona te cruces, a llenar internet con verdades, a no callar, hermanos.

Y, vuelvo a repetir: NO CALLEMOS ANTE LA SUB-ESPECIE RAPAZ QUE TIENE TODO EL DINERO Y EL PODER, INCLUYENDO LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN PARA ENGAÑARNOS. HAGAMOS OIR NUESTRAS VOCES AUNQUE NO TENGAMOS UNA VOZ TAN HERMOSA COMO LA DE LA NEGRA SOSA QUE SE PASO CANTANDO Y DICIENDO VERDADES.

Maria Etchart es argentina residente en Costa Rica.

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